Teletrabajo

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Por: Reinaldo Cedeño Pineda

Foto: Tomada de Internet

No
sé qué dirán mis vecinos, si acaso se han convertido en mis primeros
oyentes, si mis lecturas o improvisaciones alcanzarán a tanto; pero mi
voz anda desafiando las tardes, las noches, cruzando las madrugadas.
Estos días, estas semanas, son de un aprendizaje profesional y humano
que nos marcará de por vida.

Ando buscado una tregua de silencio, lidiando con ladridos, la estela
de las motos, los gallos, el grito inesperado, el teléfono… Vivo en el
poblado de Boniato, en las afueras de Santiago de Cuba, cerca de las
lomas. Reconvertir mi hogar en centro de trabajo y la habitación en
estudio, es un desafío. Extraño la cabina, la tertulia, el roce. Los
extraño como nunca imaginé; pero ha sido un imperativo: la distancia y
los riesgos me han llevado esta vez a casa.

Hemos tenido que ensayar la posición exacta, calibrar el tono,
sumergirnos en aplicaciones, formatos, plataformas. Y también llenarnos
de paciencia frente a las conexiones, hacer magia fuera del marco ideal
de un local sonorizado, para que el resultado tenga una calidad mínima.
El micrófono es el móvil. La edición, grabación y el montaje, se
complejizan; aunque muchas manos se me han tendido desde geografías
cercanas y lejanas. Los amigos te desbloquean.

Trabajo hace casi dos décadas en Radio Siboney, emisora santiaguera
dedicada a difundir la música instrumental ligera y la información
cultural. Es una planta con un perfil especializado, que como parte de
la familia radial cubana, nunca mejor dicho, ha tenido que girar con los
tiempos, ha tenido que ampliar su espectro habitual, en esta batalla
cubana contra un demonio invisible.

Confieso que «teletrabajan» conmigo, intelectuales y artistas que han
debido enviar sus grabaciones, revelándonos cómo transforman su
aislamiento en un período fértil. Ellos también han tenido que aprender.
Médicos, especialistas, trabajadores de servicio, personas con mucho
que decir, son nuestros protagonistas, nuestros héroes.

Una entrevista es una inmersión. He sido defensor de mirar al rostro
del entrevistado, de armar el diálogo frente a frente, de sentir la
respiración. Estas circunstancias lo han conmovido todo. El principio,
sin embargo, es el mismo: la mirada siempre hay que sentirla, del otro
lado no están unos datos o unas palabras a usar, sino una persona
contando su historia. Y eso merece respeto.

Algunas entrevistas han sido increíbles como aquella que hice a
Zulima Nicolau, mi compañera de todas las tardes en la emisora, desde la
distancia, aislada, en su barrio en cuarentena.

«Cultura» no es sinónimo de «actividad». No vamos a la cultura,
vivimos dentro de ella. Por eso nuestra web ha tenido que repensarse.
Bajo esa filosofía hemos tocado la información en los propios hogares,
en las redes, en la historia, en proyectos surgidos al calor de las
circunstancias. ¿Cómo agradecer a Susana Gonce Fernández, desde la
informática, el desvelo con que acoge y sustenta tales propuestas,
también desde casa?

Es poco en medio de tanta gente que brilla, que hace. Lo sé. Si nos decidimos a escribir esta líneas es porque creemos, con Martí, que «esa es la raíz, y esa es la sal de la Libertad: el municipio». Y justo porque desde ahí, desde un municipio, desde una pequeña emisora, desde la hebra humana, también se tejen los hilos de un país.

Tomado de: Juventud Rebelde

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Author: Redacción Digital

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