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Raquel Leirós Rodríguez, Universidad de León

El orgasmo femenino siempre ha estado rodeado de creencias y mitos que a día de hoy están definitivamente desmentidos. A estas alturas no hay dudas de que el orgasmo, tanto de hombres como de mujeres, cumple una función a la vez psicológica y fisiológica. Tampoco cabe discusión en cuanto a que las mujeres tienen derecho a sentir placer sexual.

Por ello, los expertos en medicina sexual y los sexólogos deben difundir certezas sobre la base biológica del orgasmo femenino a todas las mujeres, no hipótesis ni opiniones personales.

El “orgasmo vaginal” no existe

Un claro ejemplo lo encontramos en el término de “orgasmo vaginal” u “orgasmo activado vaginalmente”. Ambos suelen emplearse para hacer referencia al clímax obtenido durante la penetración vaginal, sin estimulación directa del clítoris externo. Pero lo cierto es que el orgasmo vaginal no tiene ninguna base científica, ya que es un órgano poco sensible. De hecho, no tiene ninguna estructura anatómica que pueda provocar un orgasmo. Una evidencia de este fenómeno es que en mujeres con agenesia vaginal (ausencia congénita de la vagina), las respuestas sexuales de la vagina artificial son idénticas a las de la vagina normal.

Lo que sí sucede tanto en mujeres con vagina normal como con vagina artificial es que durante el orgasmo se contrae la musculatura perineal. En todas las mujeres se han identificado contracciones recurrentes de diferentes músculos perineales. Especialmente de los músculos bulbocavernosos e isquiocavernosos.

Ambos músculos discurren a ambos lados de la vulva (en el espacio delimitado por los labios genitales). Durante la excitación sexual (y la erección del clítoris) se contraen de forma involuntaria y continua favoreciendo la excitación y provocando la eyaculación femenina.

Al mismo tiempo, las alteraciones sexuales están asociadas a los síntomas del tracto urinario. Más del 40 % de las de las mujeres con infecciones urinarias recurrentes, incontinencia o prolapso de uretral sufren un deterioro en su vida sexual. Esto se debe a que las alteraciones uro-genitales suelen provocar libido baja, sequedad vaginal y disminución de la tasa e intensidad de los orgasmos.

Todos estos factores forman parte del círculo vicioso de alteración estructural y emocional que impide el desarrollo de una vida sexual plena.

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Vista anterior externa y vista anterolateral interna de la vulva.
Wikimedia Commons / OpenStax College / CFCF / Turdas, CC BY-SA

¿Qué tiene que ver el suelo pélvico con los orgasmos?

La hipotonía o debilidad del suelo pélvico y la incontinencia urinaria pueden llegar a interferir de forma directa en las relaciones sexuales. En ocasiones, las pérdidas de orina pueden producirse durante la penetración, durante el orgasmo o en ambos casos. El desplazamiento de la vagina (y de los músculos que la rodean) durante la penetración facilita que puedan ocurrir pérdidas de orina. En estos casos, es lógico esperar que, tras el ejercicio (adecuadamente pautado) del suelo pélvico, se mejore la sintomatología de estas mujeres.

De hecho, los músculos del suelo pélvico son responsables directos de la cantidad e intensidad de sensaciones que siente una mujer durante las relaciones sexuales. Así como de la intensidad del agarre o presión que siente su pareja durante la penetración.

Las contracciones rítmicas del suelo pélvico contribuyen a la excitación y a la capacidad de muchas mujeres para alcanzar el orgasmo. Los programas de ejercicio para el suelo pélvico mejoran el tono muscular y la circulación de los órganos pélvicos. Esto es especialmente importante para los músculos más pequeños del suelo pélvico, que son los responsables de engordar y erguir el clítoris cuando las mujeres están excitadas.

En consecuencia, el mantenimiento de la musculatura perineal en condiciones saludables de fuerza, resistencia y elasticidad favorece el desarrollo de relaciones sexuales satisfactorias. Por ejemplo, con los conocidos ejercicios de Kegel es posible entrenar y fortalecer los músculos perineales (entre ellos los músculos isquiocavernosos y bulbocavernosos). De hecho, se ha demostrado que estos ejercicios son un tratamiento preventivo del vaginismo de gran eficacia.

La fisioterapia y la salud sexual

Esto es solo un sencillo ejemplo de cómo la fisioterapia es útil para tratar y prevenir las disfunciones sexuales. Aunque también se han demostrado efectos beneficios de la aplicación de masaje perineal, de la aplicación de suaves estímulos eléctricos, del uso de instrumentos como las bolas chinas…

Como profesionales de la salud comunitaria, los fisioterapeutas participamos de la educación en hábitos saludables y la promoción del bienestar. Dado que la salud sexual es un componente integral del bienestar general, los fisioterapeutas de los diferentes niveles asistenciales tienen un papel importante en la prevención y tratamiento de las disfunciones sexuales.

Pero es necesario realizar un esfuerzo de divulgación y normalización de esta problemática. Empezando por la población general, dado que debido a la vergüenza y la incomodidad por la naturaleza íntima del problema, las pacientes pueden no ofrecer voluntariamente información sobre la función sexual a sus sanitarios de referencia.

En cuanto a los sanitarios, corresponde a los profesionales ser conocedores de la importancia y gravedad de las alteraciones sexuales y hacer las preguntas pertinentes a las pacientes con cuadros clínicos compatibles con posible afectación sexual.

Además, los sanitarios también deben proporcionar un entorno seguro y abierto en el que las pacientes puedan sentirse cómodas hablando de sus relaciones sexuales.The Conversation

Raquel Leirós Rodríguez, Profesora Ayudante Doctor en Fisioterapia, Universidad de León

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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