Eduardo Heras León: cuando la vida de un hombre no es un cuento

Este es un libro que conmueve. Repasa palmo a palmo la vida de un hombre querido por muchos. He disfrutado encontrar, releer, transcribir esta selección de entrevistas. Muchas de ellas las tenía fichadas, otras me las entregó el propio Eduardo Heras y la inigualable Ivonne Galeano. Cuando uno lee estas conversaciones con el paso del tiempo, aunque uno no haya vivido prohibiciones, sueños, guerras, uno vuelve a la caminata, se incorpora. Vence los kilómetros que sean necesarios.

Ahora, tantos años después, se sigue narrando la vida literaria de un país, porque narrar parece la palabra de orden, aprender a contar nuestras historias, mostrarles a los demás cómo pueden hacer para dejar testimonio. Y eso es lo que ha hecho Eduardo Heras, El Chino: narrar, enseñar los instrumentos para labrar la página en blanco. Aquí, con esa vocación de Maestro, de gran conversador, de activo observador del mundo literario cubano, se le escucha como en una clase de Literatura.

Leo cada pregunta y cada respuesta realizada en épocas diferentes. Los entrevistadores son de distintas formaciones y generaciones, pero el entrevistado cree en lo que dice, ha sido consecuente con lo que ha vivido, con la gente que ha conocido y con su país. He podido leer y saber cómo ha sido, lo que ha perdido, lo que ha ganado, lo que ha fundado para los demás; los espacios culturales y políticos en los que ha participado; los debates en los que ha puesto su verbo y acción. Y si quedara duda, muchas veces repite la respuesta casi exactamente. Eso ha permitido que otras entrevistas se hayan quedado fuera de esta selección.

Eduardo Heras León en la Historia de la Literatura Cubana

Cuando se revisa la historia de la Literatura Cubana se encuentra el nombre de Eduardo Heras León. Forma parte de uno de los narradores de la violencia y deja en la lista un libro “marcado”. Deja escrito en sus inicios lo que fue Playa Girón, la vida de los milicianos y posteriormente escribe de la vida de los obreros.

Pero Eduardo, El Chino Heras, debe recogerse también en la historia de la literatura nacional por otras aristas. Contribuyó y contribuye en la promoción y en la formación de los nuevos escritores. Lo ha hecho siempre.

Hace algunos años en los Encuentros literarios que participó ayudó a visibilizar, según cuenta él mismo, a firmas importantes de la literatura cubana; luego fundó un Centro de Formación Literaria que llamó Onelio Jorge Cardoso. Desde allí renovó la literatura cubana desde 1998. Incentivó a la escritura del cuento en el país. Cuba dejó de ser tierra de poetas. Y luego, con el Curso Universidad para Todos de Técnicas Narrativas por la Televisión, dio inicio a muchos otros cursos. Por aquellos años se comentaba incluso por los pequeños pueblos, el minicuento “El dinosaurio”, de Augusto Monterroso que Eduardo explicó en la pantalla chica. Con sus clases Eduardo entró a muchas casas de cubanos de todas las latitudes, entró en el imaginario de personas que jamás habían escrito una línea. Eran muchos los que querían pasar por el Onelio y tal vez aún haya algunos que no han logrado pasar por las aulas.

El Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso

El Onelio inyectó a un país con las ganas de escribir cuento. El premio César Galeano y la Beca Caballo de Coral estimularían a los más destacados en cada curso, luego el mismo Centro prepararía, a mi juicio, una de las revistas más interesantes de los 2000, la revista El cuentero, dedicada al género, que comenzaba a construir una historia y a presentar narradores de otras geografías; abrirían la editorial Caja China, organizarían el Encuentro Internacional de jóvenes narradores en 2008, con presencia importante de jóvenes y consagrados escritores del área.

El Centro propiciaría bibliografía que sería consultada en Casas de Cultura, Universidades, redacciones periodísticas, y más. Debe sumarse a este empeño el concurso, primero nacional, y luego Internacional de minicuentos, El dinosaurio. Hay que mencionar, además, el trabajo de la web del Onelio, uno de los primeros portales literarios en el país que brindó herramientas para escritores. Y, además, hay que mencionar que a propuesta del Onelio algunos jóvenes escritores tuvieron su primer viaje al extranjero para participar en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, República Dominicana.

