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Parecía inderrotable. Fueron tantas noches, tantas canciones. Ella podía flamear el bolero como un estandarte. Ella rezumaba el estilo de la vieja escuela y cantaba sin miedo a vivir la canción, sin miedo a desnudar sus miedos. Dueña siempre.

Ella se hizo a sí misma y el escenario la completó. Subió un día, allá por los inicios de los 60, y nunca más bajó. Se llamaba Esperanza Ibis Heredia Marino. Cantar era lo suyo, era su credo.

Cuando Juan Almeida la vio una noche en el cabaret San Pedro del Mar, cuando vio cómo flotaban en sus ojos las olas del Caribe, cómo apretaba contra el pecho la canción, decidió entregarle un tema. Lo tarareó, se lo explicó, se lo confió. Poner una canción en las manos de alguien es soplar una llama. “Quisiera enamorarme” daría nombre a su primer disco, sería su himno:

Quisiera enamorarme
hoy, que la primavera
es abril para mí
y el sol se me hace nuevo…

Eliades Ochoa era su amigo. La acompañó en los más diversos caminos. El maestro recuerda que una vez, cuando la descarga parecía terminarse, se apareció el Comandante Almeida y le dijo: “¿no te falta algo, Esperancita?”. Ella dio una vuelta, hizo una señal y comenzó de nuevo.

Varias intérpretes cantaron “La Lupe”, ya se sabe; mas aquella versión suya cargaba un señorío, una añoranza, que su autor nunca dejó de advertir. Ese sería el tema que llevaría consigo al Festival Internacional de la Canción de Dresde, en 1977. Una canción como un talismán. La delegación cubana la componían además, Osmundo Calzado, compositor y director de orquesta, y un joven que sonaba muchísimo, Héctor Téllez. En la cita debía interpretarse además una canción en alemán y así nació en su voz, Komm Janina (Ven, Janina).

Festival Internacional de la Canción de Dresde. Un instante de intercambio junto a Osmundo Calzado y Héctor Téllez

Los venideros serían años consagratorios. Cosechó aplausos en Europa del Este. Se fue a las unidades internacionalistas en la República Popular de Angola: el canto frente a las balas. En el Concurso de Música Cubana Adolfo Guzmán defendió el tema “Canción para estos años”, de Joaquín Betancourt, que le acreditó una mención. Fue invitada al Festival Benny Moré, al Boleros de Oro, al teatro Mella, a Varadero, al programa radial Alegrías de sobremesa, a los principales cabarets de Cuba. Y siempre emprendió el camino de regreso.

Esperancita Ibis era la voz de una ciudad

Una noche me fui con mis amigos al Pico Real del hotel Santiago. No había mejor manera de celebrar mi cumpleaños que regalarme su interpretación. Y allá, en las alturas, Esperancita cantó mirándome a los ojos, cantó para mí. ¿Recuerdas, Lilian? Hubiera querido decirle tantas cosas, debí hacerlo; pero me quedé extático, silente, feliz. Esa es la palabra: feliz.

En la triste mañana de un día invernal
una rosa roja yo vi en tu rosal.
Yo quise ofrendarla en prueba de amor
y al ir a tocarla la rosa me hincó, me hincó…

Podía hacer llorar con su interpretación; también podía hacer llorar de risa con sus ocurrencias. Era una fiesta, un carácter. Adriana, la mayor de sus tres hijos, era su memoria auxiliar: le bastaba mirar sus labios para retomar el hilo de alguna canción esquiva. El destino le regaló otro hijo, el bolerista Joel Leyva. Lo calibró desde la primera descarga, puso el hombro por él. Siempre estaba dispuesta, y no hablo solo de música. Su sencillez era su grandeza.

Esperancita Ibis, tantas noches, tantas canciones. Foto: Jacqueline Ferraton

La memoria de una nación está hecha de aquellos que encarnan su espíritu. No importa dónde, importa qué. Vivió con modestia, mas una vez en el escenario, era una reina. Esperancita Ibis fue heroína del romance, gema del espectáculo. Ella tenía el calor de estos soles, la pasión desbordada de estas lomas. Se nos fue este septiembre, a los ochenta años. Santiago la llora, la canta.

Tomado de: La Jiribilla / Incluye otros elementos aportados en exclusiva por su autor para este sitio

Foto de portada: Esperancita Ibis. Sus comienzos

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Author: Reinaldo Cedeño Pineda

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