A propósito de la declaración del changüí como patrimonio cultural de la nación vale el homenaje a una genuina expresión de cubanía del género musical en Santiago como en su natal Guantánamo.

Un respeto a lo autóctono de tierra adentro de lo más oriental, al changüí. Quiero referirme a la extensión del ritmo referente en esta ciudad con la agrupación que hace gala de nuestra cadencia montuna bajo el nombre de Changüí Santiago, fundada en la década final de la centuria del siglo XX dirigida por Diógenes Mansforror, un devenido santiaguero, pero de la cuna del género musical montuno por excelencia, Guantánamo.

Y la alegría se multiplica ya que estamos en la fiesta decembrina; los aires cambian tanto en la ciudad como en las montañas, se siente la alegría de fin de año, de la noche buena y de pascua.

El cubano asume los agasajos en unión a la historia que nos trajo un primero de enero de triunfo rebelde. Cuando rememoramos los 59 aniversarios de la Revolución en Cuba, la conmemoración se agiganta.

Un poco de historia a propósito de nuestro nuevo Patrimonio cultural

El origen del changüí data del siglo XIX, como tradición de celebración familiar en los actuales municipios de Yateras, Manuel Tames, el Salvador y Guantánamo; el changüí nace paralelo al son y tiene rasgos que lo particularizan de otros oriundos de zonas vecinas en Baracoa, como representan el nengón y el kiribá, tipos de sones muy antiguos que se tocan con los mismos instrumentos que el changüí: tres, marímbulas, bongó, güira o guayo y maracas. Es como el compás del que monta a caballo o se sube la loma.

Durante el siglo XX estas fiestas campesinas fueron trasladándose a los barrios periféricos de la ciudad del Guaso, en casas particulares con músicos que al devenir de los años se convirtieron en emblemáticos.

Muy común era en esa región oriental escuchar la frase “ir a un changüí”, diversión que podía durar hasta una semana y sobre todo en el último mes del año.

Dentro del conjunto, el tresero “liderea” y el segundo en importancia es el bongosero; sin ellos no se disfruta de un sabroso changüí con el peculiar “brinquito” de sus bailadores, en buen “tumbao” y arrastrando los pies, acostumbrados a danzar en pisos de tierra apisonada.

Ya después en su tránsito hacia la ciudad se reconoció también como ”baile de salón” sin olvidar sus principios humildes y los primeros cultivadores con letras que han llegado hasta nuestros días como “Yuca pa ti mamá” y “como baila el león a las 12”.

En este movimiento surgió el Changüí Santiago con la mayoría de sus integrantes de la provincia Guantánamo, fiel al ritmo de sus montes, haciéndole honor a Chito Latamblé, patriarca de la manifestación en nuestro país.

Aunque escriba del grupo santiaguero, hay que hacer referencia obligatoria a Elio Revé y su orquesta, quien popularizó el changüí. El guararey de Pastora, elevó a fama internacional a su autor, el tresero guantanamero, Roberto Baute Segarra.

El Changüí Santiago tiene un lugar de preferencia, continuador de los aires guantanameros en escenarios de Santiago de Cuba, fundamentalmente en la casa de la trova “Pepe Sánchez”.

Esta agrupación incursiona también por el son montuno, el sucu sucu, el nengón, el kiribá, el bambú, la columbia y la rumba. En su repertorio tiene un grupo de piezas representativas como son “Changüí con corriente”, “el Mayombero”, “Juan Longá”, “Pastorita”, “Fiesta en Cecilia” y “Así es el changüí”. Estas piezas remiten a los abuelos de quienes tuvieron la infancia en bateyes y montes del territorio más oriental de Cuba.

Por: María Elena López Jiménez en CMKC