Un tesoro histórico sumergido en las costas santiagueras

En el Castillo San Pedro de la Roca reverberarán los rayos del sol haciendo sofocante el recorrido de las áreas exteriores del Morro. Sólo una llovizna eventual intentará refrescar a los turistas que irán y vendrán por las galerías tranquilamente mientras a su merced están las mejores vistas de la bahía según muchos.

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En resumen, tranquilidad, sol y una vista inmejorable. Pero hace 121 años en el mismo sitio la situación no podía ser peor.

La claridad sofocada por el humo de los cañones, el ruido ensordecedor de máquinas a todo vapor y las explosiones, los gritos de guerra de una escuadra naval que por la estrecha bocana iba a sabiendas a su desastre; todo apuntaba a la peor de las vistas, a una visión de la guerra. Frente a la línea de costa aguardaban con pérfida superioridad los 11 buques norteamericanos colimando con viento a favor uno a uno los barcos españoles que salían por la boca de la bahía.

Cada uno de los seis barcos españoles pertenecientes a la escuadra del Almirante Pascual Cervera y Topete terminarían reducidos a escombros bajo el lecho marino, retorciendo sus herrumbres históricas al paso del tiempo.

Testigos imperecederos de las primeras aventuras norteamericanas en tierras cubanas varios navíos flanquean la línea costera desde la entrada de la Bahía justo hasta la desembocadura del Rio Turquino a unos 90 kilómetros al oeste Santiago de Cuba, yacen los restos oxidados de lo que fuera una de las escuadras navales más prestigiosas de la España del siglo XIX.

Declarados en el 2015 como Patrimonio Nacional los pecios son parte indisoluble de la historia de la ciudad de Santiago de Cuba. De ahí que para los especialistas santiagueros la conservación y difusión de dicho patrimonio represente una responsabilidad ajustada.

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La conservación de los barcos hundidos de la escuadra de Cervera no es homogénea. Debemos tener en cuenta la situación en que terminó cada uno, pues hay algunos que apenas sufrieron daños como es el caso del crucero acorazado Cristóbal Colón que sólo sufrió cinco impactos, otros simplemente fueron desastrosamente cañoneados como es el caso del Vizcaya y el Almirante Oquendo.

El crucero protegido, Infanta María Teresa, buque insignia de la escuadra hispana que fue el primero en salir, quedó incendiado cerca de la costa y los norteamericanos, en el afán de jactarse de un buen trofeo de guerra, lo remolcaron para llevarlo a los Estados Unidos, intentona que fracasó cuando un mal tiempo hizo zozobrar el barco herido en las Bahamas cerca de la Isla del Gato.

El resto de la escuadra se encuentra esparcido desde los primeros kilómetros de la costa oeste hasta las inmediaciones del popular Campismo Rio la Mula, donde se haya sumergido el crucero acorazado Cristóbal Colón.

Los pecios o restos del barco hundido, han sufrido el embate climatológico de más de un siglo. Pero creo que uno de los factores más peligrosos para su conservación durante mucho tiempo fue la acción del hombre. Para ello se trazó trazado un plan de cuidado para el patrimonio subacuático llevado a cabo por los especialistas en conservación y hasta por los moradores en los sitios cercanos a los naufragios.

La flota del Almirante Pascual Cercera y Topete sigue inerme en las profundidades del litoral santiaguero pero no olvidada por muchos amantes de la historia y para aquellos que comprenden el tesoro sumergido en las aguas de Santiago.

Sea la conservación de nuestro patrimonio subacuático la vía para seguir contando con aquello que un día se erigió como símbolo del valor de los marinos españoles.

Escrito por Israel Hernández Planas y publicado en TV Santiago

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Author: casadranguet

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