Virgilí : tuyo es el reino

Virgilì

La primera vez que vi a Salvador Virgilí pordría haberle golpeado. Yo esperaba una guagua, un camión, algo que me llevara al Llano de Maceira. Tenía un ejemplar de Paradiso bajo el brazo y aquel hombre flaco bastante alto, negro y con collares verdes y blancos me arrebató el libro.

Eran los años en los que todavía ser gay podía costar kilogramos de piedras sobre el tejado, como le sucedió a Nene Popota, un valiente, homosexual de El Cristo, a quien los estudiantes lapidaban por su irreductible homosexualidad.

  • Niño, ¿Qué tú haces leyendo esto? Preguntó con voz de loca en arrebato
  • Lo leo, riposté, ¿qué otra cosa iba a hacer?
  • Ay, un guajiro leyendo a Lezamaaaaa, acentuó el tono, se pasó la lengua por los labios y se fue al clásico capítulo 8.

Virgilio tenía eso a su cargo, no lo ocultó ¿para qué?, como no ocultó jamás su pasión por la literatura, la música o el cine. Hace unos meses nos encontramos y había vuelto a ver por quinta vez la película sobre Freddie Mercury “No es maricona, es una película que me deja ver a Fredy con toda su alma”. Lo miré con sospecha: “Ni cojones”, me dijo, “ta bueno y  si no te gusta , jódete”.

Así fue siempre, no lo ocultaba, su mirada de tigre hambriento iba delante. La palabrota si hacía falta a la par, pero en todo un amor por el arte insustituible. Virgilio dirigía y escuchaba a Béla Bartók, regañaba a sus locutores y en las noches se leía a Lydia Cabrera, a Thomas Mann, amaba a Bebo Valdés y al Cigala.

La segunda vez que vi a Virgilí fue el Instituto Superior Pedagógico Frank País. Alfredo Mojena y yo escribíamos canciones, toda una vorágine, lo mismo lo hacíamos temas  para un dúo, un grupo de rock que un cuarteto vocal, Virgilí lo supo y fue a buscarnos, hablamos y en pocos días nos llevó a un estudio y grabamos cuatro temas, desafortunadamente los perdimos, igual era la primera vez que se grababa mi música, luego ya fue común encontrarnos.

Finalmente trabajamos juntos en Ruta Musical una larga revista de Radio mambí junto a Kenia Campuzano y de ahí a Sonido SM donde fundamos el programa Cable a Tierra y ya era mi amigo Virgilí con su collares, sus libros, los discos de estreno, los Festivales del Caribe y Vanito Brown , William Vivanco, Rubén Lester, Felipón , Adriana Asseff, Santiago Feliú, Los Papines, NG La Banda, Síntesis. Toda la música en su radio, en su vida

La última vez que vi a Virgilí, me regañò porque me decía que había que estar con las reglas, discutimos, le dije que no se hacía radio con burocratismos, me dio la razón pero me dio una palmada en la espalda, me miró a los ojos y me dijo “Mijo, tú sabes, tú sabes”… y si que entendí, este hombre valiente tuvo que  franquear muchos muros, quizás por eso decía tantas palabrotas, al final trepó a las murallas y dejó ver su cuerpo y su valor.

Esa misma vez, la última en que nos vimos le recordé que nunca me había devuelto un ,libro que le presté, un texto de Abilio Estévez. Ya no me lo va a devolver. Murió Salvador Virgilí, me dicen que llegó a su radio y luego no sabía irse a casa, como si su casa fuera CMKC.

Hay radialistas así de apasionados. Ahora que sé no voy a volver a verlo, que no me va a llanzar su mirada de tigre, en su negritud, su homosexualidad, su talento. Sólo me queda cuánto me enseñó, las discusiones, los abrazos y le digo como lo que es, un maestro, lo mismo que diría Estevez: “Virgilio, Tuyo es el reino”.

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Author: Rogelio Ramos Domínguez

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