Santiago de
Cuba, 26 de oct. -Cualidades tan indispensables en la vida como la decencia, el
civismo, la discreción, a veces, escasean en la cotidianidad y, aunque parezca
un problema simple, es importante a escala de la sociedad, pues no sería baldío
repetir que son virtudes que la Revolución siempre ha respetado y defendido.

Vivimos una
época en que los especialistas acentúan la necesidad de obtener una convivencia
armónica, que se logra, en gran medida, con una buena comunicación, en la cual
no debe prevalecer la ofensa,la desidia, la agresión, el escándalo y sí
claridad meridiana en el mensaje sobre la base del respeto.

No hay nada
mejor para alimentar el espíritu que saber valorar justamente la consagración y
méritos de quienes nos rodean; por ejemplo, elogiar a los colegas, subordinados
o superiores, que sobresalen no demerita a nadie ni es un acto de adulación,
más bien engrandece al ser humano.

En estos
tiempos en que abundan las misiones altruistas a las cuales dedicarse, existen
paradójicamente inadecuados comportamientos de personas en escenarios públicos,
y críticos a ultranza, aquellos que todo lo cuestionan, encuentran objeción ante las tareas que otros cumplen y defectos en
la actuación de los demás.

Se reclama de
juicios más severos y manos fuertes para erradicar esa mala plaga que atenta
contra la mesura, la prudencia y la cautela, alsoplar vientos a favor de la
indiscreción, la chabacanería, la vulgaridad y el empleo de palabras obscenas
en sitios públicos, con una frecuencia que rayaen el irrespeto.

Cualquier
tribuna les parece idónea para referirse al bodeguero que llega tarde, el
carnicero que recorta los productos normados para vender el “sobrante”, la
maestra que no enseña bien, del jefe que no evaluó adecuadamente el caso de una
indisciplina y sí llevó muy recio a otro trabajador que no era de su agrado.

También
contar sobre el chofer que se paseó con la guagua vacía e ignoró a las personas
de la parada, del que lo vende todo, necesita de quienes le rodean, pero nunca
es capaz de un gesto dadivoso…

Constituyen
realmente males e irregularidades a los cuales hay que atacar y ponerles coto,
porque existen en la sociedad que edificamos y urge barrerlos de raíz, pero enfrentándolos
con valentía, en el momento y sitio adecuado, para que el mensaje llegue con
claridad y tenga el efecto que deseamos; de lo contrario, qué aportes estamos
haciendo para la solución del problema.

A veces, cuestionamientos
que deben evaluarse y adoptarse medidas en el seno del colectivo laboral o del
hogar, salen a la luz pública, y el escenario puede ser lo mismo una camioneta,
la escalera del edifico, la cola del pan, el pasillo del centro laboral, hablando
sin miramientos, sin el criticado presente.

Esa costumbre
a todas luces dañina, hasta puede ser muy perjudicial a los intereses de la
Revolución, cuando las personas hablan a derecha e izquierda de tal o más cual
dirigente, de su actuación, sin conocimiento de causa, sin ser objetivos ni
realistas en los análisis, sin conocer a fondo los asuntos que evalúan, en la
mayoría de los casos.

Puede que haya
argumentos y razones suficientes para tener determinados criterios, pero hay
que buscar también el momento oportuno y el lugar adecuado, para quebrar la
proliferación de tan nocivo vicio.

Y lo más
difícil es descifrar cuál es la intencionalidad de esa práctica, ya que no se
aprecia un objetivo marcado que propicie labúsqueda de solución.

Lo cierto es
que tales conductas perjudican la dedicación de las personas a sus funciones, a
su puesto de labor, en tiempo difíciles en que es imperioso  avanzar y luchar por un mejor futuro, que se
logra con trabajo y haciéndolo bien,con énfasis en la disciplina, eficiencia, ahorro,
calidad y productividad.

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Author: Aida Quintero Dip

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