Han trascurrido 45 años de que El hombre de Maisinicú tuviera su estreno. Como muchos recordaran la obra dirigida por Manuel Pérez Paredes —la cual constituyó su primer largometraje de ficción— nos relata como en los primeros meses de 1964, en las montañas del Escambray, subsistieron bandas contrarrevolucionarias. Y fue en ese contexto, cuando es hallado el cadáver del administrador de la finca Maisinicú, Alberto Delgado, colgado en un árbol.

Muchos ignoraban que Alberto Delgado era uno de esos hombres que a lo largo de 14 meses infiltrado en el enemigo, armado solo con su inteligencia, valentía y firme convicción ideológica, contribuyó decisivamente a la captura de dos bandas completas con sus respectivos cabecillas. Sin embargo fue torturado y vilmente asesinado por otro sanguinario líder de una banda, que sospechó de él.

Las investigaciones que se realizan para descubrir las motivaciones del crimen y sus ejecutores nos revelaron una atmósfera de intensa lucha de clases y una personalidad cuyas actividades y conducta política son objeto de contradictorias evaluaciones… Tres años después, la historia de Delgado pudo ser divulgada: todos sus asesinos fueron severamente castigados, y el “hombre de Maisinicú”, ascendido póstumamente al grado de Teniente.

El día que el héroe fue asesinado, Pérez Paredes se encontraba en un barco dispuesto a filmar la captura de Cheíto León, uno de los jefes bandidos, gracias a la operación que le prepararon. Haber vivido parte de la organización de aquella acción, entusiasmó al cineasta a entrevistarse con los que habían sido capturados en las operaciones precedentes.

Casi una década después —cuando el caso ya había sido recreado en Sector 40, un popular programa televisivo—, el realizador materializó su proyecto de filmar la historia y sus vivencias. Según apuntan los especialistas los resultados son meritorios por el nivel de realización y efectividad alcanzadas en el logro de un ritmo in crescendo que confiere al metraje cierto suspenso, factor determinante, pero no gratuito, para atrapar el interés.

Precisamente, sobre esta cuestión escribió en Ecran el crítico francés Marcel Martin: “El estilo ‘policíaco’ del filme es particularmente eficaz, tanto al nivel del suspenso dramático (escenas de acción rápidas y violentas) como al del reportaje en ‘directo’ autentificado por los documentos y testimonios”.

Desde que un letrero enmarca la acción en los créditos, impactantes imágenes de violencia sirven para situarnos en tiempo y espacio; la voz de un narrador es otro elemento que el director toma del cine documental como soporte eficaz y, al mismo tiempo, distanciador, como reseña el periódico Cinco de Septiembre.

El lenguaje crudo de los personajes subraya vigorosamente el realismo del filme —titulado inicialmente Trasbordo. La notable fotografía —del experimentado Jorge Herrera, un maestro de la cámara en mano— apela al plano secuencia en muchos momentos, apoyado por un sonido directo que le otorga un sabor de autenticidad, mientras que la música de Leo Brouwer utilizada, asume una fuerza expresiva.

Sergio Corrieri, actor con una sólida formación teatral y escasa trayectoria en el cine si exceptuamos su brillante labor en Memorias del subdesarrollo, logró una precisa caracterización del personaje protagónico al que los guionistas no dibujaron como el héroe omnipotente, sino con todas sus contradicciones. En los papeles de los cabecillas de las bandas estuvieron otros indudables intérpretes: Reynaldo Miravalles, Adolfo Llauradó y Raúl Pomares, sin descuidar a los encargados de los secundarios.

Al decir del realizador del El hombre de Maisinicú “el Escambray era un escenario cruel, duro, complejo… Yo quería ser fiel a las vivencias que había acumulado”. Esos asuntos se convirtieron en motivaciones para relatar el heroico batallar anónimo de Delgado, lo que llevó una minuciosa investigación.

En tal sentido Pérez Paredes destacó el arduo trabajo del equipo de artistas y técnicos, y señaló como el encanto personal y talento de Corrieri fueron decisivos a la hora de seleccionarlo para interpretar al combatiente. Agregó que no atendió a similitudes físicas, sino también al amplio diapasón que lo capacitaba para representar a una figura tan especial.

Todo lo descrito y más respalda los premios obtenidos por la película: seleccionado entre los filmes más significativos del año (1973) en que se publicó, Premio a la mejor actuación masculina a Sergio Corrieri, Mención de Honor de la FIPRESCI, Premio de la revista Pantalla Soviética. Festival Internacional de Cine de Moscú,

Una de las reseñas más hermosas de El hombre de Maisinicú es la del célebre cineasta brasileño Glauber Rocha, quien escribió que “es una excelente película cubana precisamente por los motivos que irritó a los críticos de la extrema izquierda europea: la cinta de Manuel Pérez es una deconstrucción y una reconstrucción del cine americano, estructurada en las contradicciones políticas de la propia revolución, lo que queda demostrado con las palabras de Fidel al final de la película. La cinta es un excelente modelo del neorrealismo socialista tropical, de ahí su originalidad”.

La entrada Los 45 de El hombre de Maisinicú aparece primero en Portal del Arte Joven Cubano.

Ir a la fuente
Author: Yuniel Labacena

Powered by WPeMatico