Lean esta interesante historia de Julio A. Martí que cuenta que la mata de mango bizcochuelo de la foto es la primera que existió y fue plantada en 1905.
Corría el año 1902 cuando el inmigrante y marino español José Burgos, radicado de manera definitiva en la zona de El Caney, Santiago de Cuba, fondeó su balandro en un puerto de la República Dominicana y partió directo a una casa de la comarca con la finalidad supuesta de visitar a una hija de dos años, de cuya madre, oriunda de aquel sitio, se había separado poco antes.

Como quiera que el vínculo amoroso entre ambos estaba definitivamente disuelto, Burgos solicitó la autorización de la confiada mamá para llevar a la niña a dar un paseo, lo que le fue concedido. Pero antes de la partida, la mujer dio a su hija un cartucho dentro del cual puso dos mangos para que los comiera si la hora de la merienda los sorprendía en la calle.

Así las cosas, el hombre regresó al puerto, introdujo a la pequeña en la embarcación, levó anclas, izó la vela y puso proa en dirección de las costas cubanas. Y ojos que te vieron ir…
A la par que las funciones marineras, Burgos desempeñaba las de labriego en un conuco de su propiedad, en El Caney de Cuba, y tuvo a bien sembrar las dos semillas de los mangos que la mujer había entregado a la niña, las cuales germinaron y según se dice comenzaron a dar los primeros frutos en 1905.

Pero se dio la gran sorpresa: aquellas frutas eran totalmente distintas a las ordinarias llevadas por la pequeña desde la tierra dominicana. Empezaron a cobrar fama y alrededor del año 1910 los cosecheros de El Caney adquirían los mangos de Pepe, como se les llamaba entonces, para sembrarlos en sus tierras y comercializarlos en los mercados de la ciudad.

Se cuenta que en 1918 llegó a El Caney una especialista norteamericana, estudiosa de los suelos, atraída por la fama de la región como Paraíso de las frutas tropicales.

Y probó los mangos de Pepe.

-¡Esto es un bizcocho! –aseguran que dijo la mujer–. Pongámosle bizcochuelo.

Desde entonces tomaron el nombre que los acompaña hasta hoy. El relato lo hace el sexagenario cosechero Rodolfo Borges, considerado el mejor productor de mangos de El Caney, lo cual equivale a decir del mundo, pues es ese sitio donde se recolectan los mangos de mayor calidad a escala global, según certificado emitido a favor del propio Borges. El enigma de esa comarca en cuanto a la excelencia de todo tipo de fruta cultivada en sus tierras, perturba a especialistas que hacen análisis de pH de los suelos, estudian la humedad de la región, la capa vegetal, la temperatura en diferentes épocas del año y emprenden otras prácticas científicas sin llegar a conclusión válida alguna, pues contando con iguales condiciones, ninguna otra zona del país cosecha frutos comparables a los de El Caney, aunque las semillas provengan de allí.

-No hay que romperse la cabeza pensando en el asunto– asegura Borges. El secreto está en los hondones del lomerío, donde hay humedad y una temperatura agradable. Y por supuesto, en la atención que se brinde a los cultivos, porque si usted sólo siembra y espera a que la fruta gotee, no obtiene un resultado satisfactorio.

Sin embargo el mismo Rodolfo Borges dice sentirse intrigado ante lo sucedido en la primavera de 2013, luego que las plantaciones fruteras de El Caney quedaron completamente arruinadas por las ráfagas del huracán Sandy, de gran intensidad, que en octubre de 2012 devastó literalmente la región santiaguera. -Pensamos que pasarían años antes de que se recuperaran las mangueras –dice-. Pero entonces ocurrió algo que nadie ha podido explicarse todavía: de los troncos y de las ramas gruesas, brotaban los mangos, como si se tratara de plantaciones de cacao. Y obtuvimos una buena cosecha. Lo expresado por este cosechero lo corroboran otros granjeros con quienes hablé. -Borges, dicen que en su finca existe todavía una de las dos matas patriarcales a las que se atribuye la variedad del bizcochuelo

-¿Quieres verla?
-Por supuesto.
-Vamos allá.

Transcurrida una hora de marcha a bordo de un tractor por lomeríos, cruce de arroyuelos y malos caminos, estamos ante el árbol legendario, protegido en su tronco por un respaldo de piedras que pretende prolongar su existencia patrimonial.

-¿Cómo atestigua usted la veracidad de la leyenda?

-Hombre, ahí está ella –dice, señalando el árbol–. Vieja, pero dando frutos todavía. Y Constancia, la niña secuestrada y parienta mía, murió longeva no hace tantos años y jamás desmintió la historia.

El escritor y conocido guionista santiaguero Félix B. Caignet, célebre por su serie radial El derecho de nacer, que inspiró las actuales telenovelas, compuso un son en 1929 que tituló Frutas de El Caney. Grabada y popularizada por el famoso Trío Matamoros en 1930, la tonada, con sabor a pregón, se sumó al repertorio de la inolvidable Rita Montaner, La Única, y es cantada hoy por los más notorios intérpretes de la música tradicional cubana.

El enigma de la porción privilegiada de la tierra santiaguera como el Edén de las frutas tropicales, lo resuelve Caignet con una ecuación facilista: donde la mano de Dios puso su bendición.