El edificio que anteriormente ocupara el consulado español es una de las joyas arquitectónicas con las que aún cuenta la ciudad de Santiago de Cuba.

Esta edificación, de inicios del siglo XX, hace referencia al estilo gótico y a las construcciones con influencia árabe (quienes dominaron vastos territorios de la actual España durante varios siglos) mediante una estructura sobria, majestuosa y de buen gusto.

Son pocos los sitios en nuestra ciudad que muestran este tipo de influencias; de ahí la importancia de su conservación, dado el valor histórico, político, arquitectónico y cultural que tuvo.

 El lugar en el que se levantó el consulado español es un terreno que se hallaba detrás de las alambradas, próximo a la Plaza de Toros, el Paseo de Concha (actual Paseo Martí), el Camino de San Antonio y el fuerte del mismo nombre.

En la época colonial la ciudad llegaba hasta el Paseo de Concha, a partir de este punto la zona presentaba algunas casas esparcidas.

En 1898, ante el peligro de que los ejércitos cubanos y norteamericanos intentaran penetrar en la urbe, se decidió aumentar las defensas; de ahí que se construyeran trincheras en los alrededores de la Plaza de Toros, copando este sector de tropas españolas. [1]

Durante la República la ciudad de Santiago de Cuba experimentó un desarrollo considerable. Esta área se urbanizó, dotándola de edificaciones modernas, se alumbraron y pavimentaron las calles, mejoraron las condiciones del antiguo Paseo de Concha, el cual comenzó a llamarse José Martí. Se ubicaron varios monumentos, uno de ellos el del general José Maceo y el otro -en una pequeña rotonda- con la figura de Mariana Grajales (madre de los Maceo). Toda el área se desarrolló como una de las principales arterias en la vida de la ciudad.

El consulado era una bella construcción con elementos ojivales, contó con un par de torrecillas a ambos lados, rematadas por aberturas que simulaban aspilleras; así como un par de cúpulas en forma de cono,[2] escamadas y de color rojo. Junto a las torres se podían apreciar amplios ventanales y un par de balcones en el primer nivel. La parte frontal de la edificación contó con elementos de la arquitectura árabe y, en la parte superior, podía leerse la fecha de su construcción: 1908. El frente se completaba con un asta para izar la bandera.

Tras la fachada podía apreciarse el resto de la nave (poseía ventanas ojivales) con techo de tejas. El área quedaba cerrada por una verja, la cual presentaba elementos decorativos en forma de arabescos, terminados en puntas de flechas que armonizaban el complejo, confiriéndole elegancia y sobriedad; además la verja contaba con pilares, en cuyo extremo superior se evidenciaban adornos a modo de macetas que complementaban la visualidad de la fachada y el jardín. Justo frente al consulado, sobre el paseo Martí, se alzaba una fuente y cerca pasaban las líneas del tranvía. Lo interesante, en cuanto a lo arquitectónico, es que el conjunto se diseñó con la intención de que pareciera un pequeño castillo de estilo morisco.

Desde ese lugar España mantuvo el vínculo con el país y con la ciudad, no sólo en el ámbito político, sino también en esferas como lo social y cultural. Una vez finalizado el dominio ibérico sobre Cuba, la labor de los cónsules se convirtió, a través de la diplomacia, en uno de los ejes fundamentales de asistencia a los españoles radicados en territorio cubano, desarrollaron una importante labor en la tramitación documentos, promoción económica, cultural y otros aspectos relacionados con la labor consular.

El período en el que se construyó este edificio fue de complejas situaciones a nivel nacional, matizado por intervenciones militares norteamericanas, agitaciones políticas, mítines y protestas. Precisamente en 1908 gobernaba  Charles Magoon y la situación de descontento por parte de la población era evidente.[3] Pero no sólo estuvo el periodo movido por este tipo de acontecimientos, también se experimentó un progreso en otros sectores. Así vemos que el 22 de enero de 1908 se anunció la inauguración del servicio de alumbrado público en la ciudad. El día 8 de febrero se inauguró el servicio del tranvía eléctrico, hubo un gran despliegue en sectores de la construcción y la economía; se experimentó una rica vida cultural.

