León Estrada no se graduó de Letras, ni de Filología, pero nadie como él para darle valor a la historia de la Literatura de Santiago en los últimos quince años. Con él he compartido presentaciones de libros y momentos tristísimos de la literatura cubana y las mayores alegrías. Conocer a León Estrada ha sido para mí unos de los regalos de la vida. Hoy quiero recordar una tarde de abril de 2014 en la Librería José Antonio Echavarría; reviso ahora aquellos apuntes. Según León, en su familia no hay tradición literaria, aunque su padre le dijo que una tía de él improvisaba décimas. El primer poema lo escribió una noche de aquellas, cuando entró al servicio militar en Angola. Llenó una libreta de versos durante dos años. Al regreso a Cuba, en diciembre de 1982, compró sus primeros libros.

En la sede de la Uneac santiaguera fue que León conoció a la poeta Teresa Melo y ella le sugirió leerse a Julio Cortázar. Él también leía mucho a José Martí. Martí, siempre Martí. León Estrada habló sobre La Escalera, aquel grupo de muchachos que se reunían para dialogar de temas culturales y leerse poemas, y aclaró, que allí se hablaba con franqueza.

Los que lo conocemos hoy entendimos su pasión por la edición de libros y revistas, su entrega a tantas fichas para luego volcarlas en volúmenes, en selecciones de sonetos, poemas, pequeñas valoraciones críticas. Su antecedente de editor estuvo primero en Tomacorriente, una revista que hizo escrita a manos, y este mismo nombre lo llevó luego al suplemento Perfil de Santiago, del periódico Sierra Maestra. También los que lo escuchamos supimos que la juventud es el periodo que más debe aprovecharse. Conocimos, en la voz de León Estrada, que estudiaba en las noches en la Facultad Obrera Campesina. La juventud, afirmó, le permitía hacer todo eso.

Otro antecedente que quedó revelado fue el del Diccionario de escritores santiagueros. Cuando León Estrada dirigía la sección de Literatura de la Asociación Hermanos Saíz le pidieron hacer a máquina una base de datos, y comenzó a hacer las fichas y las fue guardando y enriqueciendo. Desde entonces tiene esa manía de fichar y guardar detalles de libros y autores.

León se refirió también a los inicios de Ediciones Caserón y al periodo de Jorge Luis Hernández, donde publicó su primer libro. León tiene poemas inéditos, pero no ha podido revisarlos, incluso ha dejado de leer sus poemas; afirma que la investigación le quita mucho tiempo y le da más placer y diversión. Hay quienes piensan ahora que León Estrada es solo un investigador literario.

Ahora, unos años después, cuando se celebran los 505 años de la Fundación de la ciudad, reviso estos apuntes y miro en el librero todos esos libros que ha preparado León para atesorar y proteger la historia literaria de Santiago y de Cuba. Él, que no se graduó de Letras ha tenido la mejor voluntad para fichar y apuntar en libretas a rayas y con tinta azul o negra, lo que sucede con libros y autores de esta urbe; y ahí queda, por ejemplo, Santiago Literario con casi mil cuartillas, aunque no todas fueron al libro definitivo. Luego han aparecido selecciones y antologías que siguen dándole vida a la literatura cubana y a sus autores.

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Este artículo fue publicado primeramente en Claustrofobias Promociones Literarias

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Author: Yunier Riquenes García

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