El pregón santiaguero: ¿una tradición que se demerita?

Santiago de Cuba, 8 de jul.- El pregón es como el piropo, se acepta y se admira si aporta al gracejo popular; se rechaza si es agresivo o soez y, lamentablemente lo segundo se va imponiendo. El pregón no es privativo de los carnavales, pero el carnaval es su espacio predilecto, por eso entre las múltiples iniciativas del carnaval santiaguero,surgió la idea de realizar el Festival de los pregoneros. Quisiera recordar lo escrito cuando la ciudad cumplió 500 años y rendir pleitesía a una mujer paradigma del género: Berta la pregonera. Permítanme resumir lo que en aquella ocasión escribí.

Las melodiosas voces de los pregoneros con sus anuncios imaginativos, verdaderas joyas del arte popular, de su capacidad de síntesis, de improvisación y gracia, llenaron de júbilo las calles de esta ciudad hecha de historias y de ritmos. El Festival de los pregoneros, una de las iniciativas del verano santiaguero, se apoderó de la céntrica avenida Victoriano Garzón para deleite de los habitantes de la urbe y para asombro de los visitantes cubanos y extranjeros que suelen visitar Santiago en esta época del año.

Muchos curiosos ocuparon sus puestos para disfrutar de los anuncios de los pregoneros, quienes ofertan mercancías de todo tipo, aunque la intención esencial más que vender, es defender la práctica de una tradición popular añeja y auténtica. Con sus claras y rítmicas voces, pregoneros de diferentes edades, sexos y razas, colmaron el ambiente con ofertas que proclamaban las virtudes de los productos más disímiles desde flores, frutas, dulces, vegetales y plantas hasta objetos artesanales.

Los más apegados a la tradición ofrecen sus mercancías, ensalzan la calidad de su origen y las ventajas de su consumo para entretener la vida y cuidar de la salud. Los más audaces sugieren, nombran el producto y aluden a la magia de sus efectos; desde una simple planta apta para combatir la gripe, una fruta que devuelve la paz al estómago hasta una yerba milagrosa capaz de rescatar o desperezar la virilidad. Formaron una cadena multicolor donde predomina el rojo:vestidos de rojo proponen con imaginación, con respeto, con amor.

Pero, la mayoría de los curiosos y los entrenados en estas festividades, aguardan: buscan entre los anunciantes a una mujer que sintetiza, con sus gestos y anuncios, las bondades del pregón: esperan por la líder natural del certamen. Cuando Berta aparece estallan los aplausos, crecen los vítores dirigidos a esta señora, quien desfila ataviada con una larga túnica de colores, calzada con alpargatas. En la cabeza cubierta porun enorme turbante, mantiene, en raro equilibrio, una canasta llena de frutas.

Con varias décadas en estos trajines, Berta constituye un símbolo de permanencia, de fidelidad al arte popular; es una artista que sabe conquistar al público con sus habilidades comunicativas y su gracia natural: definitivamente, Berta es el pregón. Cuando concluya el desfile, los fieles de siempre y los nuevos adeptos, irán tras ella con la ilusión de comprar alguna fruta o quizás una flor o tal vez una bebida de su propia invención.

Los efectos del pregón son contagioso; su autenticidad está fuera de dudas: no es casual que poetas de la talla de Nicolás Guillen y Miguel Barnet, hayan alabado sus valores artísticos; para este último el pregón es un capítulo fundamental del folclor criollo, de la riqueza poética del pueblo cubano. El pregóninvadió la música y trascendió las fronteras nacionales, alimentó canciones que invitan a degustar las frutas del Caney, a consumir pasteles o un rico panqué; pero, su influencia capital se denomina: “El manisero”, la mundialmente famosa canción-pregón de Moisés Simons.

Aquella reunión de pregoneros convirtió a Santiago de Cuba en una fiesta, en un espacio saludable del verano. Pero: ¿quésucede en la actualidad? Se ha desarrollado una especie de plaga de anunciantes quienes gritan a voz en cuello, a cualquier hora y en cualquier sitio sus mercancías. Son pocos imaginativos y con sus alardes corrompen una tradición que nos enorgullece. Si se realiza un nuevo festival ojalá ninguno de estos pregoneros participe, con soportarlos en el barrio es suficiente.
La situación no se limita a Santiago. Colegas de Radio Rebelde, en un programa sobre la capital, fueron muy críticos al abordar el asunto. Para Raúl Menchaca este pregón impositivo y carente de imaginación es un ataque sonoro, para José A. Rodríguez; una manifestación de violencia; para Ricardo Ronquillo, este tipo de pregón degrada y ofende. Cuando uno oye estas cosas se le revuelve la nostalgia y recuerda a Berta la pregonera, en otras palabras, revive la autenticidad de lo popular.

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Author: Osmar Álvarez Clavel

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