Este interesante artículo que aporta conocimiento sobre los origenes de la estructura metrica que soporta los versos de los repentistas cubanos apareció en el diario SUR

Creada por el rondeño Vicente Espinel en el siglo XVI, resurge con un importante componente lúdico y creativo encabezado por cantantes y poetas que se «tiran versos» para poner a prueba el ingenio.

«Ahora les voy a contar / la gesta del malagueño / que con poema pequeño / logró al mundo conquistar. / Su décima oyes cantar / al poeta y a la dama, / en las redes se proclama / como gran divertimento / que al verso da sustento / y espinela se le llama». Lo que usted acaba de leer es una décima espinela. La estructura métrica creada por el rondeño Vicente Espinel en el siglo XVI resurge en el XXI impulsada por páginas de Facebook, hastags de Twitter y grupos de whatsapp. Un renacer que tiene un importante componente lúdico y creativo, con cantantes y poetas que juegan a «tirarse versos» de unos a otros para crear una obra colectiva y con el fenómeno del repentismo, de la improvisación de la palabra, abriéndose hueco en España tras siglos de tradición en Latinoamérica.

«Es la estrofa más importante del idioma español junto con el romancero y la cuarteta octosilábica. Es el más difundido de todos, una maravilla, un regalo de Málaga para el mundo poético en español como hay pocos», decía Jorge Drexler en una entrevista a este periódico antes de su concierto en Málaga, el pasado mes de septiembre. Él es uno de los mayores divulgadores de este tipo de verso. Lo cultiva en público y en privado, colgando sus décimas en Internet y poniendo a prueba su destreza en un exclusivo grupo de whatsapp que ha hecho de la espinela su nexo de unión. ‘Guasa decimal’ lo han bautizado

«Tiene un misterio, tiene algo. Es una estructura de una redondez brillante, muy compleja y barroca mirada desde fuera, pero con una perfección que hace que sea cantable, memorizable, juguetona y dúctil», resume Alexis Díaz Pimienta, repentista cubano afincado en Sevilla y uno de los doce miembros de esa cuadrilla de whatsapp.

Junto a ellos, los cantautores El Kanka, Javier Ruibal y Rozalén, el cantante Toni Zenet, el líder de La Canalla Antonio Romera ‘Chipi’, los poetas Juan José Téllez y Stewart Mundini, el escritor y músico Fernando Lobo, el músico Raúl Rodríguez y el escritor Tito Muñoz se lanzan versos a través de ‘Guasa decimal’. «Porque la décima es muy guasona», apostilla Téllez. Pero, además, «es breve y certera, va al corazón», añade el director del Centro Andaluz de las Letras (CAL). Ya lo dijo Pablo Neruda: «La décima es simple como un anillo, clara como una lámpara».

La defensa pública de esta forma de verso por parte de estos y otros nombres está detrás del auge. Con una décima espinela dedicada a Málaga comenzó Drexler su último concierto en el Cervantes y varias de ellas se escuchan en los temas ‘Triste trofeo’ y ‘Demasiada pasión’ del último disco de El Kanka, ‘El arte de saltar’. Es más, con divertidas décimas espinelas le pidió el malagueño al uruguayo que cantara con él una canción en su álbum. Y Drexler, por supuesto, aceptó. «Le eché un poco de cara, pero no me gusta ser invasivo. Me pareció elegante tirarle las décimas pidiéndole la colaboración», explica el cantautor malagueño. El resultado es ‘Por tu olor’. «Es muy generoso», le reconoce El Kanka.

Quien lo prueba, se engancha. Pone el ingenio a trabajar para ajustar un mensaje concreto a un formato rígido. Son las reglas del juego, «y ahí está la gracia, te lo tienes que currar», asegura el Kanka. La décima se compone de diez versos octosílabos con una rima consonante de la siguiente manera: abbaaccddc. «Por cojones», añade entre risas el malagueño. Es fácil equivocarse, saltarse una sílaba o añadir una de más. Hay que tener en cuenta que cuando una palabra acaba en vocal no acentuada y la siguiente comienza en vocal, se unen formando una sola sílaba. Además, entre el cuarto y el quinto verso suele haber una pausa, pero aquí entra el gusto de cada cual.

La estructura básica se ha mantenido intacta a lo largo de los siglos, desde que Vicente Espinel la incluyó en su libro ‘Diversas rimas’ (Madrid, 1591). Jamás hubiera imaginado la repercusión y difusión de ese tipo de verso que él, precisamente, no cultivó en exceso. Como indica Maximiano Trapero, catedrático de Filología Española en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Espinel solo compuso diez décimas a las que él llamó «redondillas»: dos en el preámbulo al libro de Gonzalo de Céspedes y Meneses, ‘Poema trágico del español Gerardo’ (Madrid, 1615) y ocho en ‘Diversas rimas’. ¿Cómo se explica entonces su éxito? «La fama no se justifica por sus propios textos, sino que se ha creado indirectamente, a través de lo que otros autores han dicho de él», indica Trapero. Especialmente, Lope de Vega, que se refería a Espinel como su «maestro». Él fue el primero que la usó tras el rondeño, quien la elogió en repetidas ocasiones, quien la convirtió en «la estrofa preferida del drama y de la comedia del Barroco» e, incluso, quien le puso nombre. «Pues de Espinel es justo que se llame / y que su nombre eternamente aclamen», escribió el dramaturgo en ‘Laurel de Apolo’, tal y como recoge Trapero en su ponencia para el VI Encuentro-Festival Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado.

