Se dice el pecado pero no el pecador. Así que intentaré expresarme en “modo general” y casi de una forma abstracta, para no caer en ejemplos concretos y detectar al impenitente.

Ahora bien, me malicio que el lector avezado puede fácilmente adivinar y descifrar la intralectura de mi opinión, personal e intransferible, acerca de las culturas y sus estereotipos.

Alguien me dijo que el halago debilita y alguien también me dijo que el halago posibilita.

Parece pues que se trata de distintas culturas de origen, distintos parámetros de desarrollo intelectual o diferentes puntos de vista; en definitiva, posicionamientos dispares ante una misma realidad: la lisonja.

No son pocas las definiciones que se han formulado acerca del concepto cultura; en esta ocasión apuesto por: “un conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres, modos de vida que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época…”; me centraré y haré especial hincapié en la idea de tradiciones y costumbres.

Se supone que viajamos, entre otras razones, para practicar idiomas y conocer: conocer gentes y culturas. Ahora lo tenemos algo más complicado para movernos pero hemos conseguido llegar a “percibir” nuevos lugares con su paisaje y paisanaje, a través del cristal de la pantalla del ordenador.

Les invito a acompañarme en este itinerario “on line” que he fabulado…

Según hacia dónde nos dirijamos vía “zoom”, nos envuelven zalemas y embelecos, una sacudida de sirope pringoso del que cuesta deshacerse. La primera vez que nos reciben con tal protocolo nos hace gracia, incluso nos gusta, a la siguiente incursión “viajera” sabedores de la forma de interactuar por aquellas latitudes, tanta adulación suena falsa, tanto agasajo resulta cansino.

Nos han hablado de parajes inhóspitos prácticamente inexplorados; nos conectamos vía “star leaf” y nos saludan con un mutismo casi insondable, muy incómodo, que pretendemos llenar con escasas palabras para evitar el hueco y vacío cibernéticos y mitigar el pánico tras la pantalla. Señas espartanas, escuetos gestos, expresiones las justas, actitudes estoicas. Da cierto miedo preguntar, no vaya a ser que violentemos sus hábitos y podamos interferir en la sucinta fluidez comunicativa.

Soy consciente de que esta “excursión computacional” favorece la “personal bubble”, así que distanciados, nos trasladamos vía “google meet” a meridianos distintos. Presentaciones formales, cordialidad comedida, conversaciones atemperadas, poca explosión eufórica como marcan sus prácticas más comunes; nadie se sale de la mesura y moderación exigidas.

Culturas y estereotipos.

Cambiamos de paralelo y vía “teams” nos enganchan con piropos, zalamerías, quedamos subyugados ante el florilegio que a nuestra persona dedican, fiestas verbales, una pura galantería que nos conmueve de buenas a primeras hasta que ya avisados de sus formas lingüísticas nos distanciamos y, ojo avizor, enarcamos la ceja y sospechamos de nuevo impostura y engañifas logorreicas…¡vaya hastío! Salimos agotados de esa conexión.

Pero seguimos empeñados en nuestro propósito de conocer gentes y culturas. Y si podemos practicar idiomas, tanto mejor…

La próxima vez que pueda desplazarme in person, in situ me voy a pertrechar contra la oratoria apabullante de muchas culturas y muchas gentes, y así no acabar aburrida y harta de la palabrería huera, de reverencias en pedestal con pretensión sincera que poco o nada tienen de actitudes y gestos propicios, afortunados ni oportunos.

Conviene prevenirse ante esas demostraciones de cariño exageradas y en la mayoría de veces empalagosas que solo desean conseguir algo: carbúnculo y lagoterías.

Incienso y alabanza, loas y panegíricos, loor y palma…tengo que darle una vuelta para concluir si se avienen con lo recto, razonable e igualitario.

Culturas y estereotipos.

Prª. Drª. Pilar Úcar Ventura

Profesora Propia Adjunta

pucar@comillas.edu 

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Author: viajes24horas

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