En este sentido el cónsul español desplegó una interesante actividad en muchos de estos sectores, apoyándose en la presencia activa del Centro de la Colonia Española y la asociación de catalanes presentes en la urbe.[4]

Para que se tenga una idea del despliegue desarrollado desde el consulado en el 1908 pueden citarse los sucesos del 24 de junio, cuando se produjo un gran alborozo en la Colonia Española de esta ciudad por la llegada, al puerto de La Habana, sobre el mediodía, de la fragata de guerra Nautilus, al mando del comandante Salvador Moreno Eliza, primer barco de la armada española que tocaba puerto cubano desde el cese de la dominación española en Cuba. La trascendencia del suceso fue tal que muchos españoles, residentes en Santiago de Cuba, se trasladaron a La Habana a visitar la nave recién llegada, desde la patria lejana.[5]

La presencia del cónsul español estuvo activa en muchos otros momentos y espacios. En las publicaciones aparecen noticias del 1 de octubre de 1909, año en que las sociedades españolas izaron en sus edificios la bandera de su tierra natal, para celebrar los triunfos de sus ejércitos en Marruecos. Un momento de especial significado fue el acontecido el 2 de noviembre de ese año, pues en horario de la tarde se inauguró un mausoleo erigido en el cementerio Santa Ifigenia, por suscripción popular, destinado a depositar los restos de los soldados del ejército español muertos en combate. Julio Soto Villanueva, cónsul de España,[6] presidió la ceremonia. Una procesión partió del Centro de la Colonia Española, contó con fuerzas de caballería, la policía y la banda de cornetas de los bomberos. Estuvieron presentes asilos benéficos, gremios, instituciones, sociedades, veteranos, autoridades civiles y militares, entre otros. El suceso fue recogido de la siguiente manera:

Al llegar al cementerio, ante el panteón recién construido, cantó un responso el Sr. arzobispo, y pronunció un sentido y muy diplomático discurso el señor Soto; acto seguido se procedió a depositar los restos de 41 jefes y oficiales, 308 individuos de tropa y seis paisanos (entre ellos dos señoras), identificados todos, más 124 restos de individuos que nos e pudieron identificar por haber sido enterrados en montón, en el mismo sitio que sucumbían.[7]

Un hecho de triste recordación en el consulado fue la muerte de la niña Caridad Soto Sagarra, hija del cónsul de España, la cual se produjo el 5 de febrero de 1910. Sus funerales estuvieron concurridos como muestra de respeto hacia la familia y la nación española.[8]

Como es posible apreciar hubo un importante vínculo con la sociedad y la vida cultural de la ciudad, desde el mismo momento en que el consulado radicó en el Paseo Martí, entre las calles Corona y Morúa Delgado (Santo Tomás). El cónsul español hacía acto de presencia en diferentes eventos sociales, políticos, económicos y culturales. A veces los presidía y en ocasiones realizaba breves intervenciones. Aunque esta etapa del consulado español, inaugurado en 1908, fue de gran actividad, sería un error restringir la labor del cónsul a partir del momento en que se estableció en la residencia ubicada en el Paseo Martí. En las Crónicas de Santiago de Cuba, realizadas por Carlos Forment Rovira, es posible hallar, hacia el 2 de marzo de 1902, la celebración, en la iglesia de Dolores, de las honras fúnebres en honor al Sr. Joaquín Castillo Duany.[9] La oración fúnebre estuvo a cargo del presbítero Desiderio Mesnier, asistieron familiares, miembros del Club San Carlos, el Unión Club, Luz de Oriente, los cónsules de España e Inglaterra.[10]

El 4 de enero del año siguiente se inauguró el local social del Centro de la Colonia Española, situado en la calle Catedral (Heredia), en el que se ofreció un almuerzo a la numerosa concurrencia. Estuvo el gobernador civil, Lic. Yero Sagol, el senador Lic. Bravo Correoso y el cónsul de España, todos con sus respectivas esposas.[11]

Hacia el 1903 en el consulado español hubo bandera a media asta, se izó a las 3.00 pm, debido al fallecimiento de la reina Isabel II, abuela de Alfonso XIII. Ese fue un día de duelo para la colonia española en Santiago de Cuba. Días después se ofrecieron honras fúnebres en la Santa Basílica; hubo una numerosa concurrencia. Los asistentes fueron vestidos de casimir negro.[12] Lo cual muestra que la labor consular española en Santiago de Cuba fue sostenida y de amplia participación, desde los mismos inicios de la República Cubana.

