Buenas tardes, Antonio!

Discúlpeme por el retraso en reaccionar a su extensa reseña a propósito de mi intervención en el Ateneo de Santander el pasado 23 de enero (por su texto entiendo que, aunque no lo firma, es usted el autor). He estado con mucho trabajo, terminando investigaciones para mis escritos y programas radiales acerca de músicos y la música cubana -no escribiendo mal de las personas- por lo que tuve que dejar para después este contacto que ahora hago, transcurrido poco más de un mes de su publicación. Quiero agradecerle, lo primero, su interés en el evento del Ateneo y su amplificación a través del portal que administra. Tuve acceso a su artículo exactamente a los 45 minutos de haberlo subido usted, pues también tengo muchos amigos en Santiago de Cuba, algo que quizás usted desconocía.

No le conozco. Hemos hablado por primera vez el día del Ateneo. No conocía tampoco su trabajo como periodista, por ello, como precisión inicial, deseo dejar bien claro que, con respecto a la grabación de la conferencias, como cualquier ponente que se respete, me atuve a las normas establecidas por quien me invitaba -el Ateneo de Santander- : ellos autorizan si hay un acuerdo PREVIO escrito y firmado entre ambas partes (periodista interesado en grabar y el ponente). Si usted, estimado Antonio, hubiera respetado esas normas y me hubiera solicitado previamente esa autorización, con gusto habría accedido. En lo personal, no me preocupa que haya decidido violentar ese orden y, como kamikaze periodístico, hasta alardear de ello, en su artículo, lo que dice mucho de la calidad del respeto que profesa usted a esta servidora y a la institución santanderina a quien agradezco haber acogido la intervención que realicé junto al Dr. Calixto Alonso del Pozo.

Lo segundo que quiero dejar bien claro aquí es que no estoy en absoluto obligada a darle ni a usted ni a nadie una entrevista sorpresiva, no solicitada, improvisada, al terminar de dar mi conferencia, mucho menos cuando va a ser utilizada, como me dijo, en un documental. Esa es mi elección y hasta mi derecho. Usted no puede violentarme bajo ningún concepto. Me respeto como profesional, y respeto mucho al músico Alejandro Almenares como para dar un tratamiento tan ligero a un asunto tan serio.

La conferencia 100 años de son y radio en Cuba” tuvo a su disposición un espacio de 50 minutos, incluyendo videos y música a proyectar y escuchar, y 10 minutos para preguntas y debate. Cabe suponer que la síntesis e incluso la omisión de algunos tópicos, era irremediablemente obligada. Los ponentes pusimos énfasis en vincular nuestras exposiciones a los materiales audiovisuales –muy importantes y poco divulgados- que pretendíamos compartirles. Claro que no hubo mucho tiempo para hablar in extenso del Trío Matamoros, como tampoco lo hubo para hablar de Alfredo Boloña, de Cheo Marquetti o Carlos Embale, por solo citar estos nombres. Sí hubo tiempo para cerrar la proyección de audiovisuales en el punto más alto, por poco conocido: un fragmento del filme Cuba canta y baila, de 1951, donde aparecen el dúo santiaguero Los Compadres (Lorenzo Hierrezuelo y Francisco Repilado, Compay Segundo). Cualquier puede comprender esto, sólo alguien movido por extrañas intenciones puede no comprenderlo.

Por ello, me gustaría poner a su disposición, estimado Antonio, algunas precisiones que están ausentes en su texto. Los desaguisados que se advierten en su pretendido análisis de mi desempeño en Santander, permiten suponer que no se documentó usted lo suficiente sobre mi persona, mi trabajo y las características del evento en el Ateneo de Santander y creo que sus lectores merecen tener también los elementos que usted les secuestró. Por ello, le solicito tenga a bien compartir este escrito con ellos.

Desde 1993 trabajo para los músicos cubanos desde diferentes lugares y puestos de trabajo: casas discográficas, fundaciones, entidades de gestión de derechos de autor, revistas, productoras cinematográficas, instituciones… Podrá comprender entonces, que entre los músicos de todas partes de Cuba tengo no sólo a personas a las que admiro, sino también a muchos amigos entrañables y de larga data. Esto, y mi condición de fanática absoluta y estudiosa de nuestra música me permiten afirmar que es absolutamente falso que mi intervención en el Ateneo denote una posición sectaria, discriminadora y preferente por los músicos habaneros en detrimento de los orientales. Es algo tan, pero tan descabellado, superficial y hasta demodé que lo único que puede provocarme, después del inicial asombro, es un gesto de tristeza y un poco de amargura.

