Lina De Feria: ciertas conjeturas

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Por: Reinaldo Cedeño Pineda

Tomado de: Caimán Barbudo.

Después de tanta jungla y de tanto safari y tantas soledades, después
de haberla visto asomar por la ventana oblicua de su casa en la calle
Línea, de haber compartido un solemne plato de arroz y frijoles con ella
y con su hermana Dulma, después de… todavía me sigo preguntando cuál
fue el verso, aquel que me conectó un día con Lina de Feria (Santiago de
Cuba, 1945). ¿Será este que llevo marcado?

(…) cuando me pasaron por encima
las enormes patas de los elefantes
recordé aquel minuto en el que quise tensar
un álgido hilo para que fueran bailarinas
al estilo de la vieja edición del mago Disney… [1]

Todo se recompone en un mosaico. Curiosamente, el año en que nací,
1968: el de la Primavera de Praga y de la “ofensiva revolucionaria” en
Cuba, el mismo en que comenzaron las bombas del Norte sobre el bambú
vietnamita, en que cayó Martin Luther King en defensa de su sueño; Lina
de Feria publicó su primer poemario Casa que no existía. El
libro mereció el año anterior el premio David, lo fundó. Ella también
acariciaba un sueño, el de todo poeta, y permítanme un préstamo: “echar
sus versos del alma”.

Pasaron años, pasaron muchas cosas, antes de que un día tocara en su
apartamento. Quería traer para las ediciones Caserón de la UNEAC de
Santiago de Cuba ―que entonces dirigía―, el libro Contra los cadalsos,
de Libertad Dearriba (1953-1969). Era coherente, era justo. Ella y su
hermana depositaron el libro en mis manos y aquel tesoro núbil, después
de muchos avatares, vio la luz. Volaba al fin, Libertad Dearriba sobre
todos los prejuicios, sobre todos los olvidos. Nunca tendré palabras
para agradecerle.

Gracias a ese paso inicial, y al del poeta León Estrada y la
diseñadora Marta Mosquera, se recuperó una voz trunca para la lírica
cubana, hasta entonces desgajada en alguna revista, sobrevolando la
ciudad cual un espectro.

En el prólogo del libro de aquella muchacha de nombre tan tremendo, que tan cercana le fuera, Lina de Feria apuntó una frase: “Libertad no ve la vida simple, sino el hueso de la vida”. Doce palabras en la que se funden la metáfora luminosa de la poeta con la mirada escrutadora de la analista. Ella sabe lo que habla, muchas veces también ha tocado el hueso. En similar tono está escrito el libro: La conjetura crítica, noventa páginas de la Editorial Extramuros, La Habana, 2015. Una edición de Lourdes Cairo, que aflora a otra Lina. Otra, a consecuencia de la misma. Ahora que el Premio Nacional de Literatura se honra con sumarla a la lista de galardonados, que no queden a la zaga estos apuntes críticos, ante su obra lírica.

La primera página de este volumen está dedicada a la Avellaneda, ¿a
quién mejor que a esta genial transgresora? “Untada de mar iría a
España… el suelo patrio la concebía, y su sexualidad era totalmente
idiosincrática. Se guiaba por el temperamento, todo era a grandes
saltos, como las parcas de Goya”. Así afirma la autora. Esa es su Tula.
El personaje pasa por su tamiz, deja la estela, exprime la savia y
sigue.

La conjetura crítica es una paleta de diferentes
tonalidades, de múltiples impresiones. Caben en ella “la dosis de
sabiduría, la puntual inteligencia” de Beatriz Maggi, la perenne
angustia de Ángel Escobar; la callada, la augusta reserva de Serafina
Núñez ante aquellos que “empujaban las ventanas” para publicar, si era
preciso. Cabe el espíritu del poeta holguinero, el ya mítico Delfin
Prats, entre el esplendor y el caos, como bien se titula un documental
sobre su vida. “Buscaríamos tal vez que el poeta no fuera tan
sufriente”, apunta Lina. Ojalá las circunstancias no lo hubieran sido,
anoto. Su poesía “gotea”, es “no de vanguardia o postmoderna, sino de
cala humanísima”, subraya.

En La conjetura crítica, la autora se abre a la recopilación No hay que llorar,
de Arístides Vega Chapú, libro sobre esa crisis llamada noblemente
“período especial”. Y se detiene, súbitamente. Como una ruptura, hurga
en su propia historia, en su supervivencia, en las salvadoras hojas de
naranja con que ella entretenía su estómago allá por los noventa…

Asimismo, sus letras tocan a Julián del Casal, curiosamente no a lo
preterido, no a la desolación; sino a su futuridad. “Venía por la
vertiente distinta, la oscuridad era luminosa para él”, escribe.
Ilumina, diría yo. A Fariñas, al pintor devenido poeta, le bautiza como
“artífice de fino hilo”; al venezolano Edmundo Aray, en su libro Versos de Manuela
de la Colección Sur, le valora la construcción de altos quilates; a
Carmen Serrano le descubre los “pájaros de fuego stravinskianos”, y A
Rito Ramón Aroche, la “engendración de lo poético… el rompimiento… la
imantación de los sonidos”.

En La conjetura crítica, la metáfora se sumerge. El libro
reúne en un solo corpus, reseñas, ensayos (más o menos cortos, más o
menos largos), y también artículos publicados aquí y allá, que han
ganado ahora nueva dimensión. La autora se expande, se arriesga,
calibra, justiprecia lo que se mueve alrededor de las letras. Ora va a
lo clásico, ora a lo contemporáneo. Hay un desprendimiento, una voluntad
de acompañamiento, un afán por develar lo que cree merecedor de
reconocimiento.

Sé que pretendo mucho, pero más que estas palabras, quiero que le
llegue con ellas, el abrazo de un amigo. Un abrazo capaz de arrinconar
las sombras que alguna vez quisieron cobijarle. Y vuelvo allí, a su
ventana oblicua, a la tertulia íntima, a la pequeña sala, para escuchar
aquellos versos que desgrana para su hermana, como una oración…

(…) a mí no me basta con la ley de la herencia
hermana mía.
conseguir el hábito era un reto distinto
un largo viaje duro y eterno.
ligarme a ti por el destino íntegro.
con álbum familiar, sin cobros,
era saber conservar la sabia cicatriz
de los terrores conjuntos
o el momento en que aprendimos a hacer silencio para que
otros
nos diesen las indicaciones de cómo vivir sobre la tierra
                                                  —cosa sin importancia—
aunque por dentro quedaran las palabras
que sólo en días como hoy o cuando estás enferma
puedo decir coherentemente.[2]

Tomado de: La Jiribilla

Notas:

[1] Fragmentos del poema “Evocación No.5”, en Lina de Feria: Antología boreal, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007, p. 62.

[2] Fragmentos del poema “A Dulma”, en Lina de Feria: Antología boreal… pp. 107-108. Hemos respetado la puntuación escogida.

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Author: Redacción Digital

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