Justo en las faldas de la Sierra Maestra, la ma­yor cadena montañosa del país, surgió este proyecto dirigido a reflejar la cotidianidad de los habitantes de esos lomeríos, mediante la realización audiovisual

Justo en las faldas de la Sierra Maestra, la ma­yor cadena montañosa del país, surgió Picacho, un proyecto dirigido a reflejar la cotidianidad de los habitantes de esos lomeríos, mediante la realización audiovisual.

Pero lo novedoso de la iniciativa no se circunscribe solo al tipo de expresión artística que se co­menzaba a gestar precisamente allí, donde el al­cance del séptimo arte no es cosa común. La singularidad también recae en la composición del co­lectivo, ya que son niños quienes desempeñan los roles de camarógrafos, sonidistas, guionistas, di­rectores, editores…

Nacido en la comunidad de Santa Úrsula, a partir de una idea del promotor cultural Pedro Ro­dríguez Me­cía y trasladado luego a Victorino, am­bas en el mu­nicipio de Guisa, el proyecto revela a los infantes de la serranía granmense los secretos del mun­do de las cámaras y los micrófonos.

Artífice y guía de ese proyecto sociocultural co­munitario, Pedro se vinculó, años antes, a la Tele­visión Serrana; productora de documentales de amplio reconocimiento internacional, radicada en la comunidad de San Pablo de Yao, en el municipio granmense de Buey Arriba, donde adquirió los conocimientos técnicos necesarios para em­prender una carrera como realizador.

Así recuerda la génesis de este proyecto Ya­me­lia Almenares Oliva, su coordinadora, quien de­fine a Picacho como una iniciativa que fomenta el conocimiento y uso de los medios audiovisuales con fines sociales y educativos.

«En sus inicios, Pedro mostró a los niños lo concerniente a la apreciación cinematográfica, pero luego consideró necesario que ellos aprendieran a realizar y contar sus historias, sus tradiciones, sus costumbres; de esa forma, comenzaron a nacer los noveles realizadores», comentó.

CUANDO SE CREA PARA Y POR LA COMUNIDAD

Único de su tipo en el país, Picacho se ha convertido en un proyecto hecho desde y para la co­munidad serrana, donde sus pequeños protagonistas no solo reflejan la realidad de las personas que allí viven, sino que también contribuyen a rescatar esa memoria popular, muchas veces perdida con el paso del tiempo.

La cueva y sus misterios y La luz de los mellizos son algunos de los materiales creados por el colectivo de Picacho que recrean mitos, leyendas y singu­laridades de esas zonas del lomerío, ex­puso la niña Marlén Álvarez, integrante del pro­yecto.

Con la expresividad natural que la caracteriza, Marlén comentó que para rescatar esas añejas historias recogen los testimonios de los habitantes más longevos y también estudian documentos que tienen que ver con la historia de la localidad.

«Es un trabajo hermoso, porque las personas agradecen esos materiales que revelan al mundo cómo es la vida de quienes habitamos en estos si­tios intrincados», resaltó.

Marcos Tamayo, otro pequeño integrante del pro­yecto, confiesa que la mayor satisfacción es ver las salas repletas de personas cada vez que se va a hacer el estreno de un documental.

Con ese ímpetu y ganas de hacer que caracteriza a esta tropa de Picacho, multipremiada en va­rios certámenes nacionales, el proyecto ha logrado mediante cortos, documentales y otros materiales ir registrando las esencias de la serranía.

Para eso, cada propuesta audiovisual realiza­da por este colectivo deviene resultado de una necesidad de esa audiencia que tiene una identidad propia; así como intereses, sueños y expectativas, destacó Orlando Oliva, realizador de audiovisuales y miembro del proyecto.

Por eso, dijo, es natural que todos en la comunidad se sientan identificados con la iniciativa.

El compromiso de Picacho con las necesidades de los habitantes del lomerío y la visión que estos tienen del mundo; así como la participación po­pular alrededor del proyecto, no solo expresada mediante la presencia de los serranos como espectadores,  sino también en calidad de participantes del producto a crear, ratifican a esta iniciativa co­mo un proceso de reafirmación cultural que incide de manera favorable en la calidad de vida de los pobladores de esos parajes, significó.

Las vivencias captadas por el lente de ese singular proyecto han recorrido el país como parte de la agenda de diferentes eventos culturales.

EL ALMA QUE ILUMINA EL LOMERÍO

Armado de la frescura, el ingenio y el desenfado propios de los infantes, este colectivo se erige como importante factor de movilización comu­nitaria, para impulsar planes socioculturales por su poder de convocatoria; también, resulta una forma atractiva de captar las memorias de la lo­calidad.

De sus múltiples productos, el documental Co­mo el alma que me ilumina es uno de los que más ha marcado a estos noveles realizadores, quienes, sin descuidar los deberes escolares, a diario desandan los lomeríos en busca de nuevas historias.

La obra recrea las tres visitas que hiciera el Co­mandante en Jefe Fidel Castro Ruz a la comunidad de Victorino, precisó la niña Marlie Guerra, quien tiene siete años y es la integrante más pe­queña de Picacho.

«En una de esas ocasiones, al Comandante se le rompió el pantalón y enseguida le propusieron co­serle la prenda a máquina, pero, con la humildad que lo caracteriza, Fidel pidió que le buscaran una aguja con hilo para el mismo remendarlo a ma­no», relató Marcos, camarógrafo de Picacho.

Al realizar el documental, descubrimos que la persona que le facilitó al líder de la Revolución la aguja y el hilo conserva aún esos instrumentos, co­mo si fuesen unos tesoros, destacó.

En su cotidiano quehacer audiovisual, Picacho también ha ido dejando una huella personal en el ámbito comunitario de la serranía.

Un ejemplo fehaciente lo constituye la propia coordinadora Yamelia, quien es habitante de Vic­torino y madre de dos de los pequeños incorporados al proyecto.

Devenido, además, fuente de reconocimiento y respeto hacia los hombres y mujeres del campo, y motivado por el cariño que le profesan las familias de esos parajes, el proyecto continúa el transitar por los vericuetos del monte.

Así, sin cejar en su empeño de captar rostros, costumbres, labores y vivencias, Picacho, nombre asociado a pequeñas elevaciones, pero movido por grandes sueños, sigue su bregar por los lomeríos de la serranía cubana, redescubriendo con su arte,  lo mejor de cada comunidad.

Publicado en GRANMA Autor: | internet@granma.cu

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