Una conocida canción reza: “No sé por qué te quiero, será que tengo alma de bolero…”. Y esto vale para los cubanos. Somos hijos de ese ritmo que en una victrola con discos de vinilo acercaba a los que hoy son nuestros abuelos a unir sus vidas.

Pertenezco a la generación que escuchó por primera vez a Michael Jackson y a los Bee Gees. Pero siento un corrientazo en la nuca si oigo a Los Panchos, Orlando Contreras, entre otros…. A mí que no soy fanático, siempre logran atraparme.

No sé si es nuestro fatalismo de ser románticos, pero en no pocas ocasiones caigo en las emboscadas de Lucho Gatica, Pedro Vargas y nuestros Benny More, Pacho Alonso, y
Fernando Álvarez.

Se sigue amando con boleros, quizás porque es un escudo contra esas voces desde altoparlantes en las calles que nos amargan nuestro concepto de belleza musical.

Ahora que finalñizó otra edición del Festival Boleros de Oro en Santiago de Cuba -esta vez con una gala dedicada a un insigne bolerista, José Armando Garzón, la Voz de Terciopelo- es un buen momento para recordar la belleza, la pasión, los desengaños que guardan esas letras.

Es por eso, que aunque no somos fanáticos, nos fuimos para el Festival… Bolereando… en la clausura de su Vigésimo Novena Edición, entrelazando nuestros cuerpos al compás de un bolerazo del Benny… y es que… Como fue, no se decirte como fue…

Fue el nuestro un bolero compartido, un bolero a cuatro, pues cada uno, a cada paso, atrajo a su alma la de su enamorado/enamorada ausente y unidos por la magia del bolero nos fundimos en un abrazo a cuatro… y así acabó el Festival en la Jutía Conga….

Silvia Alvarez y Osvaldo Carralero

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