Con el tiempo esta presencia activa se redujo un poco, la propia edificación sufrió transformaciones como la pérdida de las cúpulas que coronaban las torres. El área del Paseo Martí se convirtió en una zona de amplio trasiego comercial y recreativo, al punto que se llegaron a colocar anuncios comerciales sobre la verja (restándole visibilidad a la edificación y sus jardines) a modo de tapias, los cuales contenían promociones de ventas de madera y pintura del Aserrío San José.

Finalmente, la casa del cónsul -por aquel entonces el Sr. Enrique Canto- fue trasladada hacia Vista Alegre. El local, ubicado en el Paseo Martí, quedó deshabitado y con el tiempo su estado llegó a ser ruinoso. Ahora no es más que un cascarón de color azul, de cuyas ruinas sólo queda el frente (también bastante dañado e incompleto). Se encuentra en total abandono, nada queda del jardín ni la verja. En sus cercanías han colocado unos bancos y, usualmente, se utiliza como área de carnaval.[13] Recientemente se ha convertido, parte del espacio que ocupaba la edificación, en un complejo residencial, construido para los afectados por el Huracán Sandy.[14]

De este modo el antiguo consulado español en Santiago de Cuba, ubicado en la intercepción de Martí y lo que es hoy el reparto Los Olmos, da sus últimos estertores, pero aún respira. Muy pocos recuerdan lo que fue, algunos lo llaman el “castillito” y no dejan de maravillarse por la vista que regala, a pesar de su ruina. Toca, a quien pueda interesar, hacer algo por su historia y preservar lo que queda, antes de que sea demasiado tarde. Así se alzan sus restos, desafiantes ante los temporales, terremotos y depredaciones del hombre, como un antiguo y olvidado exponente de la arquitectura -en nuestra ciudad- que se resiste a caer. En su añeja fachada aún puede leerse la fecha de su construcción: 1908. Lo cual indica que es un edificio que vio pasar su centenario en completo silencio, ya sin el 90 por ciento de su estructura, sin sus amplios ventanales, ni sus balcones en el primer nivel; ya sin los adornos que le conferían ese aire morisco singular, sin la verja ni su jardín, sin el asta para izar la bandera.

Rodolfo Tamayo Castellanos

[1] La Plaza de Toros era la construcción más cercana al terreno donde luego se levantaría el consulado español. Posteriormente serían eliminadas las corridas de toros y en el lugar se construyó el edificio Las Pirámides, uno de los exponentes relevantes de la arquitectura santiaguera.

[2] No es un elemento común dentro de la arquitectura santiaguera, al igual que los arcos y ventanas ojivales, lo cual le confería singularidad a la construcción.

[3] Llegaron a cesar las funciones de los gobernadores cubanos y Consejos Provinciales.

[4] Hubo un Centro Catalán, inaugurado el 16 de febrero de 1908.

[5] Carlos E. Forment: Crónicas de Santiago de Cuba. Etapa Republicana. 1902-1911, T 1, pp. 365-366.

[6] Se trataba de un general de brigada retirado. Cfr. Carlos E. Forment: Crónicas de Santiago…, p. 432.

[7] Ibíd, p. 433.

[8] Hacia el 11 de octubre de 1910 asumió el cargo de cónsul de España, el Sr. Juan Vancell Clavería.

[9] Uno de los oficiales mambises que tuvo una participación importante en el desenlace de la guerra en 1898.

[10] Ibíd, pp. 99-100.

[11] Ibíd, p. 108. El cónsul de España en la ciudad, de apellido Pereira habló ese día.

[12] Ibíd, p. 113. Esto aconteció el 18 de febrero.

[13] En sus alrededores se instalan kioskos de ventas en tiempos de carnavales y otros momentos festivos.

[14] Este huracán causó grandes daños a la ciudad de Santiago de Cuba en el año 2012.