Camino a la Escuela Profesional de Arte José María Heredia es habitual ver niños vestidos con mallas negras debajo de su uniforme. Llevan la alegría de cualquier infante pero generalmente se mueven distinto, como si su cuerpo inconscientemente presumiera su nivel artístico. No hay que ser adivino para saber que bailan y disfrutan hacerlo, cada paso suyo los delata.

El enfrentamiento a la COVID-19 ha cambiado rutinas y exigencias. Y por estos días, resalta un nuevo complemento en el vestuario de los jóvenes artistas. Sus rostros coloridos y semicubiertos con el nasobuco reflejan que para el Centro Nacional de Escuelas de Arte, el principal compromiso es la salud de los estudiantes.

“En el caso de la especialidad de Ballet fue necesario suprimir el trabajo en dúos y tríos, porque hay roce corporal. Usar el nasobuco es complejo, y requiere un esfuerzo extra de nuestros maestros porque la clase no se puede impartir al mismo ritmo que antes, hay que dosificar los ejercicios para que los muchachos logren un funcionamiento orgánico a través de la respiración”, explicó Raymel Despaigne Borrón, director de la Escuela Profesional de Arte.

“Todas las asignaturas que reciben los estudiantes son importantes, pero en este momento se priorizaron Ballet y Repertorio, porque son las que definen su perfil como bailarines. Durante las cuatro semanas de sistematización estas serán el centro de su práctica”, agregó.

Como él, la profesora Suria Salmon Álvarez sabe que deben mantener el rigor artístico, pero ajustado a los requerimientos de esta situación excepcional. “Tenemos que saber hasta dónde exigir, y tener en cuenta que hace meses los niños dejaron de prepararse en la Escuela y no están al mismo nivel”.

Megan Durán Díaz es una de ellos. Cuando baila se siente libre, por eso sueña con ser profesional. Luego de varios meses preparándose en casa, ha vuelto a los tabloncillos de su Escuela. “Ahora todo es diferente, las medidas de distanciamiento social en la clase lo hacen distinto, pero sabemos que lo importante es protegerse del coronavirus”, confiesa.

Sus compañeros de tercer año, Zahary, María y Lester, al igual que ella extrañan los espectáculos. No ocultan la emoción que sienten al hablar de las nuevas obras que preparan: “El ballet de las flores, es un clásico». Desde el mes de marzo no han podido hacer gala de su talento, pero tendrán que esperar a que se estabilice la situación sanitaria para presentarse ante el público.

Gestionar el ímpetu de los estudiantes ha sido todo un reto para quienes les enseñan. La principal coreografía es el cumplimiento estricto de las medidas establecidas para proteger la salud de los jóvenes artistas, el repertorio es distinto, acorde a las exigencias actuales.

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Author: Periódico Sierra Maestra

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