La primera corrida de Toros de toda Cuba, celebrada en Santiago de Cuba, la Santiaguera Plaza de toros, situada cerca del paseo Martí. no os asombréis de la historia.
plaza de toros«Fue Cuba el primer pais que abolió las corridas de toros antes de terminar el siglo XVIII, por ser impopulares, abusivas y sanguinarias con los animales”.
Aquí les presento la historia sobre Las Corridas de Toros en Cuba, y sobre ese personaje que tantos hemos invocado cuando se habla de algo imposible de lograr «Ni Masantín el Torero»plaza de toros
Hurgando en papeles y periódicos amarillos por el paso del tiempo, encontré que las corridas de toros celebradas en la Isla, durante el período colonial, nunca fueron aceptadas por la mayoría de los criollos. Así también les confieso el asombro por los numerosos debates públicos que igualmente se efectuaron en el período de la República, acerca de las temporadas taurinas.
Crónicas de la colonia reseñaron que la primera corrida de toros sucedió en Santiago de Cuba en 1538, en ocasión de la llegada del Adelantado Hernando de Soto. Años después tendría ocasión otras en La Habana, entre ellas la muy sonada de 1569 en honor al patrón de la capital, San Cristóbal y al Apóstol devenido en abogado defensor de los pobladores contra insectos.
Cuentan que los vecinos pidieron al cabildo la eliminación de los mosquitos, moscas, hormigas y bibijaguas que habían invadido las viviendas. Fue así que en reunión con las autoridades del gobierno y la iglesia se acordó solicitar la ayuda a un Apóstol, a quien -si sacaba los insectos de las casas- le dedicarían 32 corridas de toros entre sábado y domingo. Pero los fastidiosos bichos continuaron haciendo de las suyas, mientras que los toros por siglos, morirían en los ruedos aguijoneados.
En 1747 se realizó una gran fiesta taurina en Matanzas, seguida de otra muy espectacular en La Habana, en 1759. Con esta última, los peninsulares festejaron la corona de Carlos III.
A partir del siglo XVIII, se construyeron varias plazas de toros diseminadas por la región habanera.
Volviendo al tema de las corridas de toros, le diré que un rodeo fue levantado en la plaza principal de Regla, (1842-1855); otro lo emplazaron cerca de la Casa de Beneficencia (1853), y el ultimo se construyó en terrenos de Infanta, próxima a la calzada de Carlos III (1886).
La última construcción devino en la más resonada plaza de toros de 1887, al contar con la participación del famoso torero Luis Mazzantini. Los fanáticos desbordaron las gradas y no hubo diario que dejara de resaltar en primera plana el evento.
NI MAZZANTINI EL TORERO.
Uno de los personajes que a su paso por Cuba dejó huella en el refranero popular, fue el famoso torero “Masantín”. ¿Quién no ha dicho o escuchado en alguna ocasión lo de…”ni Masantín el torero?
Luís Mazzantini y Eguía nació en Elgóibar, País Vasco, en octubre de 1856. Según sus propias palabras, se hizo torero, porque… “En este país de los prosaicos garbanzos, sólo se puede ser cantante o torero, y yo no he sabido dar el do de pecho”… ahora de seguro agregaría también futbolista…
Hijo de un ingeniero italiano y de madre vasca, vivió y estudió en Italia durante su infancia y adolescencia, obteniendo el grado de bachiller en Artes. Regresó a España como secretario en el cortejo de Amadeo de Saboya. En busca de fama y dinero, decidió dedicarse al toreo. Su formación cultural, inusual en los toreros de la época, le hizo ganarse el apodo de “señorito loco”. Tras un periodo de novillero, confirmó su alternativa en Madrid, el 29 de mayo de 1884.
A Mazzantini, ya famoso y apodado “Don Luis”, se le recuerda por su singular personalidad dentro y fuera de las plazas. Fue muy popular en su época, vestía muy elegante y se codeaba con la alta sociedad. También tenía amigos artistas, frecuentaba la ópera y las tertulias literarias. Logró mejoras en los honorarios de los diestros. Mató casi 3000 toros y llegó a ganar seis mil pesetas por corrida en la última década del siglo XIX.
