Diálogo fecundo de la cultura, espada y escudo de la nación

Santiago de Cuba, 6 de jul.- Con la premisa de que Sin cultura no hay libertad posible, un diálogo fecundo, coherente y aportador propició el IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) que sesionó en La Habana los días 29 y 30 de junio, para defender esencialmente el papel de la cultura como espada y escudo de la nación.

Su primer acierto fue dedicar el evento al Poeta Nacional Nicolás Guillén, quien fundó la organización en 1961 con el noble propósito de estimular, proteger y salvaguardar la creación intelectual y artística en Cuba, cuando apenas dos años antes había triunfado la Revolución.

Con justeza el encuentro también se consagró a la memoria y el legado del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien en el VI Congreso de la Uneac expresó que “lo primero que hay que salvar es la cultura”, no solo por el patrimonio valioso que atesora, sino como escudo y sostén de la Patria.

Siguiendo la línea de los días fundacionales, los delegados evocaron los disímiles momentos que ha tenido la creación artística en las últimas seis décadas y los procesos de rectificación mediante los cuales se ha preservado la relación entre intelectuales, artistas y políticos, para que la organización sea realmente una vanguardia de artistas.

La cultura debe acompañar el esfuerzo que se está haciendo para desplegar las fuerzas productivas del país y lograr un socialismo próspero y participativo, afirmó Miguel Barnet, presidente de la Uneac, en la apertura de los debates.

El destacado intelectual dijo que la Uneac siempre ha sido un estandarte de la verdad y la diversidad cultural y su razón primordial fue convertirla en un laboratorio de ideas, reflexiones y propuestas para un arte de vanguardia, credencial que debe mantener en aras de fomentar el crecimiento integral del ser humano.

En torno al permanente acompañamientodel Partido Comunista de Cuba a la Unión de Escritores y Artistas, Barnetrefirió que ambas organizaciones comparten sus objetivos en el trabajo por consolidar la política cultural de la Revolución, la democratización del acceso a la cultura, y la defensa de la identidad y del patrimonio en un clima de unidad y libertad.

A tono con tales premisas, se hizo énfasis en la importancia, en las condiciones actuales, de mantener la cohesión de la política cultural cubana como una tarea prioritaria frente a los intentos de los enemigos de dividir al movimiento artístico.

Por eso no faltaron los retos como la necesidad de establecer un diálogo coherente y útil con los jóvenes creadores, impedir el intrusismo, fortalecer las instituciones culturales encargadas de llevar la producción artística y literaria a los públicos, además de la jerarquización de lo autóctono para proteger y enaltecer los espacios públicos y enfrentar la mediocridad y el mal gusto.

En resumen, los delegados defendieron la esencia raigalmente patriótica de la cultura cubana, que tiene su simiente, se afianza y fortalece en las ricas tradiciones históricas de la Patria.

Mostraron supremo interés por salvaguardar esa cultura de nuestra Isla, diversa y pródiga, famosa en el mundo entero, con figuras emblemáticas que la han hecho trascender, o géneros y manifestaciones nacidos al calor de la búsqueda y la autenticidad.

Una cultura que no se circunscribe únicamente a esto, hay que entenderla en su vastedad, como el conjunto de acontecimientos y resultados que definen una nación desde el punto de vista político, social y económico, y por su espíritu libre y creador.

Por ejemplo, la tierra santiaguera, rebelde y musical como ninguna, es madre de José María Heredia, poeta de la Patria; de Sindo Garay, juglar de las ventanas; de Amador Montes de Oca, que puso sus versos en el fuego, y de otros artistas que hicieron posible que la cultura tuviera una trinchera.
Es esa que se manifiesta con gran hondura popular, que es carne de sus pobladores, no es coyuntural, efímera ni de espectáculo, más bien se pasea virtuosa, genuina, para encantar a quienes la disfrutan aquí o en cualquier parte.

Constituye una síntesis que define y salva: a los seres humanos, a un pueblo, a una época, ya que la Revolución que la hizo posible, en su esencia y en su sentido, representa el más alto logro cultural de nuestra Patria.

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Author: Aida Quintero Dip

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