Las vacunas, aliadas de la salud global

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Cristina O’Callaghan-Gordo, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Durante las últimas décadas se han alcanzado los mejores indicadores de salud de la historia de la humanidad. Por ejemplo, una mayor esperanza de vida y una importante reducción de la mortalidad infantil.

Sin embargo, estas mejoras se han logrado a través de la sobreexplotación de recursos naturales. Esto ha generado altos niveles de contaminación ambiental, un aumento de la temperatura media global, la pérdida de millones de hectáreas de bosques primarios y una pérdida de biodiversidad nunca vista antes en la historia de la Tierra. Con todo, la crisis climática y ambiental se ha convertido ya uno de los principales riesgos para nuestra salud.

Para afrontar y mitigar los efectos de esta crisis es necesario reformular diversos sistemas de nuestra sociedad. Entre ellos, el sistema sanitario. Pasar de una medicina curativa a una medicina preventiva supondría importantes beneficios para nuestra salud y para el planeta.

Hacia un sistema sanitario menos contaminante

La huella de carbono de los sistemas sanitarios representa aproximadamente un 5 % de la huella de carbono total, siendo equivalente a la huella producida por los sistemas alimentarios.

Dentro de este sistema, los hospitales son los principales contribuyentes a la huella de carbono. Pueden llegar a ser, en algunos casos, los responsables de más del 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Ante estos datos es evidente la necesidad de hacer cambios. En primer lugar, convertir los hospitales en centros ambientalmente sostenibles. En segundo lugar, promover un cambio sistémico para reducir la dependencia en la medicina curativa y promover la medicina preventiva.

Existen varios modelos que ayudan a disminuir la huella ambiental de los hospitales sin comprometer la calidad de la asistencia sanitaria. Por ejemplo, con acciones relativamente sencillas como mejorar la eficiencia energética de los hospitales revisando el aislamiento térmico o la iluminación.

También sería beneficioso contar con una flota de vehículos de transporte sanitario más eficientes. Incluso aplicar criterios de sostenibilidad en la adquisición de material. Todos ellos son ya un buen paso para reducir la huella de carbono.

La medicina preventiva, una pieza clave

Diversos ejemplos ilustran cómo la medicina preventiva puede reducir la dependencia en la asistencia hospitalaria. Por ejemplo, las políticas para mejorar la dieta o reducir el tabaquismo reducen los ingresos por enfermedades cardiovasculares y cáncer. Asimismo, la vacunación reduce las hospitalizaciones por enfermedades infecciosas. De hecho, las vacunas se han demostrado como una de las estrategias más eficientes para mejorar nuestra salud.

Incluso en el caso de vacunas con efectividad y cobertura moderada, se reduce de manera importante el número de hospitalizaciones. Por ejemplo, la vacuna de la gripe del 2017-2018 evitó más de 91 000 hospitalizaciones en Estados Unidos. Incluso a pesar de tener una efectividad del 40 % y de que solo un 40 % de la población estuviese vacunada.

Con la próxima llegada de una vacuna contra la covid-19, es importante recordar que las vacunas, así como otras medidas enfocadas en la medicina preventiva, son claves para mejorar nuestra salud pues minimizan el impacto medioambiental de los sistemas sanitarios. Podemos afirmar, por lo tanto, que las vacunas son medidas plenamente alineadas con el concepto de Salud Planetaria.

La crisis climática, un riesgo para la salud global

Es necesario tener presentes todos estos datos dado que la crisis climática y ambiental que hemos alcanzado pone en riesgo las mejoras logradas a nivel de salud global en los últimos siglos.

La contaminación ambiental es responsable de más de 9 millones de muertes anuales y causa aproximadamente el 20 % de los casos de cáncer y el 30 % de las enfermedades cardiovasculares y de las enfermedades respiratorias crónicas.

Además, la crisis climática tiene muchos otros efectos negativos sobre la salud: mortalidad por las olas de calor, malnutrición por la pérdida de cultivos causada por las sequía y expansión de enfermedades trasmitidas por insectos, entre otros.

El cambio de usos del suelo y la pérdida de biodiversidad plantean también importantes riesgos. Por ejemplo, facilitan la aparición de nuevos patógenos. De hecho, el número de enfermedades infecciosas emergentes se ha triplicado en las últimas décadas. Además, se estima que surgen cinco nuevas enfermedades infecciosas anualmente. Todas ellas con el potencial de convertirse en pandemias como el Sars-CoV-2.

La salud de la humanidad depende de los sistemas naturales de la Tierra y, por lo tanto, cualquier acción que tomemos para mejorar nuestra salud, tiene que garantizar la preservación de los sistemas naturales.

Por tanto, podemos afirmar, que la estrategia de sobreexplotación del medio para mejorar nuestra salud no es válida. Tenemos que adoptar ya la visión propuesta desde la Salud Planetaria, que pretende conseguir el máximo nivel de salud, bienestar y equidad alcanzados en todo el mundo respetando los límites de los sistemas naturales de la Tierra, reconociendo que para conseguirlo hay que prestar atención también al ámbito político, económico y social.The Conversation

Cristina O’Callaghan-Gordo, profesora agregada de Ciencias de la Salud, UOC – Universitat Oberta de Catalunya

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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