Olga Portuondo Zúñiga: “No creo en temas insignificantes”

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Buscadora en archivos aquí y más allá, Olga Portuondo Zúñiga hace libros sobre la ciudad y los hombres que han dejado en ella huellas indelebles, rescata palmo a palmo la historia de Santiago de Cuba. Es una profesora incansable, Doctora en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC y de la UNHIC. Olga Portuondo Zúñiga investiga largos días y noches. Coautora de Síntesis histórica de la provincia Santiago de Cuba, aspectos fundamentales (1996) y coordinadora de los libros Santiago de Cuba en su 485 Aniversario (2001); Ciudadanos en la nación I (2002) y Ciudadanos en la nación II (2003). El Egipto antiguo, 1985; Entre esclavos y libres de la Cuba colonial, 2003. La virgen del Cobre; símbolo de cubanía, 1995. Santiago de Cuba, desde su fundación hasta la Guerra de los Diez Años, 1996. El Cobre: santuario nacional, 1997.

Olguita, como muchos le llaman, tiene una reconocida trayectoria como docente e investigadora, y ha publicado textos como José Antonio Saco: eternamente polémico, Una derrota británica en Cuba, o Un Liberal cubano en la corte de Isabel II, entre otros. Ha sido merecedora del Premio Nacional de Historia 2005, Premio Nacional de Investigación 2006, y en reiteradas ocasiones la han distinguido con el premio de la crítica científico técnica. En 2010 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales y es aceptada como miembro de número de la Academia de Historia. Recibió el Premio Maestro de Juventudes que entrega la Asociación Hermanos Saíz.

 Olga Sarina Portuondo Zúñiga nace en Camagüey en 1944 y es la Historiadora de la Ciudad. ¿Desde cuándo asumió la patria personal en Santiago de Cuba?

Nací en Camagüey el 27 de mayo de 1944. Decía mi mamá que a las 6 de la mañana. No fue casualidad, mi mamá era de allí y mi papá la conoció durante su trabajo en Minas. Mi abuelo era juez de paz en este pueblo al que siento no haber regresado más desde que era niña. Vine a Santiago de Cuba cuando tenía año y medio de edad. De manera que, por mi ancestral familia paterna santiaguera y por el tiempo que llevo aquí me considero de esta parte de acá; pero no puedo olvidar que me eduqué entre mis tíos y tías-abuelas camagüeyanos que me enseñaron el voceo y la cocina propia. Al final todo es Cuba.

¿Cuáles son tus recuerdos en el colegio Herbart?

Los recuerdos del colegio Herbart y Juan Bautista Sagarra son maravillosos. Allí hice mis primeras amistades y los maestros intentaron instruirme en la disciplina semi-militar que regía. Muchas veces me castigaron porque era muy intranquila. Muy hermosa era la educación patriótica en sencillas conferencias donde se hablaba de José Martí y se representaban escenas de su vida juvenil, cuando se hablaba de los estudiantes de medicina fusilados y del acto de nobleza de Federico Capdevila, o cuando las paradas de los días de actos públicos: había que vestir el uniforme de gala y marchar en orden por las calles de la ciudad. Como vivía, y vivo, cerca del cuartel Moncada presencié parte de las operaciones militares durante los acontecimientos del 26 de julio de 1953 y en general, muchas de las acciones represivas y del estado de sitio de la tiranía. En la escuela me sorprendió el 30 de noviembre de 1956. Desarrollamos la memoria y aprendimos bien las matemáticas. Figúrense en Herbart y Sagarra estudié desde la preprimaria hasta el cuarto año de bachillerato en que se cerraron los colegios privados. El quinto año lo hice en el Instituto de Segunda Enseñanza.

¿De dónde viene la vocación de historiar?

Cuando llegué a Santiago de Cuba residí en una casa de huéspedes de arquitectura colonial. Me fascinaba el patio de aquella casa y nunca podía conciliar el sueño porque escuchaba voces por toda la casa. Tal vez me reclamaban que debía hacerles su historia. Desde el bachillerato me atraían las carreras humanísticas. Me gustaba Filosofía y Letras. También leía muchos libros, pero generalmente clásicos de la literatura.  Todas mis compañeras de los años matricularon carreras de ciencias, pero yo derivé hacia la Historia cuando la Reforma Universitaria de 1962 creó Letras e Historia en la Universidad de Oriente.

¿Y la pasión por la enseñanza a qué se lo atribuyes?

Enseñar es transmitir lo que uno conoce para intercambiar opiniones con los demás. Es la esencia del progreso humano. Así que supongo que mi vocación de maestro viene de esa necesidad de comunicación y de aprehender el saber del otro. Porque los alumnos le enseñan mucho a uno. Enseñar es una manera de aprender. Por ejemplo, cómo explicar para que se nos entienda, también se les ocurren a los estudiantes preguntas que uno no siempre se hace, etc. Así que si de algo me siento orgullosa es de mis varias generaciones de alumnos por más de cuarenta años que hoy son profesionales útiles al país.

