Actuación del Septeto Santiaguero en la Casa de la Trova, interpretando un danzón, ritmo que se consideró como la primera Danza Nacional de Cuba creado por Miguel Faílde con Las Alturas del Simpson estrenado en 1879

Cuentan que en cierto barrio matancero un adolescente se dedicaba con tesón  —mañana, tarde y noche—  al aprendizaje del violín, pero  al parecer, con tan poca fortuna y talento para la música, que más que tocar el instrumento, parecía que lo rascaba, sacando chillidos de las cuerdas. La agonía del violín —y del vecindario— debió ser tal, que un famoso músico compuso un danzón llamado Los rascatripas.

El autor de la simpática pieza era Miguel Faílde, considerado como el creador del danzón, un género musical cuya forma de bailar es reverenciada como el baile nacional.

En esos documentos se asienta que “se le puso los Santos óleos a un párvulo pardo libre (…) hijo natural de D. Cándido Faílde y de la parda libre Justa Pérez, el primero natural de Galicia, y la segunda de Matanzas. Se le nombró Miguel Ramón Demetrio Faílde y Pérez.La historia del danzón merece memoria aparte, así que mejor compartamos en esta un poco de la vida y la obra del compositor, quien nació en Matanzas el 23 de diciembre de 1852, en Caobas, “término municipal de Guacamaro, según consta —libro 3, folio 40, partida 222— en la partida bautismal de la iglesia de Limonar”.

A los 12 años, entró en la Banda de Bomberos Municipales de Matanzas, gracias al aprecio que le tenía el director de la agrupación, el Coronel Don Demetrio López, pues estaba maravillado de aquel niño que aprendió a tocar el cornetín muy pequeño.

Entre adultos, se le veía subido a un pequeño banco para alcanzar a ver las hojas pautadas colocadas en el atril.

El padre le había enseñando los rudimentos principales, pero al morir, su hermano mayor lo puso a estudiar con un profesor del conservatorio de París, llamado Federico Peclier, que por la época andaba entre La Habana y Matanzas.

Cuentan que Faílde, era de adulto “delgado, muy derecho, de regular estatura, de ojos saltones y mirada triste. Jamás dejó de usar su leontina y dije con su reloj de oro” (…) “Un mulato de facciones muy finas, excesivamente  modesto” que “siempre se acompañaba de un paraguas que hacía descansar en su brazo izquierdo”.

Tocaba además el contrabajo y la viola, y aunque no era pianista, podía interpretar piezas difíciles al piano. Con el tiempo, se dedicó también a dar clases de música en su casa particular y junto a un amigo editó un semanario “literario, satírico y jocoso” titulado Ideas Nuevas, resultado de los regulares encuentros informales con amigos intelectuales que sostenía en una imprenta.“A consecuencia del mucho soplar, tenía los carillos abultados y el labio inferior caído. Cuando tocaba el cornetín y sostenía la nota, parecía que iba a reventar”.

Dicen que acostumbraba a reunirse todos los jueves con sus amigos para comer un plato especial que preparaba su suegra, una receta  inquietante: bacalao a la vizcaína, pero en vez de aceite, llevaba leche.

Su orquesta, fundada en 1871 —otros afirman que fue en fechas posteriores—, se llamaba La Orquesta de Miguel Faílde, pero también era conocida como La Yucayo Gentil o La Irresistible, y estuvo tocando durante 50 años, en que solo interpretaba la música de Faílde, que no era únicamente de danzones.

Los ensayos se realizaban  —según su rutina— preferentemente de noche y se cuenta que eran de por sí una fiesta. En torno a la casa de Faílde se agrupaba numeroso público para “admirar la dulzura y cadencia de su cornetín”, mientras “los vendedores ambulantes hacían su agosto vendiendo entonces su mercancía”.Estaba compuesta por diez músicos, incluyéndolo a él, y cuya alineación regular era Pancho Morales como primer violín; Juan Cantero, segundo violín; sus hermanos Eduardo y Cándido Faílde como segundo clarinete y trombón, respectivamente; Pascual Carrera en el Figle, Eulogio Garrido en el contrabajo, Andrés Segovia como timbalero, Anselmo Casalín —el famoso Frijolín— como primer clarinete e Isidro Acosta a cargo del güiro.

Era costumbre de los músicos de entonces, tocar 20 minutos y descansar otros 20. Las piezas que se interpretaban debían ajustarse a esos intervalos.

“Ya me parece escuchar

Este placentero grito

¡Oh, qué bien voy a bailar

El danzón del `Mondonguito´!”.

Osvaldo Castillo Faílde, sobrino del compositor, en su libro Miguel Faílde creador musical del danzón, recoge la génesis de al menos 144 danzones compuestos por su tío, desde “Las alturas de Simpson”, hasta “La diosa japonesa”, pasando por “Cuba libre”, “Yo me voy para el otro mundo”, “Los mascavidrios”, “El mondonguito”, “Antón Pirulero”, “La serenata de Schubert”, “Figurín, se acabó el merengue”, la “Jota aragonesa”, “Piña”, “Mamey y zapote”, entre otros.

Luego de una vida plena de creatividad, Faílde murió en la madrugada del lunes 26 de diciembre de 1921 y a sus funerales acudió gran parte de la población  matancera, la blanca y la negra.Varios afirman  que el primer danzón se tocó la noche del primero de enero de 1879. Otros han dejado asentado que fue en ese año, pero el  5 de febrero; mas, por ley gubernamental se reconoció que el 12 de agosto fue la fecha del estreno*; todos coinciden, sin embargo, en que el estreno fue en el Club de Matanzas. La pieza primigenia se llamó “Las alturas de Simpson”, en homenaje a un lugar donde se acostumbraba a dar fiestas y bailes, y acudía la juventud matancera de entonces.

Cuentan que al paso del féretro un numeroso grupo de músicos interpretaba, con acento melancólico, el célebre y alegre danzón “Las alturas de Simpson”.

*Tal disparidad de fechas se debe a que existen varias copias de la partitura con fechas distintas.

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