Contar es mi estado natural. Lo asegura el escritor cubano Reinaldo Cedeño, a propósito de su último libro de cuentos, Obstinado silencio

La prensa cubana lo calificó de “tesorero cultural” cuando en 1998 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Fue la definición exacta a una labor sostenida por más de un cuarto de siglo en la comunicación y la investigación de la cultura, desde su natal Santiago de Cuba. Eso, sin embargo, no le ha bastado. Reinaldo Cedeño Pineda es un ser múltiple que ha desandado en paralelo los caminos literarios.  Una docena de títulos así lo atestiguan.

A punto de cumplir cincuenta y dos años, sigue abriendo caminos, sigue arriesgándose. Su más reciente obra, el libro de cuentos Obstinado silencio acaba de salir al ámbito internacional, y se encuentra disponible en Amazon en formato impreso y digital () . Un excelente estreno de la alianza editorial entre Piel Adentro Editores y Roque Libros.

El editor Juan Carlos Roque García asegura que “una voz vigorosa, pero sin alardes, se advierte en el trazado de personajes, atmósferas y líneas narrativas”. El diálogo con Reinaldo Cedeño es un camino a las profundidades.

¿Qué vías te han permitido sumergirte del periodismo a la literatura, en un constante viaje de ida y vuelta?

“Lo he dicho muchas veces: otros que levanten los muros entre periodismo y literatura, yo soy un hombre de puentes, de fusiones.  Si llegué al periodismo, es porque siempre intenté escribir, siempre tuve curiosidad por la filosofía de la creación, aunque no me lo planteara entonces en esos términos. El ejercicio del periodismo es cotidiano, exigente,y eso afina el oficio de escribir.  Tal vez, tenga que confesarlo, no soy un periodista de las noticias, eso que llaman palo periodístico, nunca me interesó.  Soy más de la reflexión, de la entrevista en profundidad, de la crónica, de la memoria.

“La poesía me nació pronto, inesperadamente.  Ha sido mi fiel compañera sobre todo en las desgarraduras. Es la explicación para lo que no tiene explicación. No la practico como ejercicio, el verso solo emerge cuando algo me toca. Sobre el cuento… esa es otra cuerda, otro camino”.

¿Incursionar en el cuento fue una evolución natural, un propósito expreso, una revelación acaso?

“Un periodista necesariamente tiene que contar, tiene que aprender a contar. Contar es mi estado natural. Muchas veces me comentaron que mis crónicas parecían cuentos, y un día, en 2006, me atreví a convertir la historia real de dos mujeres en una inspiración ficcional para un cuento. Lo envié a un concurso internacional en Asturias sobre historias de mujeres y para mi absoluta sorpresa, consiguió un accésit. Figúrate, era mi primer cuento, así que soy un cuentista de reciente data, si así pudiera decirse.

“Repuesto de la sorpresa, empezaron a apretujarse varias historias que venía rumiando en mi mente hace tiempo, y sin saber como, apareció un libro de cuentos que llevó el nombre de La edad de la insolencia. En ese sentido, creo que sí, que fue una revelación”.

¿Qué temas aborda Obstinado Silencio? ¿Algún detalle que el autor quiera confesarle a los lectores?

“La violencia, la locura, la libertad, la naturaleza, la diversidad sexual… como ves, temáticas muy variadas. Este libro yo diría que es el cierre de una etapa y la apertura de otra. No quiero decir que sea mejor ni peor, sino que siento que vivo mi madurez, porque he cobrado conciencia de cosas en las que antes apenas reparaba, porque llevo conmigo (y como puedo) algunas cuarteaduras de la vida, porque creo firmemente en la palabra, que podrá haber sido acuchillada, vaciada, traicionada;  pero que es una constante renacedora. Y eso, incluso cuando no es tu propósito, siempre emerge en la letra.

“No tenía hermanos varones, pero la vida me puso uno en el camino: Juan Carlos Roque García. Que él haya sido el editor de Obstinado silencio, que esa alegría venga en medio de una pandemia, y que un artista del calibre de Carlos René Aguilera me haya permitido usar una de sus piezas como imagen de cubierta…  es un milagro”.

Vives en una isla geográfica y también en una isla de letras, esa que todo escritor se fabrica. ¿Cómo habitan en ti? ¿Cómo te retan?

“Cuba es mi desvelo perenne, porque Cuba son mis amigos y son mis muertos; pero es sobre todo un espíritu, que va desligado expresamente de la geografía y entra en el misterio, en las emociones, en aquello que no se puede nombrar; pero sin lo cual no es posible vivir. Hoy, que el mundo es un pañuelo, que se vive en red, podemos decir que Cuba es una isla física y una isla virtual.

“Mi isla de letras está construida desde mis renunciaciones y mis empecinamientos. Escribir es parte de ello. Escribir es tocar el mundo, es volar, y ahí, en ese espacio, no hay límites.”

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Fragmento del cuento “El interruptor” de Reinaldo Cedeño Pineda

 “El amor es anticientífico, todo lo disloca. Se lo repitió mil veces, se obligó, se doblegó, se examinó a sí mismo, pero su mente se había nublado, se había secado. La vida, sin embargo, terca vida, no cree en naufragios. Y tuvo que volver, que seguir detrás del cristal, mirando las células óseas como si no hubiese más nada en este mundo; estudiando al ser humano por partes, al ser humano que hasta ayer había creído entender.

―Profesor, basta, ya es hora… le decían los alumnos, hora de irse a casa, y hasta le apagaban las luces.

―Sí, enseguida, enseguida, enseguida… repetía ensimismado, montado en su noria, sin moverse.

Intentó olvidar, ningunear, acallar el grito; pero los recuerdos son tiranos. Los recuerdos son bridas. Son espuelas….”

Antonio Mora Ayora