Durante casi tres años antes de graduarme ya impartía clases como instructora no graduada. Empecé con las Historias Generales en el Instituto Pedagógico Frank País que entonces radicaba en la loma de Quintero. El último año de mi carrera, por la falta de profesores que habían abandonado el país, ya daba clases de Historia de la Antigüedad en el Primer Año de la carrera de Historia. Así que estudiaba y hacía de profesora, lo que era muy común entonces en la Universidad.

Estudias Historia y te quedas un largo tiempo en la Universidad de Oriente. ¿Cuáles son los mejores y los peores momentos de este periodo?

 Mis mejores recuerdos de la Universidad de Oriente son aquellos que están vinculados con mis alumnos y con la posibilidad de enseñarles ética y conocimientos. Hoy fueron y son mis colegas y amigos. De la mayoría he recibido una cálida amistad durante años. Mis malos recuerdos están relacionados con lo que creía y creo la defensa de mis principios y de mis criterios de identidad nacional. He logrado olvidar muchos agravios, otros aún los tengo presentes porque me han servido de lección para mejor actuar sin arrogancias con mis semejantes.

Tu mayor peso en las investigaciones está dirigida a la región caribeña, el oriente cubano, y Santiago de Cuba. ¿Por qué?

Empezaré por el final de tu pregunta. Desde mis primeras investigaciones en Historia de Cuba descubrí lo pobres que eran los conocimientos en la historia de Santiago de Cuba, contenidos cruciales quedaban soslayados, en general ocurría así con toda la historia de la región oriental. No creo en temas insignificantes, todo depende como uno lo aborde. Y mira que es importante conocer las esencias económicas y políticas del oriente de Cuba para la cultura en general del país. Así que me dispuse a intentar llenar un poco esos grandes “hoyos negros” de la Historia de Cuba y claro, que el Caribe no podía estar ausente en mis investigaciones por la intimidad estrecha con el extremo oriental de esta Gran Antilla.

¿Y por qué el siglo XIX?

Por las mismas razones me he dedicado desde los años setenta del pasado siglo a los primeros tiempos de la Historia santiaguera y de la región oriental. Mi atención mayor ha estado en el siglo XVIII y también, en el largo período que corre entre 1800 y 1868. He vislumbrado un mundo prácticamente ignorado por la historiografía cubana y he visto la importancia de su mejor conocimiento para interpretar las raíces y el florecimiento del criollo y su cultura. Mi empeño en el siglo XIX ha estado enlazado, además, con desentrañar las relaciones cotidianas entre estamentos y con la formación de una conciencia política cubana entre los libres de color.

 Has trabajado varias personalidades de la historia de Cuba. ¿Cómo llega la necesidad de estudio de las figuras históricas?

Sin duda son personalidades de la historia y la cultura cubanas, pero más estrechamente afines con el territorio oriental Individualidades singulares que han marcado momentos del devenir santiaguero, sin que ello implique la realización de actos heroicos. Me han interesado más bien por la complejidad de su personalidad, o por las contradicciones, cambios de posición o del pensamiento, por su condición paradigmática. Para mí siempre es un ejercicio intelectual que ofrece riesgos y dificultades en la búsqueda y aproximación a la verdad de una psicología que afronta las circunstancias de la época en diálogo con el contexto de su comunidad social. Me gusta experimentar con diferentes métodos de trabajo y así descubrir aristas nuevas para el tratamiento de la Historia.

¿Qué modelo de historiador has seguido en tu recorrido de vida y qué métodos históricos asumes o abandonas?

Uno asume los modelos en atención a la cultura teórica que va adquiriendo y esto es cosa de mucho tiempo. El historiador mientras más añejo mejor porque este requiere un vasto panorama historiográfico y científico para aproximarse al análisis más idóneo. Hubo una época que me inclinaba por los estudios estadísticos y poco a poco derivé hacia el estudio político y ahora intento vincular varias disciplinas de las Ciencias Sociales para mejorar mi interpretación integral de la cultura. No creo haber perdido el tiempo con el estudio del marxismo, este, me acercó a otras formas de teorías históricas imprescindibles para el juicio más cabal.

Primero los historiadores negaban la literatura como fuente para la historia, luego la reconocen. En SiC No. 25, te conviertes en una de sus defensoras…

Mi consideración acerca del valor de la literatura para la historia tiene que ver con la aprehensión de las nuevas formas de historiar en la contemporaneidad. Y es que un poema puede aportar mucho más que un documento político para conocer la mentalidad y los sentimientos de un individuo y también los hábitos que le impone su entorno social. Por sí misma la narrativa no puede informar más que como testimonio de lo que interpretaba o discurría un autor en su época.

