Fidel Castro: lo primero, salvar la cultura

Santiago de Cuba, 20 de nov.- Pronto conmemoraremos el segundo aniversario de la desaparición física de Fidel Castro Ruz, el líder histórico de la Revolución Cubana. Quisiera subrayar  algunos aspectos de la trascendencia de un pensamiento que dejó huellas en los más diversos ámbitos y contextos. Permítanme comenzar por la cultura.

En eventos propios del sector cultural suele ocurrir que algunos de los participantes recuerden intervenciones del estadista relacionadas con la cultura nacional. Así Yuris Nórido, en un artículo publicado en noviembre de 2016, en el periódico Trabajadores, abordó un tema sobre el cual se ha insistido en diversos espacios y al cual considero oportuno retornar.

El periodista apunta: “Cuando en momentos de gran complejidad, Fidel Castro decía que la cultura era el escudo y la espada de la nación, algunos no alcanzaban a comprender esa afirmación. ¿Cómo iba a ser la cultura más importante que las armas? “.

Nórido se refiere a una etapa de excepcional severidad  para la nación cubana, al llamado período especial, a los años noventa del pasado siglo, cuando se produjo el derrumbe del campo socialista, el país se quedó prácticamente sin mercados y arreció el bloqueo de los Estados Unidos. La palabra clave  era subsistir a toda costa y la propuesta  del entonces Presidente Cubano fue nada menos que privilegiar la cultura.

 Era lógico que no todos comprendieran. Tan lógico como que quienes defienden el sector de la cultura y participan de sus múltiples expresiones, insistan en volver a los planteamientos del líder histórico de la Revolución, quien en numerosas ocasiones se reveló como promotor de una cultura que mucho le debe a  su  labor política.

Pero, quisiera proponer otro modo de afrontar la afirmación: primero, salvar la cultura, porque la cultura tiende asimplificarse, a reducirse a las manifestaciones artísticas: la literatura, la música, la pintura, etcétera. Muchas veces identificamos la cultura con las artes, con el trabajo de quienes participan en ellas como emisores o receptores.

Lo anterior no niega sino afirma la validez de los procesos culturales de la nación, porque esas manifestaciones son indudablemente cultura y en este asunto   hasta personas que no simpatizan con la Revolución reconocen su obra cultural: el desarrollo de las culturas populares, la preservación de las tradiciones, la doble dimensión de un hacer caracterizado por llevar el arte hacia la mayoría y  la mayoría  hacia el arte.

Un fenómeno internacionalmente reconocido en el empeño cultural cubano contemporáneo es el de la participación, el de la construcción común de una cultura artística auténtica. Por eso situaciones que en otras latitudes son  quimeras, en Cuba son realidades. A modo de ejemplo basta observar dos hechos: un grupo de campesinos disfruta  de una presentación del Ballet Nacional de Cuba, en el mismo instante en que personas de procedencia muy humilde, nacidas en esas mismas montañas acceden al aprendizaje de la cultura artística a partir de un sistema de enseñanza artístico gratuito.

Pero, hay otro modo de entender la cultura sobre el cual varios estudiosos de la comunicación  reflexionan. Así, para citar un caso relevante,  Antonio Lucas Marín nos recuerda que hay una definición de la cultura que transita de la sociología a la antropología y entiende como elementos   comprendidos en la cultura: las técnicas, instrumentos y conocimientos humanos; los símbolos; las ideas generales sobre la realidad, y el conjunto de normas, creencias y valores sociales.

De suerte que  esta definición más ancha de la cultura incluye saberes, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y todas las capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad y las maneras de pensar, de sentir y de obrar compartidas por la mayoría de las personas que se constituyen en una colectividad, particular y distinta. Esta concepción, agregamos, implica la identidad y trasciende las manifestaciones artísticas aún las más encumbradas y las más auténticamente populares.

 Entonces, si avalamos los dos conceptos, el  de cultura artística y el más amplio de cultura como hacer social múltiple, que implica también a las expresiones estrictamente culturales, en ambos casos sus partidarios tienen razón al legitimar el  imperativo de Fidel Castro cuando conminaba a salvar la cultura.

Y es que, como se infiere de lo dicho en los párrafos anteriores, hay una cultura que se conforma con nuestros hábitos y pensamientos, que nos hace ser lo que somos, porque somos en esencia cultura. Por eso, alimentar la cubanìa significa proteger la identidad. Si es así, salvar la cultura es una manera de salvarnos a nosotros mismos. Quizás ahí esté la cultura que habrá que defender.

Por Osmar Álvarez Clavel.

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Author: CMKW Radio Mambí

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