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Antonio Gallegos Reina, Universidad de Málaga

Sierra Bermeja (Málaga) vuelve a arder con virulencia, esta vez en los municipios de Pujerra, Benahavís y Juzcar. Ya son más de 3 500 hectáreas calcinadas, hay 3 bomberos heridos y ha sido necesario desalojar el pueblo de Benahavís, así como las urbanizaciones Montemayor, Benahavís Hill, Marbella Club y un núcleo de viviendas de Estepona.

Han pasado apenas 10 meses del último incendio. Iniciado el 8 de septiembre de 2021, tardó 17 días en poder ser extinguido, llegando a convertirse en uno de los mayores incendios forestales sufridos en Andalucía en los últimos años. Sus consecuencias fueron muy notables, dada la importancia ecológica de la zona –desde 2007 existe un creciente movimiento vecinal y de asociaciones ecologistas para declarar esta sierra Parque Nacional–.

El episodio dejó casi 10 000 hectáreas calcinadas, una persona muerta y un escenario de cenizas que inevitablemente ha cambiado la calidad de vida de los vecinos de los municipios afectados y su proyección turística.

Aquel incendio fue definido como de sexta generación: fenómenos virulentos y difíciles de controlar que ponen en peligro tanto el medio ambiente como las vidas humanas, y que están vinculados al cambio climático. Además, tienen comportamientos erráticos y cambiantes, algo muy peligroso para la población y para las propias labores de extinción.

Un paisaje idóneo para el fuego

Atendiendo al registro de incendios forestales históricos de Andalucía, Sierra Bermeja reúne algunos de los mayores y más recurrentes incendios de toda Andalucía.

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Incendios históricos producidos en Sierra Bermeja entre 1975 y 2022.
Dirección general del medio natural de la Junta de Andalucía, 2022

Las razones podemos encontrarlas en una serie de factores geográficos y otros de índole antrópica. Entre los primeros destacan:

  • La abrupta topografía del terreno, con fuertes pendientes y valles encajados.
  • La carga y composición de los combustibles forestales. Aquí se localizan los bosques más densos de la provincia de Málaga, y también algunos de los de mayor valor ecológico (pinsapares, castañares, alcornocales, etcétera).
  • Un azote casi permanente de los vientos que canaliza el estrecho de Gibraltar.
  • La característica mediterránea de que coincidan en el verano la época sin lluvias y la época cálida, lo que supone que haya numeroso combustible seco precisamente cuando las temperaturas son más elevadas.

Y entre los factores antrópicos figuran:

  • El abandono de los pueblos de la Serranía de Ronda. Ello conlleva la desaparición de las técnicas tradicionales de aprovechamiento y custodia del territorio.
  • La sobrepresión de un turismo de lujo de la Costa del Sol que desde hace años renuncia a alojarse en Marbella o Estepona y comienza a querer establecerse en las laderas meridionales de estas sierras, situándose aquí numerosas urbanizaciones de lujo precisamente en las zonas de mayor valor ambiental, debido al reclamo paisajístico que producen.
  • Problemas asociados a la titularidad y propiedad de los montes.
  • La falta de gestión forestal, las repoblaciones con coníferas y las quemas agrícolas.
  • Cambios inadecuados en los usos del suelo, muchas veces ligados a la especulación urbanística y las recalificaciones de suelos no urbanizables.

Medidas para prevenir incendios

A la vista de todo lo anterior, y tanto más en un escenario de cambio climático y cambio global que están incrementando la peligrosidad y recurrencia de estos incendios forestales, no cabe duda que debemos rediseñar nuestra gestión y equilibrio con el territorio para evitar que estos desastres se sigan dando cada vez con mayor frecuencia.

Es urgente actuar con medidas eficaces que frenen el éxodo rural en los pueblos de la Serranía de Ronda y reactiven la economía de la zona desde el respeto y equilibrio con la naturaleza. Mientras esto no se consiga, se debería al menos potenciar las medidas de gestión forestal desde la Administración competente.

También deben limitarse los desarrollos urbanísticos en la interfaz urbano-forestal. Urbanizaciones como La Zagaleta, en el término municipal de Benahavís, se sitúan precisamente en medio de una gran masa forestal de alcornocales, como seña de exclusividad y lujo.

Los factores geográficos de peligrosidad frente a los incendios están ahí, por vivir donde vivimos, y no podemos actuar contra ellos. Una vez asumido esto, debemos gestionar nuestro uso del territorio de una manera más eficiente, estudiando su funcionamiento y adaptándonos a sus equilibrios ecosistémicos para prevenir en lo posible el inicio y expansión del fuego.The Conversation

Antonio Gallegos Reina, Profesor Contratado Doctor del Departamento de Geografía, Universidad de Málaga

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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