El cementerio Santa Ifigenia en la vida de Martha

Santiago de Cuba, 29 de abr. – Otro motivo de orgullo para los santiagueros: el Premio Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos 2019 lo obtuvo el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, con lo que el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural reconoció las buenas prácticas en la salvaguarda del histórico sitio.

El jurado apreció que ese sagrado altar de la Patria es “un conjunto excepcional donde a los diversos factores arquitectónicos y artísticos, se añaden los historiográficos y políticos, al ser depositario de los restos de excelsas figuras de nuestras luchas libertarias y de la cultura nacional”.
Cuando supe la noticia pensé en una guía emblemática del camposanto, Martha Hernández Cobas, a quien le rodeó siempre un ambiente patriótico, de historia viva, su casa estaba frente a la de los hermanos Marañón, mártires de la Revolución, su padre era miembro del Movimiento 26 de Julio y su abuelo del Partido Socialista Popular Martha.

Tal simiente resultó vital en su formación, su primera escuela que justifica la predilección por la carrera de Historia que cursó en la Universidad de Oriente, desde donde egresó en 1981 para convertirse en una reconocida profesional.
Al morir su padre, siendo ella una niña, los domingos visitaban asiduamente el cementerio Santa Ifigenia a ponerles flores como expresión de respeto y cariño, y así comenzó Martha a venerar a José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Mariana Grajales y otros tantos patriotas y héroes que atesora la necrópolis.

Una apasionada amante de la historia Patria, que la domina al dedillo, con una capacidad innata de transmitir emoción cuando rememora o explica acerca de hechos y personajes que dieron gloria a la nación, es la mejor imagen que puede darse de esta santiaguera.
Como especialista de la Oficina del Conservador de la Ciudad resultó una de las guías del cementerio Santa Ifigenia más conocidas, un privilegio que le permitió atender a personalidades y delegaciones de alto nivel que han rendido tributo a nuestros muertos amados.
“Yo siento un amor muy grande por ese sitio sagrado, si nosotros no cuidamos a nuestros muertos, si no perpetuamos su legado, quién lo va a hacer?”, así me confesó una vez muy convencida.

Muchos momentos la marcaron como 1995, centenario de la caída en combate de José Martí en que se hace la primera restauración capital del mausoleo que atesora sus restos, o el traslado para el área central patrimonial de los restos de Céspedes y Mariana, donde ya estaban Martí y Fidel, para tener bien cerca a los padres fundadores de la nación.

Otros hechos vividos en sus más de 20 años de faena relacionada con el patrimonio funerario es la identificación de personas enterradas, de las cuales no había documentos por lo que hubo que buscar a forenses y familiares para colocarlas en sitios destacados, como es el caso del trovador y compositor prolífero Antonio Fernández Ortiz, Ñico Saquito .

La última visita de Fidel en 2006 la grabó en su corazón, lo acompañaba Ignacio Ramonet que preparaba su libro Cien horas con Fidel, y nunca pensó que un día tendría el doloroso deber y privilegio de hablar del gran significado de su vida y de su obra desde el modesto monolito que guarda sus cenizas, me refirió la historiadora con emoción.

Ella guarda con celo el testimonio de la visita al camposanto de Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, quien tras el homenaje a próceres, quiso quedarse solo unos 15 minutos para que le explicara más detalles de ese altar de la Patria, de ese museo a cielo abierto.
El tiempo transcurrió y se convirtió en una hora, Correa quería saber más y más del sagrado lugar, estaba impresionado, fue a la tumba de Frank, a la de Compay Segundo y confesó que amaba los cementerios porque nació al lado del de Guayaquil, allí jugaba desde muchacho y después iba a rendir tributo a familiares y amigos.

Martha ha representado a Cuba en eventos de la red de cementerios patrimoniales latinoamericanos en Perú, Colombia y México, donde han cautivado sus exposiciones del “Santa Ifigenia”, ese al que se dirigen hoy todas las miradas del mundo desde que fueron colocadas las cenizas de Fidel en una piedra.

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Author: Aida Quintero Dip

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