Lo conocí una tarde de diciembre, no recuerdo el año, su voz tenía un sello único. Escucharlo cantar era regresar en el tiempo, encontrarse con un Maffo inolvidable donde el San José era clave, el pozo de los Toro una leyenda y ser guajiro era una bendición de Dios.

A partir de aquel momento coleccioné su música y de vez en cuando sorprendía a amigos con el antológico “Son a Maffo”.  https://www.youtube.com/watch?v=Z3UFkxlwVW0

Después lo tuvimos en la Sociedad Cultural José Martí como miembro de honor. Nuestra amistad creció profundamente.

Un buen día me llamó y puso en mis manos, la historia de su vida. Preferimos contarla en clave de dos. Nos centramos en la música y todo aquello que lo ayuda  a tener lucidez para ser un mejor ser humano cada día.

Arnoldo Fernández Verdecia (AFV): ¿Cuál es su primera canción? ¿En qué se inspiró para escribirla?

Oscar Mora Fornaris (OMF): Yo nací en La Finca la Vigía, en una casita de yagua y guano. Nací el 14 de abril de 1927. Mis padres se llaman Maximiliano Mora Arias  y Leonila Fornaris Sierra.
Dormí en una cama de cuje por más de quince años.

“Guajiro soy” se inspira  en esa lugar llamado Finca la Vigía. Allí iba un señor a las recogidas de café, tenía un tres y se enamoró de una de mis tías. Yo quería tocar como aquel hombre, ser como él.  Así que mi primera canción llegó por un tres y un amor. “Guajiro soy, guajiro soy y le doy gracias a Dios. Dentro de los cafetales, yo le doy gracias a Dios. En la Finca la Vigía, yo le doy gracias a Dios…

También quiero decirte que en Blanquizal, donde está actualmente La Vigía, sólo había  siete u ocho familias. Allí venían Celina González y Reutilio, su esposo, a pasarse semanas. Tenían una amistad muy buena con mi familia. Creo que mi amor por la música campesina tiene esa raíz. Era tan agradable ver a Celina, con sus collares de la Virgen de la Caridad, siempre nos decía que era hija de la Virgen y de Santa Clara.

Yo siempre he tenido una luz que anda conmigo. Veo todo antes de que suceda. Santa Clara siempre me acompaña e incluso me ha dado dones que ayudan a las personas.

Esa luz, es otra de las raíces de mi música. Antes de escribir una canción, la veo clarita en mis pensamientos, luego la llevo al papel y después la convierto en música.

AFV: ¿Cuántos años vivió en la Finca la Vigía?
OMF: Cinco. Allí fui muy feliz. Después nos mudamos para la zona que ocupa actualmente el Hospital Orlando Pantoja. Allí pasamos el ciclón de 1932. Mi padre trabajaba un pedacito de tierra que le dio Ángela Tamayo.  Después volvimos a la Finca La Vigía.

AFV: ¿Cuál fue su primer trabajo?
OMF: Recoger café. Ayudar a mi padre en la atención del conuco.

AFV: ¿Cuándo decide tomar la música en serio?
OMF: A principios de 1940 decidí crear el Conjunto Campesino de Maffo, integrado por siete soñadores como yo: Carlos Jiménez Pérez, Ángel Mora Fornaris, José Batista Vega, Pascual Tassé Cámbara, Gelacio González Aldana y Aurelio Sánchez Batista. Durante cinco años nos mantuvimos unidos.

AFV: ¿Dónde se presentaron?
OMF: En las fiestas patronales de Maffo, Los Negros, Baire, Contramaestre. También íbamos a barrios como Las Lajitas, Lajas, Guaninao, Los Pasos.

AFV: La canción más famosa  de su repertorio es sin dudas “El son a Maffo”. ¿Nació en esos años, verdad?
OMF: Nosotros dábamos muchas serenatas a cumpleañeras, el Día de las Madres, Noche buena. El Son a Maffo se inspiró en una famosa ventana que todavía está allí, que da al cuarto de María, la esposa de un gran amigo llamado Raúl Sanjurjo. El Son a Maffo nació en esa ventana, tan famosa como la de Luz Vásquez en Bayamo.

AFV: Siempre es un placer escucharlo hablar de sus dos grandes maestros: ¿por qué fueron tan importantes en su vida?
OMF: Aprendí a leer y escribir con 15 años en el pueblo de Maffo. Asistí a las únicas  escuelitas privadas de la época, costaban 1.50 al mes. Antonio me enseñó las primeras letras; el otro gran maestro de mi vida fue Efraín Matos. A ellos les compuse una canción inspirada en mi poema “Homenaje a mis maestros”. Con aquellos venerables hombres, aprendí a amar a Maffo, su historia y sobre todo El San José, que se convirtió en un hecho que todos los años esperábamos con mucho entusiasmo, era el momento más importante.

AFV: ¿Por qué se desintegró el Conjunto campesino?
OMF: Cada miembro tenía que buscar el sustento para vivir. La música era una pasión, pero no daba la cuenta. Así que algunos integrantes eligieron otros caminos. Entonces decidimos crear el Cuarteto Mije.

