Industrialized Disinformation. 2020 Global Inventory of Organized Social Media Manipulation[1]

Me acabo de leer este Informe de la Universidad de Oxford en inglés, con la torpeza que ya lo hago a estas alturas del juego, pero me resultó gratamente ilustrativo. Fue un trabajo de investigación hecho por tres investigadores de la Universidad dentro de su Computational Propaganda Research Project.

El informe pone de relieve las formas en que “los gobiernos, agencias públicas y partidos políticos han utilizado las redes sociales para difundir propaganda política, contaminar la información digital y suprimir las libertades de expresión y prensa”. De forma clara nos muestra la creciente producción de desinformación profesionalizada e industrializada por parte de las principales empresas de comunicaciones y relaciones públicas. Concluyen con rotundidad que “las redes sociales pueden mejorar la escala, el alcance y la precisión de la desinformación”[2]

El éxito de la propaganda computacional, afirman los autores, radica en: la polarización, la desconfianza y el declive de la democracia. Factores que “han sido anteriores a las redes sociales, los medios de comunicación e incluso la propia Internet”.

Tanto la pandemia de COVID-19 como las elecciones estadounidenses “obligaron a muchas de las principales empresas de redes sociales a precisar y mejorar la desinformación y a clausurar cuentas, y a elevar los estándares tanto para la calidad de la información como en la conversación pública”. La propaganda computacional se ha convertido en un pilar de la vida pública.

A su desarrollo se dedican ingentes cantidades de recursos de los países más ricos, que favorecen a la evolución y aparición de nuevas tecnologías, incluidas la inteligencia artificial (IA), la realidad virtual (VR), o el Internet de las Cosas (IoT), que están diseñados para, fundamentalmente, remodelar la sociedad y la política.

La propaganda computacional, concluye el Informe, también puede ser un impulsor de nuevos males democráticos, incluida la polarización política y disminución de la confianza pública en las instituciones democráticas.

Las plataformas de redes sociales pueden ser una parte importante de la democracia institucional, que puede ser fortalecida por la alta calidad de la información. Una democracia fuerte requiere acceso a esta información de calidad, donde los ciudadanos puedan reunirse para debatir, discutir, deliberar, empatizar y trabajar hacia el consenso. En este inventario en 81 países, se encuentran evidencias significativas que las plataformas de redes sociales sirven desinformación a las principales instancias de gobiernos, partidos políticos y empresas de relaciones públicas.

Jorge A. Capote Abreu

Santander, septiembre de 2022

[1] https://demtech.oii.ox.ac.uk/research/posts/industrialized-disinformation/

[2] Bradshaw & Howard, 2018

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Author: viajes24horas

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