El registro pequeño de la corneta china, un sonido gangoso, empañado, lejos de ser claro como la trompeta o armonioso como los tambores, aporta el aderezo singular de la conga santiaguera, conocida en salones de baile y fiestas populares.

Dentro de la danza y música de origen africanas, es el único instrumento de viento y permite crear pequeñas melodías y estribillos, acorde a los temas y problemas sociales en boga a nivel popular, que instan a la multitud acompañante a cantar y bailar.

Aún existen dudas sobre el lugar y fecha exactos de su origen, según Yolanda Bravo, especialista del Museo del Carnaval de Santiago de Cuba, llegó a las fiestas de esta provincia en 1915 de la mano de Feliciano Mesa, director del Paseo del Tivolí en aquel momento.

Fue el gallo tapado victorioso de ese año –sorpresa que celosamente guardan las congas para ganar en los carnavales- y Juan Bautista Martínez se convirtió en la primera persona en sacarle al desconocido instrumento las notas que trascenderían en la tradición musical de Cuba.

Su evolución ha estado llena de historias sorprendentes e incluso algunas con trágicos finales.

Asegura Bravo que a partir del año siguiente esa innovación se introdujo en numerosas comparsas de la ciudad, una práctica, que según refiere la prensa publicada en 1976, derivó que se intentara asesinar al tocador de la corneta del Paseo del Tivolí, como una forma de eliminar la competencia.

Para proteger de los ataques de otros comparseros y para lograr una mejor sonoridad, se comenzó a montar en caballo o en hombros al virtuoso intérprete del instrumento, muestra de la trascendencia que alcanzó la corneta china en las fiestas populares de Santiago de Cuba.

Otras sorpresas, o gallos tapados, han estado vinculados a este elemento carnavalesco, como lo son su uso en varias ocasiones por mujeres y la niña Taiyana de la Conga Paso Franco en el año 1997.

Sin embargo, no ha sido una práctica habitual por el gran esfuerzo que demanda –asegura la especialista-, generalmente las congas exhiben su virtuosismo en largas caminatas, visitas o invasiones, además de ser agotador el sonido intenso de los tambores.

La historia y los expertos reconocen a Nino, intérprete de la conga Los Hoyo y en los primeros años de la Orquesta los Tambores de Enrique Bonne, como el mejor tocador de corneta china de todos los tiempos.

En las diferentes manifestaciones del arte se ha utilizado este elemento como fuentes inspiradora, en el 1974 el artista de la plástica Suitberto Goire lo empleó en el primer cartel con fondo negro del Carnaval de Santiago de Cuba, y la orquesta santiaguera Sur Caribe lo ha empleado en la música popular bailable.

Por Jose Ricardo Loo Vazquez

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