Lenguaje de géneros

Aunque en estos no son tiempos para festejar, de todos modos, el pasado 23 de abril celebramos el día del idioma español, instituido en honor a Miguel de Cervantes y Saavedra. Me parece una buena oportunidad para hablar de nuestra lengua, de una de sus desviaciones: el lenguaje de géneros.

Su sola existencia constituye una vergüenza, una muestra de marginalidad, de discriminación que en este caso ataca desde lo más hondo pues la victima que lo origina es lo más preciado: la mujer.

La discusión sobre el lenguaje de géneros es insistente. Tiene una raíz: la tradicional subordinación social de la mujer. Se habla de lenguaje de géneros como si al hablar de lenguaje este concepto no incluyera al anterior.

La realidad violenta y desigual del mundo en que vivimos y su difusión través de los medios contribuye: constantemente tenemos noticias sobre femenicidios, un crimen que mata mujeres e ideas, de violencia machista,de desigualdades donde las féminas suelen llevar la peor parte.

Hay quienes se burlan de los intentos de afianzar el lenguaje de géneros, pero es asunto muy serio que no debe valorarse con ligereza sino a partir de contextos. Ni siquiera la Real Academia de la Lengua, que hizo concesiones tremendas, contrarias a su rancio inmovilismo y aceptó el tuiteo, asume el lenguaje de géneros. El tuiteo debió ser considerado porque se ha impuesto y asumirlo era necesidad aun cuando contradice el carácter eminentementesocial de la comunicación porque tuitear es una acción individual.

Sin embargo, la academia no admite el concepto de matrimonio entre personas del mismo sexo, que es un tema también polémico pero que gana espacio. Los académicos polemizan sobre estos asuntos; da la impresión de que le sobra tiempo. Vamos a ver qué se hacen ahora con la palabrasororidad entendiéndola como una manifestaciónresultante de la desigualdad en contra de la mujer y la necesidad de que ellas mismas dinamicen el concepto mayor de solidaridad.

Wimpi fue más lejos,másclaro y sintético como lo exige la lengua. Si patrimonio, dice, es un conjuntodebienes, matrimonio es un conjunto de males y aúnmáscategórico cuando añade: no es difícil morir por la mujer amada, lo difícil es vivir con ella y Pérez-Reverte sube el tono a la burla y al modo como el lenguaje de géneros contradice la tendencia de la lengua haciala síntesis porque su utilización implica gastar más saliva y disponer de más espacio.

Si nos atenemos al lenguajede géneros, para ser justos, afirma, habría que decir chofer y chofera, soldado y soldada, clientes y clientas, jóvenes y jóvenas, responsables y responsablas, votantes y votantas. Por esos andurriales anda el lenguaje de Cervantes quien seguramente se hubieraavergonzado del maltrato a la pulcritud de una lengua que el contribuyó a fomentar. Mas, insistimos, el llevado y traído lenguaje degéneros, que nunca debióexistir es un asunto complejo, que trasciende la discusión léxica pues entronca con la discriminación de la mujer.

El caso cubano difiere de la realidad dominante en otrospaíses nuestros, cuyas particularidades instan a aceptar el lenguaje de géneros como defensa de la mujer. En Cuba no es necesariodefender lasféminas; aunque quedan algunas rémoras, rezagos que habitan en mentes recalcitrantes ancladas en el pasado. Cuba tiene una historia donde la mujer desde la época de los mambises fue protagonistay participó decisivamenteen unaRevolución que le otorgó todos sus derechos en tal grado que la sociedad cubana actual es inconcebible sin la mujer.

Creo que el tema del lenguaje e géneros aún, con el por ciento de irracionalidad que contiene no debería mover a la risa sino a lareflexión. Su existencia es adventicia y refleja la persistencia de la desigualdad de la mujer que en el contexto latinoamericano es una realidad punzante y vergonzosa. En Cuba no hace falta ser científico para comprobar que la mujer es prioridad. En mi opinión entre nosotrosel lenguaje de géneros no debería constituir una prioridad que en otros países nuestros se justifica. Aún así nadie tiene el derecho a mutilar la hermosa lengua que hablamos y que tanto trabajos ha costado construir.

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Author: Osmar Álvarez Clavel

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