AFV: Su nombre artístico tiene que ver con esa vida difícil que un lugareño tenía en la Cuba republicana. El Cuarteto necesitaba un buen tres, pero costaba dinero, ¿Cómo llega a usted ese alias que todavía lo acompaña?
OMF: Antonio Fernández, René Fajardo y Ángel Sánchez y yo éramos los integrantes de Mije. El tres le costó dos pesos al primo hermano mío Marino Vásquez y no los dio por 1.60 centavos, “fíao” como se dice popularmente. Uno de los guitarreros, Ñico, se encargó de recoger la plata. Le dijo a Marino que lo viniera a recoger un sábado. Fui al Cruce de Macario a pedir prestado 40 centavos, pero no los conseguí. El día que vino mi primo hermano sólo pudieron darle 1:40 centavos. Ñico me dijo, Oscar faltan tus 40 centavos. Me dio un plazo y en el Pozo de los Toro, una semana después, volví a encontrarme a mi primo, pero no tenía la cantidad; le dije, Marino, no tengo donde buscar, tú sabe que estoy Cachao. Ahí nació el nombre artístico que me ha acompañado la vida entera.

AFV: ¿Qué tiempo logró mantener unido el cuarteto? ¿Decidió ampliarlo?
Cinco años. En  1947 llegaron nuevos integrantes y volvimos al formato de conjunto. Nos mantuvimos unidos hasta 1950. Después surgió el trío Alba que apenas duró dos años.
OMF: Te digo que fueron muy buenos momentos, pues nos invitaban a las serenatas que se daban en Baire para esperar el 24 de febrero, fecha gloriosa en nuestra historia patria. Las serenatas empezaban en las casas de los Rabí y luego por todos los hogares de la descendencia mambisa de ese pueblo.
Nos invitaban también a las fiestas de quince de las familias más acomodadas de Jiguaní;  estuvimos en los quince de la hija de Hildo Rosales en Cruce de Anacahuita, donde tomé más de la cuenta y de la borrachera que cogí, desde ese día decidí no tomar nunca más….
Después nos quedamos Misael y yo e hicimos un dúo  hasta 1954. Volvimos a cuarteto en 1956, pero no conseguimos estabilizar la plantilla. Cuando triunfa la Revolución seguíamos Misael y yo unidos.

AFV: Usted ha compartido con glorias de la música cubana, incluso algunos llegaron a ser sus amigos. ¿A cuál de esas glorias recuerda con mayor cariño?
OMF: Al Guayabero, porque venía a las fiestas de San José, a los carnavales de Contramaestre y siempre me mandaba a buscar para que lo acompañara  con el tres. Cuando terminábamos, el Guayabero decía: “Cachao, llegó la hora de la grasa” y la cosa se ponía buena.

AFV: En tantos años de vida, imagino tiene muchas canciones escritas. ¿Cuántas tiene registradas como derecho de autor?
OMF: 13 canciones solamente, incluso he olvidado el nombre de tres de ellas.
Los números que recuerdo son:
-Guajiro soy.
-El son a Maffo.
-El jardinero.
-Un sol para el agricultor.
-El sabor del té.
-Un son para Cuba.
-El pozo de los Toro.
-Un mar de felicidad.
-Un número para Ricardito.
-Son al campesino.

AFV: ¿Por esas canciones, sobre todo “El son a Maffo”, debe haber cobrado un buen dinero, por derecho de autor, verdad?
OMF: Yo en 2014 cobré por derecho de autor 1100 pesos. En el año 2016 se nos dijo que se nos iban a hacer dos pagos, uno en el primer mes y otro en el último (diciembre). Yo cobré en enero de 2017, 310 pesos y de esa fecha a la actualidad no he cobrado ni la mitad de un centavo más, es de decir que eso quedó así, mijo.

Trio Alba

AFV: Cachao siempre tuvo la música como una de sus grandes pasiones, pero nunca se hizo profesional en el sentido amplio de la palabra, para poder vivir tuvo que trabajar  la tierra, recoger café, basura, dirigir fincas de producción agrícola, cortar  y acopiar caña para el central América Libre. Con orgullo dice que es un “profesional de la agricultura” y me muestra el diploma de técnico medio, ganado con mucho estudio y voluntad. Después de 1959 simultaneó su carrera musical entre quintetos, dúos y tríos, que casi siempre llevaron el nombre  de Alba, en honor a su mejor amigo Gastón, fallecido en 2002 de un cáncer. Su música pudo escucharse en  presentaciones de la radio local, en eventos de música campesina, hasta que en 2014 recibió el premio “Memoria viva”. 
Al concluir nuestra conversación volvió a su Santa Clara, el santo que le dio dones para curar a las personas. Dice que ha visto a la muerte muchas veces, me hace un cuento terrible.
OMF: Yo curo personas hace treinta años sin cobrarle un centavo a nadie. Tengo una oración, familia. Curo la presión alta; los espuelones… Los médicos me mandan a los pacientes a  mi casa, para que cure los dolores nefríticos, vaya, ni se sabe cuántas cosas yo curo…
Siempre ando con la Virgen de la Caridad encima. Lo que viene para mí, lo veo antes.
En un sueño íbamos mi hermano y yo  huyéndole al río Contramaestre, pues estaba  muy crecido; subimos un camino pedregoso, lleno de excremento; cada vez que metía un pie a y sacaba el otro, salía lleno de una caca maloliente. Entonces vino la muerte y me enseñó dos dientes enormes. A los siete días mi hermano murió. Lo que yo veo, por favor (hace la señal de la cruz, me dice con resignación que pronto se irá de este mundo).

AFV: Lo vi alejarse en su andar encorvado, siempre en guayabera; me confesó que tenía más de 14. Pensar que mi amigo Ramón David tuvo la lucidez de versionar “El son a Maffo”, darlo a conocer en toda Francia. Ojalá y el tiempo nos alcance para retribuirle a Cachao toda la gloria del mundo que merece por ser el sonero más longevo de Cuba, el más querido de toda la gente de Maffo, no importa donde vivan.  https://www.youtube.com/watch?v=BjaimxClgyM

Escrito por Arnoldo Fernandez Verdecia