De ángeles y demonios por Rodolfo J de la Fuente Escalona

Recuerdo que en una de aquellas mañanas espléndidas del Santiago de Cuba de los comienzos de los 70s, bajando Aguilera, en esa ciudad mágica donde coexisten tiempos, épocas y espacios, una señora muy vieja y delgada, negra, con una mirada de fijeza impresionante pero dulce, me miró directo a la ojos, después por encima de mi cabeza, y se detuvo, alzando y moviendo los brazos hacia el cielo, mientras no me quitaba la vista – al menos asi lo sentí entonces y ahora.- de esa zona alta posterior de mi cabeza. Yo me quedé parado entre confuso y cordial, y ella al final sólo dijo:

-Mijo… Dios te bendice mucho…tu tienes una legión de ángeles detrás, protegiéndote.

El tono de su voz, la intensidad de su sonido, la fijeza de su mirada como sonámbula, mientras decia aquello, me estremecio y aún lo hace.
Ella continuó caminando despacio con el peso de sus años, y me paso por el lado sin dejar de mirarme para volver a decirme:

-Sólo ten cuidado con las envidias y las traiciones, que no te van a matar, pero te van a doler mucho.

Yo seguía ahí parado, volviéndome despacio hacia ella en la medida en que me iba rebasando, y cuando estuvo a pocos metros, se viró hacia mi y me volvio a hablar:

-Y vas a viajar mucho.

Cuando uno tiene 20 años se cree inmortal y dueño del mundo. Y yo entonces lo era. Asi que le dije que sí, que siempre estaba viajando de Santiago a Holguin y viceversa. Ella solo levanto, señalando, su indice al cielo, me miro, se viró, y siguió su camino.

No sé en realidad si tengo ángeles detrás, aunque con frecuencia escucho murmullos y aleteos. Y a veces lo que escribo me fluye como si me fuera dictado. Alguno debo tener, como casi todo el mundo, y algún que otro demonio, siempre en pugna, siempre negando, siempre empujando y poniendo retos. Quizás sea algún demonio tierno y bueno, y quizás mi ángel sea gruñón y descuidado. No lo sé.

Pero lo que si sé es que he navegado con una enorme suerte en la vida. Que he hecho casi todo lo que me ha dado la gana hacer. Que he vivido esplendores, pero tambien en sitios terribles, llenos de peligro y de muerte, de triste desolación y cargas negativas de un millon de vatios-tristeza, que sí, he caminado la mitad del mundo y no he seguido para la otra mitad porque me hastié de estar lejos de la casa y del árbol, y preferí encerrarme en mi casa, a disfrutar del ejercicio compacto, sólido, de estar solo, a pasarle la mano a mi colección de libros raros, cubanos, a mis colecciones de discos, de sellos postales, de monedas, a tomar fotos, a escribir algún poema o hacer una canción de vez en vez.

A tratar de amar todo lo que toco con toda la intensidad que dá saberse con fecha de caducidad, totalmente mortal, aunque algo que haya hecho o escrito pueda trascender, al menos a mi hijo, que ya eso es una trascendencia gratificante.

En todo eso pensaba al recordar una de mis canciones esta mañana, donde digo que detrás de todo hay un ángel y un demonio, en pugna dialéctica por el alma, a veces de manera cómica, otras de manera trágica, otras de manera angustiante y devastadora.

MÁSCARAS

Detrás de esas palabras
se esconden las reales,
dolorosas palabras
que acechan como fieras.

Detrás de esos silencios
y de esas torpes fugas
sobra neblina oscura
y falta primavera.

Detrás de ese dolor
acecha una alegría.
Como una interrogante
que no encuentra su rumbo.
Y vive del instante
-alegría inconstante-:
sobra desesperanza
y falta primavera.

Detrás de la distancia
sólo existe distancia.
Nada sostiene el ansia,
todo pudre el olvido.
Detrás de lo vivido
muere lo por vivir.

Desde el más cruel azar
el mundo es divido
y un ángel y un demonio
detrás de todo están.