Se equivoca también cuando pretende caracterizarme: afirmé y afirmo que el son tradicional –al que nos referimos en la conferencia- no es un género actualmente presente de manera amplia en la difusión de la música popular cubana a través de los medios nacionales. Que usted disponga de un listado de cerca de 20 sitios donde se toque el son tradicional en Santiago de Cuba y sus emisoras no hace la diferencia en este sentido. Muy lamentablemente, no es el género que abraza la mayoría de los jóvenes; por mucho que lo deseemos, no lo es.

Comprendo que usted tenga que justificar determinadas cosas y dejar bien claro que desde Santander hace una batalla quijotesca en favor de Santiago y sus músicos, pero esta opinión no me convierte en una disidente, como ha pretendido deslizar usted en su texto. Lo que sí soy es una persona que piensa con su propia cabeza y que defiende sus criterios y opiniones. Usted no lo sabe, ni siquiera lo averiguó y volvió a equivocarse al tratarme: yo vivo en Cuba, estoy en total conexión con mi país, mi familia y mis amigos allá. En España colaboro actualmente con una entidad desde la que sigo trabajando en favor de la música y los músicos cubanos.

Pero permítame un poco más sobre Santiago de Cuba y yo: en 2014 fundé mi blog “Desmemoriados. Historias de la Música Cubanawww.desmemoriados.com      dedicada a la investigación, exposición y rescate de nombres y hechos olvidados y poco conocidos de la música cubana en Cuba y en el mundo. La única persona que investiga, entrevista, escribe, edita videos, busca música etc., es decir, la única persona que trabaja en ese blog soy yo, con mis propios recursos y sin contar con otros medios económicos e informáticos que no sean los míos. No tengo detrás a ningún ayuntamiento, gobierno local, universidad, fundación, institución, etc. que paguen el dominio, el hosting y todo lo que implica mantener activo un blog como Desmemoriados. En contrario de lo que ocurre con otros medios no cubanos que abordan temas de la música cubana y que disfrutan de subvenciones, respaldo económico e informático que les permiten mayor autonomía de vuelo a quienes los administran.

Es una fake news decir que Rosa Marquetti ignora a los músicos santiagueros: en Desmemoriados está el resultado de profundas y prolongadas investigaciones que he realizado sobre 12 músicos santiagueros y orientales y que se muestran en trabajos monográficos que incluyen música y elementos audiovisuales:   MAGGIE PRIOR, WILSON,

SILVANO SCHUEG “EL CHORI, JULIO GUTIERREZ, ZENAIDA MANFUGAS, NUMIDIA VAILLANT, GUADALUPE YOLÍ “LA LUPE”, CELESTE MENDOZA, PEPÍN VAILLANT, FERNANDO ALVAREZ, IVETTE HERNANDEZ.  Muchas de

ellas aparecen en selecciones impresas publicadas por Editorial La Iguana Ciega (Colombia) y Ediciones Ojalá (Cuba).

Particular satisfacción me ha dado poder desvelar en detalle y poner a disposición de los lectores la historia de la familia musical del General QUINTÍN BANDERAS, en la persona de su hijo, el músico JOSE BANDERAS y su nieto francés JOSÉ BARTEL. En otros textos de carácter no monográfico, sino temáticos, incluídos en mi blog “Desmemoriados…” se resalta la presencia de músicos santiagueros y orientales, o la presencia de Santiago de Cuba como lugar de actuación o referencia, como son los dedicados a la presencia de Las Estrellas de Areíto, Josephine Baker en Cuba; las grabaciones cubanas inducidas al Hall of Fame de la Academia de los Latin Grammy (donde se incluyen grabaciones realizadas por músicos orientales) como las mejores de todos los tiempos; la compilación –también realizada desde “Desmemoriados…” de 500 canciones dedicadas a La Habana, entre las que se encuentran muchas compuestas por músicos santiagueros y orientales, sin muestra alguna de rencor regionalista; la edición primigenia en 1997 del son más largo del mundo donde fraternalmente participaron en el habanero Salón Rosado de La Tropical músicos de todas las procedencias geográficas cubanas, incluídos los santiagueros; y así, en otras entradas del blog

En mi programa del mismo nombre (podcast) en Radio Gladys Palmera, hay dos músicos santiagueros escoltando permanentemente la página del podadst: La Lupe y Pacho Alonso. El otro es de Santa Isabel de las Lajas: nuestro Benny Moré. https://gladyspalmera.com/programas/desmemoriados/

