Alberto Tosca había previsto un concierto para celebrar sus 40 años de carrera artística el pasado  sábado en el capitalino cine Riviera. El trovador es uno de los grandes juglares del país, pertenece a la segunda generación de la trova y canciones suyas como Paria y Sembrando para ti han sido interpretadas por figuras como Silvio Rodríguez y Xiomara Laugart, entre muchas más. El concierto,  sin embargo, fue cancelado. Un funcionario de la instalación indicó a los espectadores que por razones comerciales no podía efectuarse y que sería pospuesto para una fecha aún por precisar.  En el público había unas 25 personas, entre ellas los trovadores Frank Delgado y Erick Méndez, con quien Tosca compartiría escenario y todos, obviamente, quedaron sorprendidos.

Ya se sabe que la mayoría de las obras de los trovadores no es comercial ni rentable en términos económicos, ni convoca a una gran cantidad de espectadores en los tiempos que corren, ni el público trovadoresco posee precisamente un amplio poder de consumo, pero ninguna de estas razones tiene ni por asomo el suficiente peso para suspenderle a un músico, mucho menos de la categoría de Tosca, una presentación programada con antelación, algo que llama tanto a la frustración del artista como del público que fue a disfrutar de tantas canciones hermosas escritas por Tosca.

Cuando las instituciones acceden a programarle un concierto a un trovador, más cuando se trata de la celebración de una fecha tan relevante como la que celebra Tosca, debe ocuparse de poner en marcha las amplias redes de promoción que tiene, como ha quedado demostrado en otros actos y actividades. Es cierto que el propio artista y su equipo de producción (de tenerlo)  también podrían contribuir a la divulgación en todas las plataformas posibles, pero hay músicos que por diversos motivos no pueden acceder a otras estrategias para mostrar su obra, surgidas a partir de las nuevas tecnologías, y confían en que las instalaciones donde se programen sus conciertos hagan este trabajo.

A diferencia de otros años, hoy, por fortuna, existen instituciones estatales como el Barbarán o el Bertolt Brecht con una programación de alto nivel y por sus escenarios pasan semanalmente grupos y artistas como David Torrens, Interactivo, Pedro Beritán, Frank Delgado, entre muchos más, pero las propias instalaciones no han  diseñado estrategias de promoción sostenidas para divulgar los conciertos de sus artistas, por lo que se pierde una oportunidad muy valiosa de brindarles a las personas la posibilidad de conocer una música elaborada conceptualmente. Lo anterior ocurre en un contexto notablemente influido por gustos estéticos y corrientes sonoras prefabricadas, que responden a los dictados más comerciales de las industrias globales del entretenimiento y que cuentan con miles de seguidores tanto en Cuba como en otros países latinos.

El hecho es que la trova y sus propuestas adyacentes deberían estar más respaldadas por una perfecta estrategia promocional, ya que responden a patrones creativos a los que siempre se les ha tratado de dar relieve desde las principales instituciones cubanas.

Lo cierto es que debemos conocer que Alberto Tosca regresó a los escenarios y está tratando de presentar esas canciones tan hermosas que lo convirtieron en un icono de la segunda generación de la trova.

Por lo pronto, esperemos que esas razones comerciales, que si bien hay que atender en otros escenarios, no impidan nuevamente que Tosca realice su concierto, para que celebre con todas las garantías tantos años dedicados a una canción que, en el corazón de muchas personas siempre, no lo duden, ha sido rentable.

Publicado en GRANMA