Misericordia, de la doctora Olga Portuondo, recuerdos del 47

El libro Misericordia, de la doctora Olga Portuondo, Historiadora de la Ciudad, cobra hoy especial relevancia y constituye una manera de ampliar una realidad imposible de obviar.

Después de más de 24 horas de casi incesante actividad sísmica, con unos 500 terremotos, de los cuales 19 han sido perceptibles, los pobladores de la urbe y de buena parte de la provincia tienen este lunes más presente que nunca el hecho de habitar la zona sismogénica principal del archipiélago cubano.

Quizás en una reedición de su valioso texto, la Premio Nacional de Ciencias Sociales deba incorporar estas jornadas de anómala actividad telúrica, iniciadas a la 1:37 del domingo último y que por momento parecían no tener fin.

Aunque la situación se torna más tranquila y las personas retornan a sus rutinas, persiste cierto nivel de expectación que solo las horas y la serenidad del suelo acabarán de despejar.

No puedo negar que al hojear sus páginas, en estas circunstancias, sea inevitable algún que otro escalofrío porque impactan las imágenes, las anécdotas y el amplio recorrido de la investigadora por siglos de lidia obstinada y persistente de los lugareños con ese raro privilegio que le otorgó a su tierra la Naturaleza.

Por eso la dedicatoria no podía ser otra: Al santiaguero de todos los tiempos, por el medio milenio de su permanente resistencia en el mismo espacio.

Desde su publicación, en el 2014, y aunque su tirada inicial fue de solo cinco mil ejemplares, el volumen ha tenido una entusiasta acogida en el país y, sobre todo, entre los santiagueros, quienes agradecen una obra que les ayuda a conocer más ese significativo componente de su idiosincrasia y prepararse mejor ante ello.

En el prólogo, el reconocido sismólogo, doctor Tomás J. Chuy, recomienda esta lectura a especialistas y público en general porque contiene una breve historia sísmica del territorio y de forma amena e interesante se adentra en la evolución del monitoreo y la ciencia sismológica en el país hasta estos tiempos.

Capítulo aparte merece el primer capítulo, llamado El miedo telúrico, en el cual la relevante historiadora evoca el recuerdo de su primer terremoto, en 1947 y en una casona de madera del reparto Sueño, cuando con apenas tres años escuchó por primera vez aquel grito de espanto que clamaba í Misericordia !