Entre los podcast que pueden escucharse hay varios dedicados a músicos de Santiago de Cuba y en particular, me complace mucho “El disco perdido de Pepecito Reyes” donde se aborda también el trabajo de este gran pianista en Santiago de Cuba y su relación con el escenario musical santiaguero.                                        https://gladyspalmera.com/desmemoriados-el-disco- perdido-de-pepecito-reyes/

Igbó Alakorin The Singer Grove”, el magnífico trabajo discográfico realizado por el joven pianista santiaguero David Virelles en el rescate de

temas  de  músicos  santiagueros,  como  Mariano  Mercerón,  Alejandro Almenares desde Santiago y con instrumentistas de esa ciudad ha sido objeto  del  texto  Tras  el  sonido  de  Santiago  de  Cuba”,  que  incluye entrevista y diseño de playlist, realizados por una servidora para la web de Radio                                  y                               Colección     Gladys                          Palmera. https://gladyspalmera.com/actualidad/tras-el-sonido-de-santiago-de- cuba/

Si lee mi libro “El Niño con su tres. Andrés Echevarría Callava, Niño Rivera

–que puedes encontrar fácilmente en Amazon- verá la importancia crucial que concedo –porque la tienen- a los treseros orientales en la historia del instrumento, enaltecida en un documento muy importante y del cual reproduzco en el libro algunos fragmentos: la libreta de apuntes del tresero santiaguero Rafael “Pillo” Ortega, fechada en 1924 , su visión de Santiago Blandí y sus revelaciones sobre Nené Manfugás, historia que es desarrollada y complementada después por otros que en diferentes épocas han aportado  tanto al instrumento como Francisco Lincheta, Panchito Salvaje; Rigoberto Hechavarría, Maduro; César Hechavarría, El Lento; Fernando Dewar y Renesito Avich, el granmense San Miguel Pérez y muchos otros, cuyas voces aparecen reiteradamente en ese libro con el que pretendí homenajear a Niño Rivera en su centenario.

¿Fue usted tras las huellas de estos músicos, apreciado Antonio? ¿Se empeñó usted en rescatar su obra? ¿Fue usted quien buscó sus grabaciones perdidas, sus fotos inéditas, sus videos desconocidos? ¿ Los reinvindicó y reactualizó sus trayectorias? Usted ha hecho y hace mucho, pero yo, como muchísimos otros, también lo he hecho y lo hago, a pesar de que usted, alegremente, decidió lanzar a los cuatro vientos la fake news de que una servidora subestima el aporte de Santiago de Cuba a la música cubana. Solo que a diferencia de usted, lo que hago tiene como premisa la seriedad, la responsabilidad y la humildad, porque la defensa y divulgación de la música cubana hay que hacerla no sólo con pasión, sino también con responsabilidad y sin oportunismo. El cubaneo no es suficiente.

De su texto, Antonio, no me preocupan sus lances agresivos contra mi persona y mi trabajo, aunque le confieso que me habría gustado que se hubiese documentado mejor. Así, no habría cometido más pifias, tales como decir que ignoro el aporte de Santiago al son; que yo no sé quién es Alejandro  Almenares  (otra  fake  news:    referirme  con  la  premura  que

imponía la situación, a su reciente colaboración en el disco de mi querido David Virelles, no quiere decir que no sepa yo quién es Almenares; nuestros comunes amigos santiagueros sabrán que usted no está diciendo la verdad);otro error ostensible es minimizar la importancia de la Colección Gladys Palmera y el gran aporte que a la historia de la música cubana hace, con mucha responsabilidad y desinterés, su respetable creadora, la mecenas y melómana Alejandra Fierro Eleta.

Con tristeza, alerto sobre el sentido racista y regionalista de su texto –que entiendo, refleja su manera de pensar sobre este asunto- y que no contribuye a la real valoración y aprecio de esos aportes que usted desea destacar. Por ello me quiero detener en algunos de los rasgos más visibles en su escrito: es preocupante, porque confunde a los advenedizos o a quienes se enfrentan por primera vez a estos temas, dándoles una información incierta, poco meditada y superficial; innecesario, pues sabido es que nadie en Cuba ignora, ni duda en reconocer la enorme contribución de la provincias orientales a la música cubana. Para entender la magnitud de esta contribución, sólo una muestra: baste saber que los orígenes más remotos del son se ubican en montañas de la actual provincia de Guantánamo; baste señalar todo lo que ha venido después a lo largo de más de un siglo, y esto es algo que ya en Cuba se considera sobradamente probado.