Calderón y Cervantes

Después la harían suyas Calderón de la Barca en ‘La vida es sueño’ y Miguel de Cervantes en ‘El Quijote’, garantizando así la eternidad de estos diez versos octosílabos, convertidos en la estructura más empleada en el Siglo de Oro español. Ya entrado el siglo XX, la cultivarían poetas de la Generación del 27, como Jorge Guillén o Gerardo Diego; y algo después, Luis Rosales. De la literatura saltaría al mundo de los cantautores, con Violeta Parra como máximo exponente del siglo pasado, junto a grandes de la música latinoamericana como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Facundo Cabral, Alfredo Zitarrosa… En España, recogerían el testigo Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina -que las escribe pero no las canta-, Javier Ruibal y la nueva generación de cantautores que encabezan Rozalén y El Kanka, a la que se suman nombres como el de la argentina Sofía Viola.

En opinión del catedrático de Las Palmas, «el invento de la espinela lo fue por casualidad, o, si se quiere, el resultado de una búsqueda múltiple, uno de los frutos de la experimentación y del ensayo que resultan de sus ‘rimas diversas’». Sea como sea, nadie le quita el mérito de fijar una estructura que funciona hablada y cantada, abierta a todo tipo de temas y que se presta al entretenimiento de quien la crea. En Latinoamérica siempre lo han sabido. En Cuba fue bautizada en el el siglo XIX como «estrofa nacional» y el punto cubano, declarado hace un año Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, se apoya en décimas espinelas. «En décimas se ha cantado y contado toda la historia de Cuba», señala Díaz Pimienta. Pero hay una «eclosión creativa con movimientos decimistas» en Argentina, Puerto Rico, Chile, Venezuela, Perú, Colombia, Panamá… Forma parte de la cultura popular a través del repentismo cubano y de la payada argentina y uruguaya -entre otros-, que consiste en improvisar con rimas.

Se compone de diez versos octosílabos de rima consonante con el esquema ‘abbaaccddc’

«Una vez en América, la décima lo inundó todo (…) de tal manera que no quedó acción individual o colectiva de la vida de los pueblos hispanoamericanos que no hallase en la décima la expresión poética preferida; y, así, la hallamos tanto en la taberna como en la iglesia, en la plaza pública como en el hogar, en las reuniones festivas y en los velorios (…) Se convirtió, sobre todo, en expresión preferida del campesino, pero no abandonó la querencia del poeta de academia», detalla Maximiano Trapero.

En España, también se conservó en la cultura popular, refugiada en la tradición de los trovos de Murcia y en el canto popular canario. De hecho, se dice que Canarias fue el puerto desde el que salió hacia Latinoamérica. Pero ahora, a este lado del charco, «vive un momento brillante, con amigos y colegas que se han enganchado al carro de la décima y le está dando una gran visibilidad», se felicita Díaz Pimienta. Cuando llegó a España hace 25 años «apenas se sabía de la existencia de la décima y del repentismo», y hoy hasta le proponen demostrar su habilidad con la rima improvisada en las escuelas. «Está muy de moda en España, es su momento», señala Téllez. En una época en la que más de uno «presume no leer un libro en su puta vida, es una maravilla que se ponga en boga una construcción poética tan concreta», aplaude El Kanka. Larga vida a la décima.

¿Quién era Vicente Espinel?

Nacido en Ronda en 1550, Vicente Espinel fue un hombre de las artes. Además de la creación de la décima, se le atribuye –aunque sin consenso– la incorporación de la quinta cuerda de la guitarra española. Fue poeta, músico y novelista, pero también capellán mayor y sacerdote. Intentó una carrera militar, se unió al séquito de distintos señores que ejercían de mecenas –como el duque de Medinasidonia u Octavio Gonzaga– y se ordenó sacerdote a los 39 años. Escaló puestos en la jerarquía eclesiástica, aunque fue amonestado por sus «vicios, culpas y excesos». Frecuentaba los círculos artísticos y las academias, donde se relacionó con Góngora, Cervantes, Lope de Vega y Quevedo. Entre su producción literaria, destacan junto a sus rimas la novela picaresca ‘La vida del escudero Marcos de Obregón’. Durante sus últimos 15 años, fue censor de libros para la Inquisición. Falleció en 1624.