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María Isabel Ventura-Miranda, Universidad de Almería; Isabel María Fernández Medina, Universidad de Almería, and María Dolores Ruiz-Fernández, Universidad de Almería

“Me sentí como un mono de feria”. Así es como relata un paciente transgénero su experiencia de acudir al servicio de urgencias.

La heteronormatividad sigue siendo un fenómeno arraigado en los centros sanitarios, lo que afecta negativamente al tipo y calidad de la atención que reciben lesbianas, gais, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTBI).

Cuando hablamos de personas transgénero, nos referimos a quienes manifiestan una expresión o identidad de género diferente del sexo biológico atribuido al nacer. Esto las distingue de los individuos cisgénero, así considerados cuando su género coincide con el sexo biológico.

Además, el término trans se utiliza también como una clasificación paraguas que incluye a las personas transgénero, transexuales, con género fluido y con otras formas de género no conforme.

En el contexto sanitario, varios factores influyen para que el colectivo transgénero experimente problemas a la hora de recibir atención sanitaria.

Clasificados como enfermos

En primer lugar, para que se desarrolle el proceso de cambio de sexo se necesita de una valoración psicológica y un diagnóstico clínico. Paradójicamente, dicho diagnóstico es el mismo que promueve la discriminación.

Así, si echamos un vistazo a la clasificación de enfermedades mentales DSM-V, comprobaremos que la transgeneridad aparece como un “trastorno de disforia de género”. Esta etiqueta modificaba la de la edición anterior, DSM-IV, donde se incluía en el apartado de “trastornos de identidad sexual”.

Algo parecido ocurría con la clasificación internacional de enfermedades (CIE-10) que colocaba el “trastorno de la identidad sexual” dentro de su capítulo de “trastornos mentales y de comportamiento”, si bien la revisión de 2020 lo suprimió.

Es decir, hasta hace bien poco se definía a los trans como personas aquejadas por una enfermedad mental.

Retos y carencias

Los factores que impiden la correcta atención sanitaria a pacientes transgénero se pueden resumir principalmente en dos: el estigma social, asumido por el profesional sanitario, y falta de formación profesional.

Una revisión de estudios de 2018 clasificaba las barreras asistenciales en cuatro niveles, según la percepción de pacientes y profesionales: el individual, el organizativo, el comunitario y el político. El personal sanitario destacaba su incertidumbre a la hora de atender a personas de este colectivo, así como el citado déficit formacional. Por su parte, las personas transexuales hacían hincapié en la falta de información, lo que les generaba impotencia.

Concretamente, según este trabajo, los profesionales manifiestan dudas ante la situación de dirigirse al paciente la primera vez, como hombre o como mujer. Un tropiezo en ese comienzo puede derivar en que no se establezca un buen vínculo personal sanitario-paciente inicial y que no haya una continuidad en la relación.

“Cuando estás tan vulnerable es el peor momento para tener que preocuparte por cómo reaccionará la gente ante ti”, afirmó un participante.

El trato al paciente transgénero se enfrenta, en resumen, a un doble reto: el establecimiento de una buena relación personal-paciente y al correcto manejo de los aspectos directamente relacionados con la atención médica.

El papel de los enfermeros

En el sistema sanitario, la enfermería constituye un pilar clave en el contacto con el paciente: la capacidad de adaptación y atención integral del enfermo es imprescindible a la hora de prestar cuidados. Sin embargo, pocos estudios exploran las barreras asistenciales existentes hoy en España.

Además, los enfermeros son un actor fundamental en la educación para la salud, lo que se puede relacionar de manera muy efectiva con la visibilización del colectivo trans. En este aspecto, su formación es un elemento clave para evitar los problemas en la atención inadecuada a pacientes del colectivo LGTBI.

De hecho, existen recomendaciones de incluir dicho adiestramiento en la educación pregrado de Enfermería y Obstetricia. “Se trata de una población con necesidades específicas, y es absolutamente necesario tener un nivel determinado de competencias para proporcionar un tratamiento óptimo. Espero que, con el tiempo, la salud transgénero se incluya en la formación obligatoria”, ha afirmado Acey Mercer, psicoterapeuta y consultor del Training Institute for Gender, Relationships, Identity & Sexuality (TIGRIS).

Lo que necesitan los pacientes transgénero es que se les trate de forma normal, no como si fueran “monos de feria”. Toda persona tiene derecho a una asistencia sanitaria segura y de calidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica la falta de investigación y comprensión de la salud LGTBI, junto con las actitudes de los profesionales hacia estas poblaciones, como barreras significativas para resolver las disparidades de salud relacionadas con las minorías sexuales.

Existe un compromiso cada vez mayor en la salud pública de entender y mejorar la salud y el bienestar del colectivo trans y otras minorías de género, que representan entre el 0,3 y el 0,5 % (unos 25 millones de personas) de la población mundial.The Conversation

María Isabel Ventura-Miranda, profesora ayudante doctora en el Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina, Universidad de Almería; Isabel María Fernández Medina, Enfermera especialista en pediatría. Profesora en el Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina, Universidad de Almería, and María Dolores Ruiz-Fernández, Profesora Titular Universidad. Departamento de Enfermería, Fisioterapia y Medicina. Facultad Ciencias de la Salud, Universidad de Almería

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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