 Durante varios años has trabajado en los procesos de formación de la Identidad y de la Nacionalidad Cubana: el criollo, en especial de la población rural y urbana libre de color. ¿Por qué?

Ciertamente me apasiona el estudio del criollo, tema bastante despreciado en el mundo historiográfico nuestro, centrado mayormente en la esclavitud y el régimen de plantación. Del mismo modo pocos son los que como Pedro Deschamp Chapeaux y José Luciano Franco se preocuparon por destacar el papel del libre de color en la comunidad criolla y cubana. Y esta es una pieza fundamental en el juego de ajedrez de la sociedad nuestra de todos los tiempos y en particular de la decimonónica: su equilibrio y desequilibrio habría de buscarse en el comportamiento de este estamento social, como es primordial analizar el proceso de toma de conciencia propia entre ellos.

 Muchos consideran que el libro La Virgen de la Caridad de Cobre; símbolo de cubanía es el más importante dentro de tu carrera, sin embargo, has afirmado en varias ocasiones que tu libro más querido es Nicolás Joseph de Ribera publicado por la Editorial Ciencias Sociales en 1986.

Nicolás Joseph de Ribera me descubrió muchas de los fundamentos de la sociedad del siglo XVII y XVIII. Fue la llave que me abrió las puertas al entendimiento de estos períodos de la historia de la región oriental de nuestra Isla. Por tanto, es incluso antecedente de La Virgen de la Caridad del Cobre; símbolo de cubanía donde el mejor conocimiento de la formación de la autoconciencia de un grupo tan humilde como el de los cobreros, libres o esclavos me permitió seguir la pista de la formación de este culto popular que es el de la Virgen del Cobre.

Entre selecciones, coautorías, coordinaciones y libros en solitario has publicado más de una treintena de libros, y continúas trabajando con un ritmo muy intenso, al punto de creer, por muchos amigos, que te sobrecargas. ¿Cómo te sientes tú, como investigadora, madre y abuela?

Me apasiona el trabajo cuando estoy inmersa en la elaboración de un libro, con infinidad de información para analizar, temerosa que se me escape algo en la conformación de una estructura que me permita transmitir al lector lo que está en mi pensamiento. Así me pasó con Cuba, Constitución y Liberalismo al que había dedicado años de búsqueda de información y estudios teóricos, no podía dejar a un lado la investigación y el estudio, con independencia de la salud y mis otras obligaciones familiares. Luego, vino la satisfacción de la obra terminada y eso compensa las fatigas; aunque estoy convencida de que con la publicación el libro, al socializarse, deja de ser en buena medida de su autor.

Howard Zinn concebía la historia como un acto de toma de posición. ¿Cómo lo concibe Olga Portuondo?

Indudablemente que, aunque mi trabajo es mayormente sobre la época colonial, el historiador siempre adopta una posición ante la sociedad que interpreta y, claro está,  que no puede desasirse  de los compromisos que su época le impone; por eso las nuevas generaciones de historiadores siempre tendrán ante sí la inmensa tarea de interpretar el pasado en función de su presente y su concepción de futuro.

José Antonio Saco, eternamente polémico es un libro que trabaja la figura de Saco en el siglo XXI con nuevas revelaciones. ¿Será un buen método para los historiadores negar parte del pasado?

José Antonio Saco es una de esas personalidades controvertidas de nuestro pasado colonial. Una buena parte de los historiadores han destacado en él su antianexionismo, pero yo quise intentar desentrañar desde su progenie las raíces de su pensamiento y subrayar sus posiciones asimilistas y raciales. No son revelaciones, simplemente se trata de un estudio integral de su naturaleza. Aquí como en cualquier otra valoración de personalidad y época el historiador no es honesto consigo mismo si pretende ocultar verdades, pues el pasado es lección para el presente y negar una parte de él puede dañar la interpretación correcta de nuestra contemporaneidad.

Primero la noticia que formarías parte como miembro de número de la Academia de Historia y luego el Premio Nacional de Ciencias Sociales. ¿Cómo has recibido las noticias? 

Eusebio Leal y Eduardo Torres Cuevas en dos momentos me comunicaron que sería del grupo fundador de la Academia de la Historia como académico de número, claro que me dio mucha alegría el papel que ahora desempeño y también el rescate de una institución con gran importancia en todo lo que implica la labor de historiar. En cuanto al Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas lo he recibido como un reconocimiento al estudio por años sobre la región oriental y las épocas primeras de nuestra colonización. De manera que, vale para subrayar la importancia de continuar descubriendo una sociedad antecedente insoslayable para la nuestra. Estoy contenta.

Santiago de Cuba, 2010.

Algo mejor que el silencio – Yunier Riquenes García

 

 

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Author: Yunier Riquenes García

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