Mucho más grave para usted, como periodista y promotor cultural, por lo tendencioso resulta el tono tan elemental e ingenuo, con sabor a prensa amarillista, con que trata usted de mostrar su simpatía hacia Santiago de Cuba y su defensa al noble proyecto que desarrolla: decir que “CUBA ES SANTIAGO. LO DEMAS ES PAISAJE” es lo más simplista, literalmente mentiroso y superficial que se puede leer, es un intento infantil y patético de ganarse simpatías, que me recuerda aquellas campañas electorales de los políticos anteriores a 1959. Esta frase lo único que demuestra es una ignorancia supina de la historia de mi país y su cultura, y aunque los santiagueros, al escucharla, le regalen una compasiva sonrisa, no habla muy bien de usted como persona que se dice simpatizar con Cuba y los cubanos.

Es de agradecer su empeño y dedicación, su admiración por los músicos y la cultura de Santiago de Cuba. El espacio que ha creado en las redes sociales resulta importante y una buena ventana para focalizar todo lo que

se hace en Santiago de Cuba, estoy segura de que los santiagueros le agradecen, pero insisto: hay que hacerlo con responsabilidad, sin sensacionalismos baratos -como ha resultado ser este extenso texto que usted ha tenido a bien dedicarme-, y sobre todo, intentando atraer diferentes miradas, porque no todos tenemos que pensar igual que usted.

En la diferencia está la riqueza, es dialéctico. La única verdad no es la suya, ni la que usted dice poder sustentar, ni la mía, ni la del otro. La única verdad no es la de los medios de prensa, ni de las redes sociales, ni la de los post, informes, comentarios, anuncios, noticias, asambleas, reuniones, partes, listados, comunicados, ni siquiera lo que ves o escuchas. Cada uno de nosotros tiene su propia verdad, construída a partir de vivencias y conocimiento, pero usted, que tiene la suerte de tener y manejar a su antojo un mass media, un vehículo para comunicar y comunicarse, está obligado, subrayo, obligado a tener responsabilidad con lo que escribe, a tener un compromiso con la veracidad y sobre todo, con la honorabilidad y el respeto al otro. Usted, por disponer de ese portal y esos sitios web que maneja, está en la obligación de ser profesional, de edificar y construír, no denostar y ofender. Mucho menos fomentar divisionismos, regionalismos, percepciones erróneas, difundir noticias falsas o instigar al miedo por el mal uso de los medios a su alcance.

Y una última recomendación, con la que me permito finalizar: nunca olvide que conocer algo de Cuba, algo de música cubana no significa conocer Cuba, ni conocer la música cubana, ni mucho menos conocernos a nosotros, los cubanos.

Rosa Marquetti Torres 1.3.2020

PD: Estimada Rosa hayandome de viaje hacia la MECA DEL SON pospongo mi respuesta, a su respuesta, pero quiero dejarle claro que en mi artículo solo valoré «los 50 minutos de historia del Son que usted expuso en Santander» y le animo a que en otra ocasión pueda volver a narrar lo que en esta exposición calló.

Solo conozco Cuba y a los cubanos desde 1984, su música desde pequeño. Y no entiendo como pretende decirme lo que tengo que hacer o como debo comportarme pero acepto de buen grado sus consejos que como el viejo refranero español afirma «Consejos doy que para mi no tengo»

Tan solo le aclaro hoy que ni mucho menos minimizo la colección de Alejandra Fierro que pienso es la mejor colección discográfica de España, tan solo refiero que la de Cristobal Diaz Ayala donada a la Universidad de Florida está TODA la música cubana. Solo eso.

Sepa que algunos amigos comunes de Santiago ya me advirtieron de su visión capitalina de la musica cubana, algo bastante habitual en todos los nacidos y criados en las capitales de los paises. Por mi nacimiento en «provincias» en un pueblo, siempre mi visión será diametralmente opuesta, es ley de vida.

Como le digo, en el momento que disponga de tiempo intentaré aclarar algunos de sus juicios pues veo no entendió o no quiso entender, o mal interpretó y desvirtuó algunos de mis juicios que, repito, solo respondieron a sus palabras durante 50 minutos. Y por supuesto la frase de que SANTIAGO ES CUBA Y LO DEMÁS ES PAISAJE no deja de ser una broma que ustedes los habaneros lanzan habitualmente en sentido inverso y que yo tan solo revierto con sorna.

Antonio Mora (en transito)