El director español Gabriel González Andrío presentó su documental ‘¿En qué piensan los cubanos?’, que refleja la visión del español sobre algunos de los problemas de un país que, pese a ofrecer sanidad y educación gratuita para sus ciudadanos, no acaba de superar lastres como la inflación, la productividad, el desabastecimiento o la economía sumergida y que en sesenta años de Gobierno revolucionario no ha conseguido siquiera doblar su renta per cápita. La falta de productividad del sistema agropecuario

González Andrío viajó en marzo de 2017 a El cerro y Diez de octubre, dos de los municipios más humildes de La Habana, donde entrevistó a cubanos afines y contrarios al castrismo, desde un fosforero, a una encargada del Comité de Defensa de la Revolución (CDR). La sensación es que, una año después de la desaparición física de Fidel Castro, todo sigue igual.

El documental comienza con uno de los discursos del Comandante Fidel Castro en el año 2000: “Revolución es defender valores en los que se cree, al precio de cualquier sacrificio, es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo. Es no mentir jamás ni violar principios éticos”, dijo Fidel en el discurso. “Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestro sueño de justicia para Cuba y para el mundo. Es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.

¿Puede presumir el Gobierno de mantenerse fiel a sus preceptos? “Nos exigen que cumplamos un concepto a cabalidad, el cual ellos violan veinticuatro horas, siete días de la semana, treinta días al mes y trescientos sesenta y cinco días al año”, contesta Humberto, pluriempleado, como muchos de los entrevistados, pero con dificultades para llegar a final de mes.

El documental critica la desigualdad entre la vida de clase dirigente y la de los vecinos de los barrios más precarios que iguala las desigualdades que se producen en 

‘¿En qué piensan los cubanos?’ critica la desigualdad entre la calidad de vida y la capacidad adquisitiva de la clase dirigente y la de los vecinos de los barrios más precarios, que además tienen que ver cómo, desde que la isla se ha abierto al mundo, los turistas extranjeros disfrutan de recursos inalcanzables para el cubano de a pie. Y ni que decir tiene las clases más desfavorecidas. “Los dirigentes sí que pueden comer carne. Carne, pescado, de todo. Nosotros no”, se queja Lucila, desempleada dependiente del sueldo de su marido.

El documental cuenta, por ejemplo, que el Gobierno impone los siete años como la edad para dejar de beber leche —leche rusa en polvo—, y que se convierte en un lujo si se quiere comprar directamente del mercado, puesto que hay que pagarla en dólares a un precio más caro que en el extranjero, lo que puede suponer hasta una cuarta parte del sueldo de un cubano.

La mayoría de los entrevistados, independientemente de sus filias y fobias políticas, comparten la resignación frente a la organización  del sistema cubano junto a la esperanza de dejar atrás el bloqueo económico, la fuga de cerebros y la precariedad de los salarios.

“Una de las cosas que no me ha gustado nunca es el precio de los productos, que no se corresponden con el salario”, admite Anastasia, ‘fidelista’ convencida. “El consumo de nosotros [sic] está por encima, muy por encima de nuestros salarios”. “Aquí el salario, aunque tengas mil formas de buscar dinero por negocios ilícitos o legales, no te alcanza“, admite por su parte Mirta, bibliotecaria y madre de tres hijos.

Sin embargo, ‘¿En qué piensan los cubanos?’ también hace hincapié en la gratuidad de la sanidad y la educación pública, a pesar de los defectos de un sistema que tiene que hacer frente a la escasez y que a veces sufre el desvío de fondos por causas políticas, como, por ejemplo, la ayuda al Gobierno de Venezuela.

Los entrevistados agradecen una atención —aunque no siempre perfecta— gratuita, a la que su estatus económico nos les permitiría acceder fuera de Cuba.

Sin embargo también lamentan que los médicos no cobran demasiado, lo que influye en el tipo de atención que reciben los pacientes.

Y más allá del bloqueo comercial, el documental achaca la pobre calidad de vida de la población cubana a un sistema político y económico que limita en exceso del mapa, la propiedad y la iniciativa privada, lo que no fomenta el emprendimiento, pero sí —como reconoce una de las entrevistadas— la indiferencia y la elusión de la obligaciones laborales. “Los últimos informes indican que Estados Unidos ya es el quinto socio comercial de Cuba en el intercambio de bienes, fundamentalmente con productos como maíz, harina, frijoles, soja, arroz, trigo, leche en polvo, pollo congelado, una variedad de conservas y productos congelados…”.

El próximo mes de febrero tendrá lugar la salida del Gobierno de Raúl Castro, después de un largo proceso de elecciones que arrancó el pasado domingo 26 de noviembre y que aspira a iniciar un periodo de evolución continuista. Una transición sin rupturas pero que puede abrir la puerta a que Cuba salga, poco a poco, de su letargo económico.