En la plaza prefería los trajes de luces de color verde, lo que fue objeto también de burla entre los periodistas, ya que durante un año completo utilizó un único terno de color verde bronce. Pero aún más polémico fue su modo de vestir fuera de los ruedos. Por primera vez, un torero va a utilizar el vestuario de la burguesía opulenta de la época y emplear un lenguaje rebuscado y quizás algo cursi. Fue un verdadero “fashion victim” de su época.
A finales de 1886 Mazzantini embarcó para Cuba con un contrato para 14 corridas, que ante el éxito se convirtieron en 16. Entre las plazas más recientes construidas a su llegada, estaba la llamada “Plaza de Toros de Belascoaín”, ubicada en la calle Belascoaín, entre las calles Virtudes y Concordia, a un costado de la entonces Casa de la Beneficencia. Y fue en esta donde Mazzantini demostraría su arte y valor en el ruedo.
Casualmente por esa misma fecha arribó a la capital cubana otra celebridad de aquellos tiempos, la actriz francesa Sarah Bernhardt, famosa además por sus excentricidades de Diva. Como era de esperar, la diva asistió a una de sus corridas, y cuando el matador ya había cumplida su faena y recorría la plaza orgulloso de su hazaña, cruzó su mirada con la misteriosa dama y ese contacto visual resultó suficiente para cautivarlo. Había encontrado un nuevo amor en La Habana, pero no uno cualquiera, sino el de una de las mujeres más codiciadas de su tiempo.
La hizo participar junto a los miembros de su compañía teatral en una “becerrada” y aunque dicen que ella corrió bastante, al final fue capaz de controlar el miedo. Los dos se hospedaron en el “Hotel Inglaterra” y Mazzantini hasta olvidó su principal objetivo en la capital. Sus presentaciones posteriores al encuentro con Bernhardt dejaron mucho que desear. Incluso se comenta y recuerda con más frecuencia ese romance que su labor en el ruedo. La noticia del posible romance entre el torero y la diva se esparció con rapidez por toda la capital y llegó hasta Europa.
Mazzantini intimó con lo más florido de la sociedad cubana y alcanzó tal notoriedad que, según un cronista de la época, impuso modas y costumbres y dio su nombre a las marcas más selectas de cigarros. Se convirtió en el centro de atención en las reuniones de los cubanos de esa época y su forma de vestir fue moda en la capital. Se vendieron camisas, pantalones, trajes y cualquier accesorio que recordara su aspecto. Era “el hombre del día”.
Ya en Madrid, en 1905 muere su esposa y decide abandonar definitivamente los ruedos. Acorde a su temperamento, se corta la coleta y la anuda a la muñeca de la difunta antes de sepultarla. Le jura no torear nunca más, y lo cumple. Retirado, Mazzantini desarrolló una brillante carrera política. Fue concejal en el Ayuntamiento de Madrid, teniente de alcalde, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de Guadalajara y Ávila.
Evidentemente, la palabra “imposible” no estaba en su vocabulario. Fue un hombre que alcanzó todo lo que se propuso, tanto en lo personal como en lo profesional, en cualquiera de sus facetas.
El refrán utilizado en Cuba, tiene su origen tanto en el valor y la destreza de este torero como por sus cualidades de galán y afortunado. Se dice cuando algo es realmente imposible… cuando no se puede lograr…que no lo puede “ni Mazantín el torero”…
Por Orden Militar 187, el 10 de octubre de 1899, bajo la primera ocupación norteamericana, en Cuba fueron prohibidas las corridas de toros. Para borrar todas las muestras posibles de la propia identidad hispánica de Santiago de Cuba e iniciar su transculturalizacón hacia la cultura anglosajona que pretendía mantener Cuba como colonia.
No obstante, por mucho tiempo hubo manifestaciones en contra o a favor de la medida.
En las pocas ocasiones que lograron violar el acuerdo oficial, como en 1947, los empresarios ponían en venta los boletos con precios mínimos, entre seis y ocho pesos la entrada, pues conocían que tan solo por la curiosidad hasta las personas más pobres acudirían al espectáculo. Una foto publicada en Bohemia del año mencionado, revela la imagen del público presente en el estadio separado por sexo, o sea que en una parte se sentaban los hombres y en la otra, las mujeres.