En vez de mascarilla, palabra ampliamente usada en el mundo hispanohablante para referirse al popular implemento de protección contra el nuevo coronavirus, los cubanos decimos nasobuco. Aunque, si buscamos en el Diccionario del español de Cuba, de Gisela Cárdenas y Antonia Ma. Tristá, no encontraremos esa voz, sino tapaboca.

Según el académico Diccionario de americanismos, paraguayos, argentinos y bolivianos tienen una lexía peculiar, barbijo, para designar este objeto; y tapaboca no solo se emplea en Cuba, sino en México, Costa Rica, República Dominicana, Uruguay y el propio Paraguay. El lexicón agrega que en nuestro país tapaboca coexiste con la forma en plural, tapabocas, que es —dice— la predominante.

¿Les soy sincero? Lo primero que me viene a la mente cuando oigo tapaboca —así, sin s siempre— es ‘golpe que se da en la boca con la mano abierta’, tal como reza en su acepción principal en el más importante repertorio lexicográfico académico, Diccionario de la lengua española (DLE). Y, por supuesto, también ‘razón, dicho o acción con que se hace callar a alguien, especialmente cuando se le convence de que es falso lo que dice’, otra de las acepciones.

Al menos en Fomento, pueblo donde nací y me crie, la palabra tapaboca, como nombre de la prenda protectora, siempre fue más característica del sector gastronómico; mientras que, entre profesionales y trabajadores de la medicina, la enfermería y la estomatología, lo común era —y es— nasobuco, e incluso, naso, su forma apocopada.

Pero ningún diccionario registra nasobuco, y algunas personas, a cuyos oídos suena extraño el vocablo, cuestionan su legitimidad.

Parece obvio que es un compuesto originado en el lenguaje de las ciencias médicas e integrado por naso, que alude a la nariz o las fosas nasales, y buco, que remite a la boca.

Con el primero de ambos formantes el DLE recoge el adjetivo nasofaríngeo ‘que está situado en la faringe por encima del velo del paladar y detrás de las fosas nasales’. Y el célebre Diccionario terminológico de ciencias médicas, de la editorial Salvat, incluye: nasociliar ‘relativo a la nariz y las cejas’, nasolabial ‘relativo a la nariz y los labios’, nasoocular ‘relativo a la nariz y el ojo’, etcétera.

Con el segundo formante el DLE registra bucodental ‘relativo a la boca y los dientes’ y bucofaríngeo ‘relativo a la boca y la faringe’, mientras que el Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico, de la Universidad de Salamanca, añade buconasal ‘relacionado o perteneciente a la boca y a la nariz’.

Tanto naso como buco ocupan siempre la primera posición en los compuestos de dos formantes. Y cuando coinciden en un compuesto, es porque este tiene tres formantes, de modo que ni naso ni buco quedan al final de la unidad léxica. Son los casos, hallados en internet, de nasobucofaríngea y buconasofaríngea, voces con que, en textos científicos de medicina, cirugía, enfermería y estomatología, se denomina una misma cavidad, mucosa, zona o región anatómica humana.

De ahí la extrañeza que puede generar la ubicación de buco al final de nasobuco. Un hispanohablante con cierta competencia en el uso de su lengua siente que ahí falta algo… Morfológicamente hablando, la o de naso y de buco —que se conoce como vocal de unión o enlace— se coloca tras las raíces nas- y buc-, para unirlas con otra raíz, que debe aparecer después, de igual manera a la o que se adiciona, por ejemplo, a la raíz franc- en el compuesto franc-o-canadiense. Centenares de términos médicos se han creado según esta pauta compositiva: ansi-o-lítico, arteri-o-sclerosis, inmun-o-deficiencia, hem-o-diálisis, cardi-o-patía, psic-o-fármaco, mam-o-grafía…

¿Será, entonces, que nasobuco resulta del acortamiento de un compuesto de tres formantes; digamos que nasobucofaríngeo? Parece atinado postularlo. Pero, sin pruebas documentales, no pasa de ser una especulación mía. Como lo es, además, suponer que antes de tal truncamiento ese adjetivo debió formar parte de una unidad mayor, del tipo protector nasobucofaríngeo máscara nasobucofaríngea, la cual se redujo luego por elipsis del sustantivo (semejante a reloj despertador teléfono móvil, que acabaron convertidas en despertador y móvil, respectivamente).

El hipotético proceso podría esquematizarse así: protector nasobucofaríngeo > nasobucofaríngeo > nasobuco; similar a cirujano maxilofacial > maxilofacial > máxilo. Y en el caso de nasobuco la cadena de cambios continúa, porque, como apunté al inicio, hay quienes abrevian aún más el cuerpo de la palabra: naso.

Los acortamientos de términos relativos al ámbito médico abundan. En lugar de otorrinolaringólogo, quimioterapia, gastroscopía, electrocardiograma, laparoscopía, poliomielitis ciprofloxacino, preferimos otorrino, quimio, gastro, electro, láparo, polio cipro.

Por último, un consejo: debe respetarse esa o de naso, y no decir, como se oye a muchos entrevistados en los medios de comunicación, nasabuco

Pedro de Jesús firma este interesante artículo en http://www.escambray.cu/2020/la-hora-del-nasobuco/

Pedro de Jesús es Miembro Correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua. Narrador y ensayista. Premio Alejo Carpentier.