Carlos Varela se da el lujo del octosílabo, y rima hermosamente. A mí me da que se repite, se cita a sí mismo y vuelve a repetirse, a repetirse, a… sin embargo,  hay una suerte de nicho que lo hace bastante único porque dijo, o le dejaron decir, lo que aquí nadie ha podido decirte (al menos con rabia elegante).

En El grito mudo el bardo sigue en  la polisemia , sin embargo abre más el diapasón, su colimador deja a ratos la isla,  se atreve a cantarle a California en un tema que se me antoja va a ponerse bastante en la radio y vuelve sobre la soledad, los que dejan la isla o se la llevan en la cabeza; una muchacha se suicida acorralada por el  bullying, el amor otra vez , ese Origami … y Varela vuelve a nosotros revisitándose solo volando, cerca , muy cerca…

Yo tuve un desamor con Varela, cuando se puso de negro y me parecía en pose siempre, antes le había amado con un desespero más hambriento que el imposible, cuando en los Llanos de Maceira, desatendido por el país pedí también meter la mano en el carcaj y lanzar, coño, aquella flecha.

En esta isla, los Generación X o Y, le debemos eso a Carlos Varela, nos revelamos contra los ¨pobres¨ profesores de marxismo que tenían que explicar por qué era feo un pantalón Gloria Vanderbilt, por qué Madonna era una idiota escandalosa y Michael Jackson una desafinación ideológica.

Carlos Varela nos arreglò algún tono pero yo no querìa estar tan triste, ni escuchar a Matamoros desde lejos, luego me ¿obligó? a gritar como los peces, a darme cuenta otra vez de que Tristan  Tzara jugaba ajedrez con Lenin, en fin con todo eso se ha quedado Carlos Varela en muchos de nosotros y ahora reaparece con este grito que sì escucho y me gusta aun con la sensaciòn de que ya pasò una vez.

Debe ser porque  es un imprescindible; no importa si va narrado por Benicio del Toro, mentido por Wendy Guerra, abrazado por Diana Fuentes bajo la mirada de Eduardo Cabra, negado y bendecido, odiado y amado;  Varela es imprescindible, y ahì va con la mano que Silvio le levanta, cantando La Felicidad y Milanés le hace la segunda. Varela, quiéralo o no se quedó en nosotros aunque nos hayan mentido hace mucho tiempo hombres con poder y gloria.

Carlos Varela y yo no siempre coincidimos, no siempre su discurso y mi vida van a la par, es imposible, pero sus discos siguen entre los que repito, y mira que lo escuché en casetes OR WO, en discos de vinilo, en compacts discs . Ahora lo descarguè de  la red y bajé cada track y sí, me parece un disco donde Varela se repite, se cita, se repite, pero que voy a escuchar y agradecer.

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Author: Rogelio Ramos Domínguez

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