David Hastings Dunn, University of Birmingham

Donald Trump no estaba en las papeletas de votación para las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos de 2022. Sin embargo, la sombra del expresidente sigue pesando sobre la política estadounidense y él ha hecho todo lo posible para que siga siendo así. Su intento de marcar la agenda política de 2022 y de respaldar a los candidatos de su estilo parece haber tenido un profundo impacto en las votaciones de este año y tiene implicaciones para las próximas elecciones presidenciales de 2024.

El expresidente está sopesando lanzar su candidatura para las elecciones a la presidencia. Anteriormente dijo que anunciaría su decisión el martes 15 de noviembre. Pero tras el mal resultado de la lista de candidatos que había apoyado con entusiasmo antes de las elecciones de mitad de mandato, muchos analistas políticos especulan con la posibilidad de que deje en suspenso sus ambiciones.

Trump está asumiendo gran parte de la culpa por el fracaso del Partido Republicano a la hora de capitalizar las cifras de inflación más altas de los últimos 40 años, la creciente tasa de asesinatos en Estados Unidos y lo que los republicanos perciben como el bajo rendimiento de Joe Biden como presidente.

Muchos comentaristas se preguntan si el fracaso de la esperada “ola roja” del Partido Republicano podría marcar también el ocaso de la aventura política del 45º presidente. O, dicho de otro modo, ¿ha pasado Estados Unidos el “pico de Trump”?

Las elecciones de mitad de período se utilizan tradicionalmente para mostrar la desaprobación del presidente en ejercicio. Dado que los demócratas tenían la Cámara de Representantes por sólo cinco votos y el Senado estaba dividido en partes iguales, los republicanos confiaban en una victoria aplastante.

En cambio, lo que ocurrió fue uno de los mejores resultados de las elecciones de mitad de mandato para un presidente demócrata en funciones en décadas, ya que los demócratas mantuvieron el control del Senado y perdieron menos escaños de los previstos en la Cámara de Representantes. Esto inevitablemente hará reflexionar a los republicanos. La respuesta no será difícil de deducir.

Mientras que Trump inspira una adulación similar a la de un culto por parte de alrededor del 15% de la población, su marca nacionalista “America first” nunca ha tenido un apoyo mayoritario. De hecho, en las elecciones presidenciales de 2016, en las intermedias de 2018 y de nuevo en las de 2020, los demócratas ganaron sistemáticamente el voto popular, aunque esa popularidad no siempre se tradujo en poder.

Pero en las elecciones intermedias de 2022, el impacto negativo de Trump en el resultado fue claro. En el período previo a la votación del 9 de noviembre, Trump respaldó una lista de candidatos. Estos fueron elegidos no por su experiencia política, sino por su lealtad a él y su infundada afirmación de que las elecciones de 2020 fueron robadas. Estos candidatos tuvieron un rendimiento inferior a nivel nacional, robando a los republicanos escaños potencialmente ganables en varios estados indecisos.

Ocurrió en Pensilvania, donde el médico televisivo Mehmet Oz, de otro estado, perdió ante los demócratas por un 8%, y en Georgia, donde Hershel Walker también tuvo un rendimiento inferior. Este último caso es especialmente ilustrativo. Walker, una antigua estrella del fútbol americano, sólo consiguió el 48% de los votos contra el veterano Raphael Warnock y se enfrenta a una segunda vuelta en diciembre. Mientras tanto, el gobernador republicano no trumpiano, Brian Kemp, fue reelegido por un margen de más de siete puntos.

Lo que esto sugiere es la voluntad de muchos votantes de rechazar el extremismo trumpiano sin abandonar necesariamente toda la candidatura republicana. Este patrón se repitió a nivel nacional, ya que los candidatos apoyados por Trump obtuvieron peores resultados que los republicanos de la corriente principal.

Los negacionistas más radicales sacaron unos resultados nefastos. Doug Mastriano, que supuestamente gastó miles de dólares en fletar autobuses para transportar a la gente a Washington DC el 6 de enero de 2020, cuando se produjo el motín del Capitolio, fue derrotado por 14 puntos en su candidatura a gobernador de Pensilvania. Daniel Cox –que prometió que auditaría las elecciones de 2020 si era elegido– fue derrotado por 24 puntos en la carrera por la gobernación de Maryland.

En los casos en que los candidatos apoyados por Trump ganaron, como JD Vance en Ohio, lo hicieron distanciándose de las posiciones más extremas de su patrón. Parece que muchos votantes indecisos y republicanos moderados realmente escucharon el llamado de Joe Biden para rechazar a los candidatos que representaban una amenaza para el buen funcionamiento de la democracia estadounidense.

El factor DeSantis

Otro dato clave de las elecciones de mitad de mandato con implicaciones para el futuro de Trump ha sido el éxito de su antiguo protegido, ahora rival, Ron DeSantis. Su reelección como gobernador por casi 20 puntos en el que ahora es el estado donde reside de Trump, Florida, fue un resultado que desafió la tendencia nacional.

Significativamente, DeSantis rechazó el negacionismo electoral y el extremismo abortista de Trump, hablando en su lugar de la economía, la inmigración y el crimen. Ahora tiene una clara base de poder desde la que lanzar una candidatura a la presidencia republicana en 2024 si así lo decide.

Aunque su impronta de nacionalista cristiano blanco adopta gran parte del conservadurismo cultural del movimiento American First, DeSantis tiene cuidado de evitar las posiciones más extremas. Y, lo que es más importante, también carece del bagaje personal y del fanatismo de su antiguo mentor. De su generación de republicanos, DeSantis es el más dinámico y parece bien situado para dar un paso adelante a nivel nacional y presentar su versión del conservadurismo populista de una forma menos alienante y antagónica que Trump.

¿Y ahora qué pasa con el Partido Republicano?

Las lecciones de las elecciones intermedias para los republicanos son bastante claras de ver. Aunque Trump sigue siendo extravagantemente popular entre su base, el resultado de 2022 muestra que incluso muchos republicanos preferirían votar a candidatos alternativos que a Trump y sus imitadores. Y, con la aparición de DeSantis, el Partido Republicano tiene la oportunidad de abrazar a un candidato con un historial electoral probado.

El veredicto del electorado estadounidense tras estas elecciones es que el momento del “pico de Trump” sí ha pasado. Sólo queda que el partido republicano pase por el doloroso proceso de sacar a Trump de su dominio del Grand Old Party.The Conversation

David Hastings Dunn, Professor of International Politics in the Department of Political Science and International Studies, University of Birmingham

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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