El combatiente, el Maestro, el editor, la pasión por el ajedrez…

Este libro permite descubrir a un hombre antes de ser militar, antes de ir a la guerra. Y luego uno conoce al combatiente que estuvo en Playa Girón, al escritor vivencial que puso historias en el libro. Uno conoce su temprana pasión por ser Maestro, que lo llevaría incluso a impartir clases a relevantes militares. Uno descubre sus añoranzas, sus pesares, sus habilidades, su pasión por el ajedrez, el ballet, el periodismo, las herencias familiares.

Uno descubre la faceta del editor, el que comienza con la metodología del tiro artillero en Cuba y termina en la promoción de autores. Ordena, salva textos, crea colecciones. Trabaja en diferentes casas editoras cubanas. Participa como jurado en los más importantes certámenes. Y cuando se levanta la polémica, allí está su voz, su palabra para recordar, para colocar. Insiste en que las técnicas narrativas pueden aplicarse al periodismo.

Así va transitando el libro. Contiene entrevistas realizadas a partir de la década del ochenta. Tal vez divida en grupos. Unas realizadas en Cuba y otras en el extranjero. En todas se habla de Cuba y sus narradores. Se brindan puntos de partida para comprender cómo se narra la nación. Aparecen referencias a personalidades históricas y culturales que han dejado huellas, referencias a muchos nombres de la literatura cubana, latinoamericana y universal; puntualiza en las generaciones de escritores cubanos en el 60, los 80, los 90 y las más recientes generaciones promociones. El Chino habla de la generación que formó.

Nunca me iría de Cuba. En Cuba siempre está pasando algo…

Queda testimonio de haber sido incluido en una lista de “maldito”, en un periodo de Quinquenio Gris. Sin embargo, luego desempeñaría cargos en editoriales y en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC. Mientras avanzan las entrevistas y avanza el tiempo, van llegando retribuciones: el protagonista, el entrevistado, comienza a recoger los frutos después de los peores tiempos: Premio Nacional de Edición, Premio Maestro de Juventudes, Premio Nacional de Literatura, entre otras Distinciones importantes. Se recogen en este volumen sus palabras de agradecimiento.

Preparando este libro, revisando en las fichas y leyendo me encuentro la historia de vida de este hombre, como si fuera un cuento bien intenso, uno de esos relatos que a uno jamás se le olvida. La literatura fue siempre compañera fiel en los peores momentos, y lo ayudó a mantenerse leal a los principios que siempre rigieron su vida, el Centro se convirtió para muchos en la casa de los narradores cubanos y al decir de unos cuantos, le cambió la vida para siempre.

Estas páginas muestran al hombre enamorado de su país, baste citar una frase, aunque se vive y se respira en todo el libro: “Nunca me iría de Cuba. En Cuba siempre está pasando algo. En Cuba me siento lleno”. Él mismo asegura que forma parte de una generación de la lealtad a los principios, “porque para nosotros, afortunadamente, a pesar del Quinquenio Gris, de los perseguidores de la cultura, de los años terribles que dejaron esas huellas imperecederas en nosotros, las utopías siguen vivas y la historia no terminó, sino que está a punto de comenzar”. Afirma Eduardo Heras León, El Chino.

En su historia hay un nombre de mujer, un amor que no pasa inadvertido: Ivonne Galeano. Ella ha sido sostén de él y de esta historia. Antes de invitar a la lectura quiero agradecer a Ivonne Galeano y a Eduardo Heras por entregarme ese pedazo de vida; a Luis Yuseff, por la oportunidad de hacer el libro, fue su idea; por la entrega a Débora Gil, Luis Alfredo Vaillant, Sheylla Valladares Quevedo y Zoila Hernández. Y por supuesto, a Naskicet Domínguez.

Prólogo al libro Eduardo Heras León: en el aula inmensa de la vida, Ediciones La Luz, 2018.

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Author: Yunier Riquenes García

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